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Lo que sabemos y no sabíamos del coronavirus

Parece que ha pasado un mundo, pero hace solo ocho meses desde que el SARS-CoV-2 dio la cara en la lejana Wuhan. Desde entonces y forzados por una crisis sanitaria sin precedentes, la comunidad científica ha establecido algunas certidumbres sobre cómo se comporta el coronavirus y cómo manejar la enfermedad que provoca, la covid-19. Se sabe mucho más de lo que se sabía pero las dudas aún por resolver también son muchas.

Un sanitario atendiendo a un enfermo covid-19 en el HOspital General de València.

Ocho meses han pasado desde aquel 31 de diciembre de 2019 en el que Wuhan alertaba sobre una treintena de pacientes que habían desarrollado neumonías desconocidas tras estar expuestos a un mercado de animales vivos. Desde entonces, la pandemia del SARS-CoV-2 ha mostrado lo vulnerable que sigue siendo el ser humano, pese a todo, y ha llevado al mundo a una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes. En solo 243 días la comunidad científica ha podido extraer algunas evidencias y trabaja a contrarreloj para lograr varias vacunas viables. Sin embargo, aún tendrán que pasar muchos meses para terminar de conocer la enfermedad. Por el momento, esto es lo que sabemos.

Genética del sars-cov-2

Una identificación rápida

Quizá no estaríamos donde estamos ahora mismo si los científicos no hubieran contado desde un primer momento con la secuenciación del genoma del virus. El 10 de enero ya habían «destripado» el virus y la foto fija del genoma se compartió. Era un coronavirus y lo bautizaron como SARS-CoV-2. Con esta información en la mano, se pudo rastrear su origen, confirmar cuál era su forma de transmisión y empezar a trabajar en una vacuna. «Desde entonces lo que no sabemos del virus, realmente, es poca cosa», asegura Fernando González Candelas, catedrático de Genética de la Universitat de València e investigador en el Instituto de Biología Integrativa de Sistemas (I2SysBio) del CSIC-Universitat de València. Partiendo de ese trabajo inicial -que dejaba claro que el virus era ‘natural’ y no una creación en laboratorio-, los investigadores ya han hecho «más de 80.000 secuencias del virus de todo el mundo». De hecho, el I2SysBio del CSIC en València fue de los primeros laboratorios en hacer un análisis de las diferentes cepas del virus que, en aquel mes de marzo circulaban en la ciudad, la mayoría procedentes de Italia. Con esta información, actualmente se puede hacer seguimiento de los brotes e «identificar sus fuentes utilizando información genómica como apoyo».

Gracias a esas secuenciaciones genómicas se está conociendo más el comportamiento del virus, su capacidad de mutar, la frecuencia con que lo hace y si esas mutaciones podrían tener un impacto mayor al convertirse en un virus más contagioso o más letal. «El virus sigue mutando pero otra cosa es que esa mutación lo haga algo más virulento o letal. Ahora sabemos que las mutaciones que ha tenido no llevan asociados cambios en sus propiedades o, al menos, no son relevantes desde el punto de vista epidemiológico o clínico», añade González Candelas, lo que es una buena noticia al menos para el desarrollo de las vacunas. En los virus que mutan con mucha facilidad y alteran sus propiedades como en el de la gripe, las vacunas se deben «reformular» año tras año para hacerlas más eficientes y si se diseñan con demasiado tiempo de antelación siempre cabe la posibilidad de que, ese año, la efectividad de la vacuna sea algo más baja.

Transmisión

Evidencias aún en discusión

Sabiendo que era un coronavirus, desde el principio se tuvo claro que se transmitía como el resto, por las pequeñas gotas de saliva que expulsamos al hablar, toser o estornudar. Eso facilitó dictar pronto unas mínimas medidas de protección: distancia de seguridad e higiene de manos principalmente. A partir de ahí, en estos meses se está descubriendo que el SARS-CoV-2 tiene mayor capacidad de infección de lo que se pensaba por vía aérea. «Ya hay trabajos que demuestran la presencia de microgotículas en el aire en espacios cerrados y eso es un elemento para que haya transmisión aérea en ciertos momentos y con determinadas características», reconoce Amós García Rojas, médico epidemiólogo y jefe de Epidemiología de la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Canarias. Así, a día de hoy, hay trabajos publicados que apuntan a transmisión en ambientes cerrados o mal ventilados o con muchos gritos pese a la distancia de seguridad. Conforme la pandemia se expandía por el mundo se estableció que también podía haber transmisión por superficies contaminadas, «de ahí que se insista en el lavado de manos». Y también se ha avanzado mucho en cómo una persona es capaz de contagiar a otros.

