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Ángel López García-Molins: "Obstinarse en que una comunidad tiene una lengua propia es absurdo"

El viejo profesor de lengua llegó a la Universitat de València en 1978. Padre de la gramática liminar, acaba de publicar "Repensar España desde sus lenguas", una vuelta de tuerca 35 años después al ensayo premiado "El rumor de los desarraigados".

Ángel López García-Molins

Ángel López García-Molins

Una torre de Babel a sus espaldas y un mapa de las lenguas del mundo ante sus ojos. Las ventanas abiertas sobre los jardines de la avenida de Blasco Ibáñez de València indican el tiempo extraño en una facultad despoblada, cubierta de flechas de señalización y con bancos inhabilitados. Estaba en Verona cuando empezó todo esto, hace casi un año, y tuvo que salir corriendo. Casi literalmente. Emprendió una odisea en tren hasta Múnich porque ya no había avión a València. «Llegamos aquí con una polémica extrañísima sobre si se iban a celebrar las fallas. Estos de aquí no saben la que se está organizando, pensé». Y así empezó el descubrimiento de la enseñanza on line (como profesor emérito sigue dando clases en los niveles más altos) y la digitalización forzada. La necesidad obliga.

Hablando del libro y de este país, no le veo muy optimista según la dedicatoria a su nieta esperando que el conflicto de las lenguas sea pasado cuando ella sea mayor.

El rumor de los desarraigados tiene la misma dedicatoria, pero a mi hijo, en 1985. Ha llovido mucho y seguimos con el mismo problema pero peor. Pero yo sigo. Ha habido entre medias proyectos fracasados.

¿Como cuáles?

El ILPI, Instituto de Lenguas de la Península Ibérica. Había conseguido implicar a los organismos encargados de las lenguas: el Cervantes, al del euskera, el gallego, la Acadèmia Valenciana, el Ramon Llull.

¿El Institut d’Estudis Catalans, no?

Estaba el Ramon Llull, equivalente al Cervantes. Tampoco la Real Academia Española. A veces los organismos más antiguos son mucho más conservadores. Para evitar susceptibilidades lo habíamos ubicado en Benasque. Lo tenía todo atado, pero llegó una alcaldesa que se echó al monte y dijo «no, al PP no nos interesan las lenguas».

¿En España decir que no te interesan las lenguas es decir que te interesa el español solo?

No lo sé. Más bien les asustan los líos. Pero bueno, puede que sea en todas partes. Si nos comparamos con Francia o Alemania, somos mucho más demócratas en cuestión de lenguas. El vasco lo pasa mucho peor en Francia que en España. O el catalán.

Usted habla de una España multilingüe. ¿Esa España se puede traducir en una nación de naciones?

Postulo la plurilingüe.

Pero la realidad es que es multilingüe.

Multilingüe quiere decir que hay muchas lenguas. Ocurre en casi todo país del mundo. Plurilingües conozco poquísimos. Suiza y a medias, porque reconoce cuatro idiomas, pero la gente sólo conoce el de su zona. España fundamentalmente es Castilla, más la Corona de Aragón, Navarra y luego Portugal, que se fue. Estas cuatro lenguas son la esencia de España, y mientras esa esencia no se manifieste en un montón de cosas, esto no tiene arreglo. Un bilingüe no puede sentirse cómodo en este país. Y lo tenemos que arreglar.

Pero la igualdad es difícil hablando de lenguas.

Claro que es difícil. La lengua más hablada siempre tiene más puntos. Se hizo una reforma de la Constitución y se hizo mal al no introducir las otras tres lenguas. Di una conferencia en el Senado, se me ocurrió decir algo en catalán y gallego y me dijeron que eso no se podía hacer. ¿Qué Senado es ese? En cambio, en las comunidades bilingües se pasaron en el otro sentido, creando una situación que no tiene arreglo.

Al final, no importa mucho el debate sobre la lengua vehicular en la educación, porque pese a la inmersión lingüística, el español sigue boyante en Cataluña.

Sigue boyante, pero está discriminado en la enseñanza o los medios de comunicación. Se ha llegado a una situación tan extraña que un día descubro que un amigo de la infancia casado con una chica de Junts está en una masía a algunos grados bajo cero para que su mujer no le oiga hablar conmigo en español. Esas cosas están provocando una escisión en Cataluña.

