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El turismo que nos queda

Cinco actores del sector reflexionan sobre los cambios que trae la pandemia a una actividad de la que pende casi el 15 % del PIB valenciano y el sustento de decenas de miles de familias. Un turismo sin aglomeraciones, con multioferta, digitalizado al extremo y con muchos más protocolos de seguridad. El turismo del futuro.

Control de temperatura en la llegada de pasajeros internacionales en el aeropuerto de València.

Control de temperatura en la llegada de pasajeros internacionales en el aeropuerto de València.

La incertidumbre, esa clave que atraviesa con mayor o menor intensidad gran parte de la actividad económica, se ha apoderado del sector turístico. En los grandes destinos vacacionales, como Benidorm, que no saben qué ocurrirá con los mayores del Imserso, ni con las restricciones de sus principales mercados; o València, asentada como ciudad de moda europea, que mira con recelo a la menguante conectividad aérea internacional, castigada por los bajísimos índices de ocupación. El ocio y la hostelería, por su parte, ya no leen comandas sino protocolos en el BOE, que los señalan como escenarios de rebrotes. Pero las dudas van más allá de lo inmediato: ¿cambiará la forma de hacer turismo? ¿Las preferencias del consumidor? ¿Se llevará la crisis sanitaria por delante modelos turísticos forjados durante décadas y que alimentan las arcas públicas y a cientos de miles de familias?

Alberto Galloso, consultor empresarial especializado en el sector, prevé un futuro de cambios. «La primera premisa es que el protocolo covid ya se va a incorporar como obligatorio, no será un valor añadido», señala el director de Soluciones Turísticas. Y esto, en un contexto en que todos los destinos van a prometer seguridad, traslada el desafío de la empresa al Estado. «El problema va a ser cómo evoluciona el territorio donde estás. Las empresas en España trabajan bien el protocolo pero como los casos crecen, los turistas no vienen. No es el sector, es el país. España debe trabajar en mejorar la crisis sanitaria; y también cómo lo comunica», alerta. Esto, al parecer, ha sido un primer fracaso este verano, señala Galloso. Una especie de crisis de reputación: «Los datos de Reino Unido eran peores pero hemos evidenciado que la cosa está mal. Nos han señalado», lamenta.

A pie de playa, la secretaria general de la patronal hotelera de la C. Valenciana (Hosbec), Nuria Montes, coincide desde Benidorm en que los cambios vividos este verano han venido para quedarse. «Tras los atentados del 11S aparecieron unos controles de seguridad exhaustivos que no han cambiado pese a que no ha habido más atentados. Y se han normalizado. Ocurrirá con el uso de la mascarilla, que ya es algo más en nuestra vida aunque no estuviéramos acostumbrados. La seguiremos usando en espacios cerrados. Aparecerá un turista más prudente, sobre todo senior, que evitará las masificaciones y las colas que hacíamos alegremente».

¿Es eso compatible con el espíritu mediterráneo, con una forma de sociabilidad que era un punto fuerte también a la hora de captar turistas? ¿Amenazará la mascarilla al sol y playa mediterráneo, integrado en la ciudad? «No creo que nuestra socialización sea una desventaja. Hemos dado muestras de que el turismo español se adapta. Quién iba a decir que el turismo, con esa imagen, fuera a tener esta organización y seguridad. Va a ser una ordenación normalizada, que llevaremos a cabo sin darnos cuenta. El mercado te excluirá si vendes un producto masificado, como las grandes discotecas. Esto está destinado a extinguirse. Pero la gente volverá a viajar. Ya es una necesidad humana básica».

Eva Blasco, empresaria valenciana y referente en el mundo de las agencias de viaje, coincide en este punto: «Esto no deriva de una crisis de ningún modelo turístico. Es una crisis sanitaria que se convierte en un problema de movilidad. Veo con algo de extrañeza que la gente crea que si vas a un espacio verde no hay covid. Hay muchas zonas de turismo verde que están a rebosar. Más que una crisis que nos haga repensar los modelos hay una crisis global de movilidad». Y añade: «Una vez haya vacuna se irá recuperando la movilidad. Y habrá que replantearse algunas cosas. No creo que sea un fracaso del modelo sol y playa. Me resisto a pensar que nos quedaremos en nuestro entorno; el turismo bebe de la voluntad de vivir nuevas experiencias».

Coincidiendo en que no hay crisis de modelo, los expertos consultados sí reconocen que la actual situación va a obligar a introducir cambios. «Esto nos va a servir para darnos cuenta de que el turista quiere cada vez más valores añadidos. No solo la seguridad sino qué hacer, que haya costa pero también turismo activo, naturaleza... Esto nos empuja a trabajar más en la diversificación de productos y en cómo los relaciono», apunta Alberto Galloso sobre los retos de la nueva realidad. «El sol y playa de 15 días no desaparecerá pero habrá más del que está una semana y busque bodegas otra semana€ porque ahora solo podrás estar dos horas en playa».

En realidad, tanto el nuevo turista que reclama menor contacto como los destinos que necesitan visitantes con mayor voluntad de gasto obligan al sector a profundizar y acelerar estrategias en las que ya venía trabajando. En la pelea entre ciudades por captar un visitante menos numeroso, la idea de la sostenibilidad cobra fuerza: «Tiene que ver con la autenticidad del destino, el compromiso ambiental, la sostenibilidad social, la preservación de espacios ambientales, el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible€ Todo hace que resulte más atractivo, que me motive si trabaja con seriedad la huella de carbono€», ejemplifica Toni Bernabé, director la oficina municipal Visit València.

En la era recién inaugurada, el proceso de digitalización se antoja clave. «Cuanto más digitalizado estés más aumenta tu capacidad de comunicarte con el turista, de conocer lo que busca, sus hábitos e intereses, y eso ayuda al destino a ofrecerle lo que más le pueda interesar, las actividades y espacios que tiene a su disposición y, por lo tanto, llevarlo donde puede gastar más», explica el exdirector de Turespaña.

La gestión de los flujos de turistas a lo largo de un destino, con sensores, balizas, aplicaciones, etc. es otro de los aspectos que ocupa a la administración desde hace tiempo y que, ahora, de repente, se vuelve esencial en la era de la distancia social, donde evitar una cola o el uso de papel es un valor tangible. En clave de manejo de datos, Mario Villar, director de Inteligencia Turística de la Generalitat, lleva toda la pandemia dándole vueltas a los retos de la nueva realidad. «¿Qué nos puede ayudar a gestionar esto? La tecnología, la inteligencia artificial. Conocer en tiempo real la gente que hay en una playa, tener un sistema de reserva eficiente, saber si se puede aparcar para ir en coche o coger el transporte público, la toma de temperatura, un mecanismo para llegar al hotel con el check in realizado y que baste con identificarse... El procesamiento de datos y las aplicaciones, que pensaba que iban a morir, van a tener mucho que decir», concluye.

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