Ahora sabemos que hay «supercontagiadores» con una capacidad más alta de infectar a personas que otros y que, por ejemplo, los positivos que no desarrollan síntomas también son capaces de infectar, algo que no estuvo claro durante meses «y de ahí que se terminara de instaurar la medida de usar la mascarilla de forma generalizada porque pensábamos que los asintomáticos no jugaban un papel relevante en la transmisión». Donde se ha avanzado pero todavía quedan muchas preguntas es en el campo de la inmunidad que genera cada paciente de la covid-19 tras pasar la enfermedad. «No se sabe exactamente la duración de esta inmunidad. Es lógica esta incertidumbre porque la historia del SARS-CoV-2 es reciente y es difícil evaluarlo en un periodo tan corto», reconoce el epidemiólogo. También se sigue investigando sobre la inmunidad cruzada que podrían generar otros coronavirus -como algunos que provocan resfriados-. «Aún no hay evidencia sólida al respecto», insiste García Rojas, así como sobre la posibilidad de reinfectarse. Actualmente acaban de notificarse tres casos aislados en Hong Kong, Holanda y Bélgica.

Eso sí, lo que ha quedado claro, en contra de lo que se pensaba hace solo unos meses, es que las altas temperaturas no han atenuado al virus como sucede con otros patógenos respiratorios. «La realidad nos ha demostrado que no ha sucedido así», reconoce el epidemiólogo.

Tratamiento de la covid-19

Buscando alternativas

Aunque quedan todavía «muchas cosas por descubrir», los neumólogos, intensivistas e internistas de los hospitales sí afrontan ahora el cara a cara con la covid-19 «con más seguridad», asegura Rosario Menéndez, neumóloga del Hospital de La Fe y miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). «Tenemos una organización previa que facilita mucho las cosas , conocemos mejor la enfermedad, los factores que llevan a alguien a empeorar y qué tratamientos nos pueden ayudar... nos gustaría tener más antivirales pero lo que tenemos sabemos cuándo utilizarlo», resume la neumóloga. En los hospitales ha ido cambiando en estos meses el abordaje farmacológico de la covid-19 conforme las evidencias científicas se han puesto sobre la mesa. Al principio, a falta de un tratamiento contra un virus que era nuevo, se echó mano de fármacos ya en el mercado «y que potencialmente nos podían ayudar». En ese primer momento se recurrió a tratamientos para luchar contra el virus como algunos antirretrovirales que se habían usado contra el VIH: el remdesivir, desarrollado contra el ébola, además de la hidroxicloroquina -que se utilizaba para la malaria- para aminorar la inflamación que provocaba la enfermedad por una respuesta exagerada del sistema inmunológico.

«Ahora ya está demostrado que la hidroxicloroquina no era eficaz y los antirretrovirales tampoco han salido bien parados», señala la neumóloga. Desde entonces se utiliza solo el remdesivir para ciertos cuadros de neumonía con insuficiencia respiratoria y fármacos llamados inmunomoduladores como corticoides que ayudan a reducir la inflamación que genera la enfermedad. Además, se trabaja en buscar marcadores que puedan advertir sobre qué pacientes van a tener una peor evolución, «como una caída de linfocitos al inicio». Por otra parte, se ha establecido ya que el 25 o 30 % de los pacientes más graves tienen alto riesgo de desarrollar tromboembolismos pulmonares, «de ahí que se dé un tratamiento profiláctico con heparina».

Tras ocho meses de lucha contra la enfermedad, también ha dado tiempo a ver las secuelas que deja la covid-19. «En marzo ni China lo sabía, pero ya hemos observado que al menos a uno de cada cuatro pacientes hospitalizados le queda un daño funcional respiratorio que esperamos que se pueda recuperar y se han visto daños neurológicos. Habrá que ver la evolución». Lo que todavía se desconoce, apunta la neumóloga, son los factores genéticos por los que hay pacientes que aún siendo jóvenes y sin otros problemas de base tienen una respuesta excesiva al virus y la enfermedad se desarrolla de forma agresiva.

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