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Reaparición

Domingo de Resurrección y de revolución de Morante de la Puebla en Sevilla

El genio sevillano afronta su regreso en La Maestranza con una imagen renovada: ilusionado, más fino de hechuras y con una apreciable mejoría en el plano personal

Morante de la Puebla, tras una tarde de toros en año pasado en la plaza de toros de Sevilla.

Morante de la Puebla, tras una tarde de toros en año pasado en la plaza de toros de Sevilla. / Jose Manuel Vidal/EFE

Jaime Roch

Jaime Roch

València

El regreso de Morante de la Puebla podría valerse de lo que llamaríamos una piadosa desordenada paciencia para miles de aficionados, acumulada en el desarrollo temático toda una larga serie de sueños e ilusiones depositadas en el Domingo de Resurrección.

Así que la corrida de este domingo en la Maestranza deja de ser solo la apertura simbólica de la temporada sevillana para convertirse en un acontecimiento excepcional, en un día fervoroso de revolución: la reaparición de Morante de la Puebla después de una retirada que parecía ya definitiva tras cortarse la coleta en Las Ventas el pasado 12 de octubre, antes de salir por la puerta grande de Madrid, con un innegable desconsuelo por lo que acababa de ocurrir.

Su nueva imagen

El genio sevillano afronta su regreso con una imagen visiblemente renovada. Más fino de hechuras y con una mejoría en el plano personal tras haber dejado atrás parte de la medicación relacionada con su trastorno disociativo, una enfermedad que él mismo ha descrito como compleja, difícil de explicar y marcada por el sufrimiento.

Pese a la dureza del proceso, su vuelta a los ruedos no solo supone un reto, sino también un paso significativo en su recuperación, con la decisión tomada desde el fondo de su respectiva personalidad, a través de lo que maquina y medita su mente, en la que aparecen luces que alimentan sus sueños cumplidos e iluminan el rumbo de los que le quedan todavía por cumplir dentro de los ruedos, a sus 46 años y al lado de Pedro Jorge Marqués, apoderado y mano derecha.

La decisión de volver, sin embargo, se sitúa al margen de cualquier cálculo o conveniencia, ajena incluso a los supuestos imperativos categóricos del tiempo que suelen marcar el destino de una retirada. Tras el gesto definitivo de cortarse la coleta, su regreso no responde a la lógica habitual del toreo, sino a una pulsión más íntima y difícil de explicar que no cabría ni cuestionar.

El torero Morante sale por la puerta grande de Madrid el pasado 12 de octubre

El torero Morante sale por la puerta grande de Madrid el pasado 12 de octubre / Borja Sánchez-Trillo/EFE

Son unos anhelos que demuestran su amor por el toreo, sin que acaso llegue a presumir de ellos. Entes de ficción todavía que llenarán sus andanzas futuras en los ruedos, con fechas que incluso el propio Morante desconoce debido a la gran cantidad de compromisos que ha adquirido en las últimas semanas.

En definitiva, Morante vuelve porque el pálpito del toreo todavía le rebulle en los entresijos de su alma y los sueños toreros se le ilumina en su memoria, mientras la emanación de su delicada leyenda iba surgiendo el año pasado, en la frontera de su retirada, relumbre definitivo de su legendaria maestría.

¿Dónde termina la ensoñación y empieza la realidad? Se preguntarán los asistentes a la corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla, en una tarde de enorme carga simbólica junto a Andrés Roca Rey y David de Miranda frente a los toros de Garcigrande.

¿Cómo reaparece?

Ahora queda por comprobar de qué manera reaparece, si es que puede haber lugar a las dudas, si mantiene esa forma de pasarse los toros tan por dentro y con esa verdad con la que sorprendió el año pasado tan histórico ya. Está por ver si conserva intacto ese compromiso radical con el toreo, esa obsesión por hacerlo todo despacio, con un temple casi milimétrico alrededor de la cintura, gobernando los vuelos con una suavidad excepcional… el embroque, el giro y el pulso de las muñecas con una precisión casi inverosímil en la palma de la mano y las puntas de los dedos. Y sin olvidar aquellos tambores de guerra con Andrés Roca Rey, las dos máximas figuras actuales.

Su vuelta, que parecía demorarse este invierno, ensimismarse deliberadamente en los lamentos de la afición, se sitúa en una de las cimas de la temporada debido a la centralidad absoluta de Morante en el toreo actual.

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