Nek Romero muestra su proyección en Sevilla

El novillero de Algemesí, que tomará la alternativa en octubre, gusta en su debut en la Maestranza

Nek Romero, novillero de Algemesí, dibuja en bonito natural en Sevilla.

Nek Romero, novillero de Algemesí, dibuja en bonito natural en Sevilla. / Levante-EMV

Jaime Roch

Jaime Roch

Nek Romero mostró su buena proyección este jueves en la primera novillada nocturna que supuso su debut en la plaza de la Maestranza de Sevilla. Eso sí, el festejo estuvo marcado por la mansedumbre del encierro debutante de Chamaco.

El joven novillero de Algemesí se encontró con un novillo abanto y suelto en la lidia que iba a llegar muy agotado a la muleta. Pero fue aquí donde Nek mostró sus buenas maneras, sentido del temple y hasta personalidad, administrando una embestida bonancible, pero falta de brío en una faena que, al menos, sirvió para mostrar su proyección. Toreó con verticalidad y gusto en series a la diestra y le echó bien los vuelos al natural.

Saludó al cuarto con una portagayola que iba a resultar fallida. El utrero, berreón, iba a enseñar genio en el caballo y se iba a poner a la defensiva en banderillas.

Nek Romero, que brindó a Cristina Sánchez, iba a andar sobradísimo, muy por encima de las goteras de un enemigo que iba y venía en la inercia de su propia mansedumbre.

Nek Romero brindó a Cristina Sánchez

Nek Romero brindó a Cristina Sánchez / Levante-EMV

Por su parte, Tomás Bastos, un portugués forjado en la cantera pacense, se iba a encontrar un segundo muy corretón al que acabaría parando con dos verónicas de buen dibujo. El animal mantuvo ese aire rajado pero iba a desplazarse inicialmente en la muleta de Bastos, que se mostró solvente, resolutivo y un punto despegado hasta que el bicho, manso absoluto, dijo basta. Lo mató pronto y bien.

El quinto tampoco se iba a librar del la mansedumbre, denominador común del encierro de Chamaco. Bastos, como ya había hecho con el segundo, banderilleó sin apreturas antes de comprobar que la falsa movilidad del novillo, descompuesta y sin entrega, no era apta para ninguna floritura.

Finalmente, Martín Morilla, hijo del escultor Manuel Martín Nieto y nieto de Manolo Morilla, descubridor de Jesulín de Ubrique -actual apoderado del novillero de Morón- iba a pechar con un tercero que mantuvo el aire mansote del encierro. Pero el novillero, a pesar de su entrega, iba a quedar inédito ante las asperezas de un animal descompuesto, deslucido y ayuno de cualquier clase. El sexto frenó como un buey de rodeo en el capote de Martín Morilla.

La novillada, metida en la noche, ya pesaba sin remedio pero el joven novillero de Morón, que brindó a Jesulín, se entregó con sinceridad en un trasteo asentado y espatarrado en el que llegó a trazar naturales de enorme cadencia que fueron el grueso de una notable faena, premiada con una oreja, que palió el desastre.

La ficha del festejo

Se han lidiado seis utreros de Chamaco, bien presentados y de común fondo manso. El primero resultó blando, soso y noble; manso total el segundo; muy deslucido el tercero; manso y geniudo el cuarto; desrazado el quinto y algo más potable el sexto Nek Romero, de verde billar y oro, ovación tras aviso y silencio tras aviso Tomás Bastos, de rosa y oro, vuelta tras floja petición y silencio Martín Morilla, de obispo y oro, silencio y oreja La plaza registró algo menos de media entrada en tarde noche de agradable temperatura. 

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