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Un "muladar" canino en un palacio del siglo XIV

Las sepulturas de los dos canes en el
 patio sur del palacio.En la fotografía 
inferior, la zona del alcázar. L-EMV

Las sepulturas de los dos canes en el patio sur del palacio.En la fotografía inferior, la zona del alcázar. L-EMV

El Palacio Vizcondal de Chelva no deja de dar sorpresas. La última de las seis excavaciones que se han llevado a cabo terminará el día 30 de noviembre y uno de los hallazgos más significativos ha sido un «muladar», un cementerio de animales que, en este caso, contiene dos sepulturas de dos perros en el patio interior de la posada, la zona sur del palacio, cuya estructura inicial data del siglo XII, cuando funcionaba como alcázar almohade y que funcionó como palacio hasta 1861. Fue entonces cuando un particular, Salvador Clavel, lo usó como vivienda particular y fundó una posada en una de las alas del inmueble.

Los restos de los canes hallados pertenecen a la segunda mitad del siglo XIX. Clavel, un destacado abogado y notario de la época, compró y transformó el antiguo palacio en su residencia. Eso requirió un buen número de obras de adaptación ya que las estructuras defensivas o el foso ya no tenían utilidad en una vivienda privada. Fue entonces cuando el patio sur del inmueble se convirtió en una hospedería, un servicio altamente reclamado en la época ya que Chelva se encuentra en el Camino Real que nacía en València y pasaba por Llíria, Chelva, Cuenca y hasta Madrid, entre otras localidades.

Una arqueóloga limpia una de las dos sepulturas encontradas a 70 centímetros de profundidad. l-emv

La posada fue regentada por trabajadores al mando de Clavel y según los arqueólogos, capitaneados por Juanjo Ruiz, los canes debían ser de su propiedad. «Se trata de dos animales que debían ser de los dueños de la posada. Son de tamaño mediano, entre 8 y 10 kilos, uno de ellos es más viejo que el otro y según hemos podido analizar, son podencos de la zona de La Serranía, que son más pequeños que los ejemplares normales de esa raza», explica Ruiz. Según el arqueólogo, él y su equipo está convencido de que tenían en alta estima a estos animales por el cuidado con el que fueron dispuestos los cuerpos sobre la tierra y la sepultura que les dieron.

Han sido encontrados a una profundidad de 70 centímetros respecto la cota actual sobre la que trabajan, lo que les da la indicación del siglo al que pertenecen. Además, sospechan que además de regentar la hospedería debieron ser aficionados a la caza, tanto por la raza de los dos canes tradicionalmente usados para el rastreo y caza de presas- como por otros huesos encontrados entre los sedimentos del patio, entre ellos, de ciervos que pudieron ser apresados en la misma época.

Un «muladar»

Aunque la estructura que hoy se mantiene tiene sus orígenes en el alcázar almohade, según Ruiz «se han encontrado restos de un asentamiento íbero del siglo IV a.C.». Se encontraron en otra fase de la excavación y aparecieron restos de actividades artesanales, posiblemente relacionadas con la producción del vino. Después se construyó el alcázar y entre 1391 y 1861 funcionó como palacio, cuando se creó el vizcondado de Chelva. Hoy el edificio es propiedad de la Fundación María Antonia Clavel, la que fuera hija del comprador del inmueble y que sin herederos, destinó este edificio a ser una fundación. Con las ayudas al patrimonio de la Conselleria de Cultura se han desarrollado estas excavaciones: esta última ha abarcado 80 metros cuadrados.

Como el muladar, el equipo de Ruiz, integrado por 7 especialistas más entre topógrafos y restauradores, han encontrado el foso de la época islámica y un camino cubierto que servía para conectar una poterna del palacio con la ciudadela que data del siglo XVI. Además, en el mismo patio que el muladar se han encontrado 7 balas de la Guerra Civil, seis monedas (la mas antigua es un maravedí de Carlos III del siglo XVIII y abundantes restos de cerámica de Manises y Paterna del siglo XII.

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