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Feria de Fallas

Mario Vilau, el torero que necesita Cataluña para recuperar los toros

El joven nacido en l’Hospitalet de Llobregat ofrece una tarde seria en su debut en València dentro de una mala novillada de Guadajira que sustituía a la reseñada de Talavante

Marco Polope, de Torrent, dejó buen sabor entre los aficionados por sus maneras

Mario Vilau, nuevo novillero catalán que ofreció una tarde llena de ambición y convenció a la parroquia valenciana.

Mario Vilau, nuevo novillero catalán que ofreció una tarde llena de ambición y convenció a la parroquia valenciana. / Levante-EMV

Jaime Roch

Jaime Roch

València

"¡Visca Catalunya!", apuntaban desde el tendido de la plaza de toros de València tras ver torear a Mario Vilau, novillero de apenas 19 años nacido en l'Hospitalet de Llobregat y criado taurinamente en la Escuela Taurina de Cataluña.

Sí, Cataluña tiene escuela de toreros y los hay muy buenos pese a que la tauromaquia está prohibida -de manera inconstitucional- desde el 2011. De hecho, una legión de vecinos catalanes acudieron al coso de la calle Xàtiva para ver a este nuevo Vilau que encandila a la afición, incluso hasta Serafín Marín, otro matador de nacido en Montcada i Reixac, acudió a València para verle.

Guadajira, mala novillada

Su lote, como el resto de la novillada de Guadajira que sustituía a la reseñada de Talavante que no había pasado el reconocimiento por la falta de remate debido a «la climatología adversa de las últimas semanas» -según explicaciones de la empresa- no ayudó nada. Y, todo hay que decirlo, propició un festejo apenas sin historia. Pero Vilau sí que embistió, la prueba es cómo acabó su vestido, absolutamente todo manchado tras sus arrimones, prueba de su tarde de entrega.

Su primero fue muy noble pero muy soso, y el otro más o menos igual, sólo que duró algo más. Sin concesiones a la galería, y sin una sonrisa de más, Mario Vilau se dedicó a torear muy seriamente.

En su primero dio una vuelta al ruedo tras escaparse el triunfo con la espada. A base de suavidad y temple, y logrando que le enganchara muy pocas veces el engaño, el torero catalán fue limando los defectos del ejemplar y metiéndole en la muleta. Buena faena por las limitaciones del toro y buena también por su excelente contenido técnico, además de mostrar también una voluntad encomiable por agradar en todo momento, con cierto arrebato tanto con el inicio de rodillas, tanto en las tres porta gayola que realizó en los tres novillos que saludó y por los terrenos que pisó a final de faena. En su segundo también se mostró ganas por no dejarse ganar la pelea, y fue su actitud de novillero entregado la que se impuso en otra faena plena de decisión.

Emiliano Osornio, joven mexicano con extraordinarias maneras

Emiliano Osornio, joven mexicano con extraordinarias maneras / Levante-EMV

Osornio, lo más torero

Lo más torero de la tarde lo realizó Emiliano Osornio, joven mexicano con extraordinarias maneras. Sus derechazos en los dos novillos y las formas de entrar a matar marcaron la diferencia. Muy fácil siempre, ligando perfectamente el toreo, compuso dos trasteos largos y vistosos sin apenas oponentes. El maestro Curro Vázquez, una especie de abanderado poético de la pureza del toreo que él mismo demostró en el histórico festival del 12-O, lo acompañaba ahora en el callejón. El maestro es uno de los más consumados portaestandartes del toreo clásico y eso, en su nuevo pupilo, se nota.

El valenciano Marco Polope, que también se presentaba con picadores en su plaza, dio una vuelta al ruedo en el sexto. Otro diestro espigado que buscó el toreo clásico en todo momento y que, sin tener apenas oponente, dejó buen sabor por sus maneras. También manejó bien el acero.

A su primero le endilgó un ramillete de verónicas cadenciosas y, en la muleta, cuando mejor se colocó, vinieron los mejores pasajes por el pitón izquierdo.

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