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Feria de Fallas

El Inclusero, la locura del toreo: "Siento que debo volver a torear, nunca me retiré"

El maestro afincado en Alicante cumple sesenta años de su alternativa, celebrada el día de San José de manos de Antonio Ordóñez y con el toro 'Jovenzuelo' del Marqués de Domecq: "Me he propuesto para estar en la próxima Feria de Hogueras"

El maestro Gregorio Tébar Pérez, 'El Inclusero', en la plaza de toros de Alicante, tras la entrevista

El maestro Gregorio Tébar Pérez, 'El Inclusero', en la plaza de toros de Alicante, tras la entrevista / R. Peris

Jaime Roch

Jaime Roch

València

El maestro Gregorio Tébar Pérez, ‘El Inclusero’ está para reaparecer en la frontera de sus 80 años. De hecho, él nunca se cortó la coleta y ya sueña con volver a torear en la próxima Feria de las Hogueras de Alicante. Ahora, me encuentro con un hombre sencillo y bueno, con una sensibilidad exquisita que se estremece a la menor violencia o discordancia. Los sentimientos más delicados, finos y nobles de su corazón se han amortiguado con los años y no le tiembla el pulso para contar su verdad torera, que se suspende como un vértigo tanto en su palabra como en su capote. Una verdad, llena de inmensa pureza fulgente, que su madre ya aventuró con tan solo cuatro años: «Mi hijo va a ser torero», decía pese a que nunca le vio torear.

Maestro, 60 años de alternativa… ¿cómo recuerda ese día?

Esa mañana la empecé en misa por mediación de un amigo, Eduardo Catalán Barajas, aunque yo no soy muy creyente. Lo primero que recuerdo es que me correspondió, para vestirme de torero, la suite que había ocupado Lola Flores después de actuar en València el día anterior y tuve que entrar después de la comida porque aquello estaba patas arriba.

¿Y la tarde?

Cumplí un sueño. Recuerdo que hice un quite por chicuelinas que encajó muy bien con la gente. La corrida de toros era del Marqués de Domecq y, a mi toro de la alternativa, le formé una buena con el capote porque en el tendido se escuchó una voz, lógicamente, de un hombre que no era muy aficionado porque dijo: «Qué bien torea Antonio Ordóñez con el capote» y era yo. Me quedé sorprendido.

¿Qué le dijo Antonio Ordóñez?

En el patio de caballos recuerdo hablar con él y me preguntaba si la plaza se iba a llenar… porque iba a un tanto por ciento por el ‘No hay billetes’. En la ceremonia, me dijo que me deseaba que, por lo menos, se cumpliera la mitad de toda esa idea de ser importante en el toreo que yo llevaba en la cabeza.

Salió en hombros…

Sí, pero con la espada estuve mal, igual que el maestro Ordóñez, pero él se tuvo que marchar de la plaza caminando. Como a mí también vino a verme mucha gente, me sacaron por la puerta grande sin cortar el doble trofeo.

¿Qué es lo que más le llamaba la atención de Antonio Ordóñez?

Lo reunía todo… Él, en sí mismo, era una escultura. Era un maestro del toreo auténtico, tenía pureza, quietud, cintura, colocación... Ordóñez era como Rafael de Paula, un fogonazo de segundos frente al toro que se hacían eternos en la retina.

De joven, ¿cuáles eran sus toreros de referencia?

Conviví mucho con Curro Ortuño, el torero más puro que ha dado Alicante. De tapia, he visto a grandísimos toreros en tentaderos. Por ejemplo, a Pepe Luis Vázquez, que fue mi ídolo... También a Domingo Ortega, Manolo Escudero y Antonio Bienvenida. Y me hubiese gustado ver a Manuel Jiménez ‘Chicuelo’.

¿En qué se fijaba?

En la profundidad y en la verdad que tenían. Esa es mi escuela, de ahí vengo y es de lo que me impregné de niño. Ahí aprendí que tenía la obligación de torear, de llevar al toro, colabore o no.

Hábleme de Pepe Luis Vázquez.

Era la naturalidad personificada, como la propia vida. Era tan bello toreando que paraba los relojes. Y tan de mayor que lo vi, solo en el campo, pero me quedaba asombrado como también me pasó con Domingo Ortega porque era alucinante como dominaba a las vacas y, en su tiempo, también se lo hacía a los toros.

