Iván Hernández era un niño cuando su padre, mientras trabajaban en la Pedreira, le dijo que a pocos metros de allí había unas trincheras de la Guerra Civil olvidadas. Solo las conocían la gente mayor del pueblo, pero el desuso y el mal recuerdo habían provocado que nadie quisiera rescatarlas ni tan siquiera conservarlas. Cuando su padre falleció, Iván decidió ir a buscarlas él mismo: cogió su bici y comenzó a recorrer el monte para localizar los restos de la línea intermedia del frente en Los Serranos. Trincheras a cielo abierto que pasan por Titaguas, Tuéjar y Chelva y que gracias a este joven, hoy se han excavado y serán un atractivo para el turismo rural.

El proyecto de excavación comenzó el 2 de diciembre y se prolongará hasta el día 30. Se ha llevado a cabo gracias a una subvención de la Diputación de València para la Memoria Histórica que solicitó el Ayuntamiento de Titaguas. En total son 45 metros de trinchera a cielo abierto y 31 metros de refugio antiaéreo en forma de U, con dos salidas para no quedar atrapados. «El refugio también sirvió de polvorín», asegura Juanjo Ruiz, director de la excavación junto a Ricardo Cristal.

El arqueólogo explica que esta trinchera está dentro de la línea intermedia, donde nunca llegó el frente. A partir de marzo de 1938, cuando cae el frente de Aragón, el bando republicano decide levantar tres líneas defensivas alrededor de València. La primera de ellas fue la XYZ, la más lejana a la capital, que discurría desde Almenara, en la costa, hasta Santa Cruz de Moya, en Cuenca, con alta presencia de maquis. El ejército nacional nunca pudo atravesar esta resistencia y esta línea defensiva se convirtió en un éxito militar republicano.

La línea intermedia que hoy se excava era la de seguridad en caso de caer la XYZ. Comenzaba en el Túria y pasaba por Titaguas, Tuéjar, Chelva y en Andilla comunicaba con la primera línea defensiva. En caso de caer esta segunda barrera, todavía había una tercera, la línea de Puig-Carasols que discurría por Riba-roja, Llíria y Bétera.

El equipo de Ruiz y Cristal está llevando a cabo las excavaciones y han podido documentar dos abrigos, «casamatas», que se usaban para guarnecer a los soldados pero también para guardar algunos objetos como munición o latas de conservas. Aunque no hubo un gran despliegue de soldados en la zona, sí que fueron destinados algunos pero sin estar en primera línea de fuego. «Algunos tramos de las trincheras parece que se construyeron a correr prisa», asegura Ruiz. Esos resguardos se encuentran al norte de la excavación y al sur, que no se había localizado antes, han podido limpiar un puesto de tirador desde donde se divisaba y controlaba el Campo de Benacacita, bajo Titaguas, un llano que suponía un blanco fácil en caso de que el ejército franquista avanzara hasta allí.

Ahora, la subvención no solo se preocupa por descubrir la trinchera si no que también busca ponerla en valor. Se ha habilitado un sendero local y pronto se instalarán carteles informativos.