El maestro Gregorio Tébar Pérez 'El Inclusero' durante la entrevista en la plaza de toros de Alicante

El maestro Gregorio Tébar Pérez 'El Inclusero' durante la entrevista en la plaza de toros de Alicante / R.Peris

Defíname esa naturalidad…

Era única, todos la han querido imitar… No es estar pendiente de cómo ponerse delante del toro, ni de la relajación… debe de fluir y no lo que hacen muchos ahora que es guardar la tripa, eso no es la naturalidad.

¿Domingo Ortega es el mayor dominador que ha visto?

Junto a don Joaquín Bernadó, lo demostraron en toda su carrera y con cualquier tipo de toro. Nunca renunciaron a ninguna ganadería, eso lo dice todo.

Usted fue un grandioso capotero…

Precisamente me fijé en mi padrino, Antonio Ordóñez. Echaba el capote adelante, muy bien colocado y espatarrado, con ese estilo rondeño que él impuso. Creo que con el capote, hay que buscar dentro del tamaño de nuestro cuerpo, lo bonito, lo bien hecho y lo personal. Y luego también me empapé de esa naturalidad de Pepe Luis Vázquez.

¿Y Manolo Escudero?

En lo que es ahora Hernández Pla, me gané su respeto tras cuajar una becerra con el capote. Era una maravilla verlo torear con el capote tan hondo...

¿Por qué le llaman ‘El Inclusero’?

Me lo puso Pepe Manzanares y nada tiene que ver con la canción de Juanito Valderrama. Al principio, me anunciaba Gregorio Tébar ‘El Cobijano’ porque admiraba a Antonio González ‘Cobijano’ por las fotos que había visto en revistas antiguas. De hecho, de niño fui a buscarlo al kiosco en el que trabajaba en València. Cuando mi padre vio anunciado lo de ‘El Inclusero’ no le gustó mucho.

Pepe Manzanares fue su descubridor.

Sí, y también fui el ídolo de su hijo. José María Manzanares lo decía mucho en América y cuando yo iba, me enteraba, aunque aquí no quisiera que toreásemos juntos.

¿Por qué?

Porque era el único que le molestaba en Alicante y era mejor que estuviera sentado en el tendido.

La relación con Pepe, su padre, ¿cómo surgió?

Mi mozo de espadas, José Luis, me llevó al club taurino de Alicante y ahí lo conocí, cuando era niño y estaba estudiando por la noche y, por el día, trabajando como ayudante de la construcción. De él fue la idea también de la publicidad: «Cada tarde, un vestido nuevo».

¿Qué le aportó?

Ha sido uno de los taurinos más importantes de España y un gran catador de buenos toreros porque tenía un gusto y un conocimiento bárbaros. De él aprendí el camino de lo puro, de lo auténtico.

¿Qué es la pureza?

La pureza es jugarse la vida, no engañar. Que no exista ninguna falsedad porque si la hay, en esta profesión y en la que me pongas, todo se embrutece.

¿Qué toreros puros le gustan de hoy?

Creo que Diego Urdiales es el más puro por la colocación que tiene delante de los toros. ¿Qué pasa, que es de la Rioja? Pero tiene esos aires del sur y debería torear mucho más.

¿Y Morante?

Me gustaría que toreara más con Urdiales, por ejemplo. Pero también es de los pocos toreros que me llenan en la actualidad junto a Uceda Leal, la escuela madrileña.

Una extraordinaria verónica del maestro Gregorio Tébar 'El Inclusero' en Las Ventas

Una extraordinaria verónica del maestro Gregorio Tébar 'El Inclusero' en Las Ventas / Levante-EMV

¿Dónde nace su vocación por el toreo?

En las capeas, con las vacas de los pueblos, que estaban todas toreadas. Nací en Albacete, llegué a Alicante con cuatro años, antes viví en Xirivella y en Alcúdia (Mallorca) porque mi padre era camionero. Me iba a Tibi, Sagunt y demás pueblos y sitios lejos como Calahorra y llegaba a mi casa lleno de heridas y mi madre me las curaba.

Su madre sabía que iba a ser torero.

De niño pegaba pases con las toallas en casa y, siempre lo he dicho, fui torero por mi madre porque ella lo decía. Al año de morir ella, debuté en Alicante de becerrista, con 15 años. Mi gran pena es que no me vio torear.

¿La ilusión por torear sigue viva?

Me he propuesto para torear en la próxima Feria de Hogueras. Me encuentro preparado, sigo entrenando y no puedo exigir dos toros, pero sí uno, para abrir plaza, como hacen los rejoneadores, por ejemplo, por delante de Morante. Así lo siento, nunca me retiré. Sería un día precioso.

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