¿Pero la coexistencia pacífica no es una utopía?

Yo creo que no. Que la lengua fuera un problema empieza en el siglo XIX con los movimientos nacionalistas. No pasa nada porque el español no figure como vehicular, pero en Cataluña sí pasa porque se legitima una política lingüística que menoscaba el español.

Pero habrá que realizar estrategias defensivas para mantener unas lenguas que están en una posición minoritaria con respecto a la hegemónica.

Evidentemente. En València me he encontrado cómodo desde 1978 porque he visto una actitud menos crispada. No digo que no haya problemas, pero el sueño que yo he intentado defender es de alguna manera el modelo valenciano. Un modelo que acepte que la población es bilingüe, sencillamente, y que el ideal es que todos no solo entiendan, sino hablen las dos lenguas.

¿O sea, que el objetivo sería que Cataluña fuera como la Comunitat Valenciana en algún momento?

Algo así. Es un modelo ideal, pero básicamente la política lingüística que se sigue en la C. Valenciana sería un modelo exportable al conjunto de España.

¿Un lingüista de Zaragoza que lleva 40 años en València se ha sentido desarraigado alguna vez?

No La prueba está en que no me he ido. Cuando gané la oposición y llegué, me quedé deslumbrado: una comunidad bilingüe, en la que unas veces hablaban una lengua y otras, otra, me fascinó absolutamente. De ahí salió El rumor de los desarraigados y me planteé también la razón del origen del español. Era decir que esa lengua supuestamente mejor, en realidad había nacido de una manera muy humilde y era igual que las demás, pero porque estaba en el medio empezó a funcionar como vehicular para relacionarse con los demás. Pero siempre he estado en contra de la asociación de la lengua vehicular al poder, es muy mala política.

Una idea de su libro es que España es un país más cohesionado y consolidado de lo que puede parecer en su realidad política y mediática.

Sí. Es decir, la gente no está enfrentada por motivos políticos, sino que tiene la mala suerte de una clase política (no viene de ahora) que se empecina en implantarle las ideas. En otros países las ideas vienen de la gente. Aquí no, cambiará el gobierno y descubriremos otra vez la vieja monserga de la lengua nacional. Lo trágico es que incluso en el supuesto de que el Estado se partiera en varios pedazos, el español seguiría siendo la lengua vehicular.

¿Y ve el valenciano hoy en riesgo?

No. A ver si nos entendemos. Obstinarse en que una comunidad política tiene una lengua propia es absurdo. Si decidimos que hay aquí una lengua propia y que es el valenciano, pues los hispanohablantes sentirán que son menos. Son estrategias torpes. Pero claro, en ningún gobierno han tenido la voz cantante los lingüistas.

Es también paradójico que el español en Cataluña se extiende porque hay población de zonas hispanohablantes que se desplaza allí por emigración económica en el siglo XX. No es una expansión por poder económico, sino al contrario, por pobreza.

Dicen que el español en Cataluña es la lengua de Franco, pero es la lengua de pobres emigrantes murcianos, andaluces y gallegos, que se establecieron en el extrarradio de Barcelona y otras grandes ciudades en unas condiciones de supervivencia muy duras. Es la lengua no de los desarraigados, sino de los desarrapados. No pasa nada por tener dos lenguas propias: una es la histórica y otra es la vehicular con el resto de España.

¿La idea de que ser de izquierdas en la C. Valenciana tenga una componente nacionalista ha impedido progresar la idea de España?

Para mí es una herejía filológica, una gran tontería. Me considero una persona de izquierdas y esto me deja estupefacto, porque siempre la izquierda fue antinacionalista, que no sé si eso está bien o mal, pero históricamente la izquierda se basaba en un criterio de clase y no étnico. ¿Qué ha ocurrido en España?

Es lógico: el apoyo a la lengua más débil y a quienes hablan una lengua discriminada.

Claro. Y la historia del franquismo ha sido muy negativa, porque la oposición al franquismo colocaba en el mismo saco a los de izquierdas y los nacionalistas.

¿Le gusta más esta España que la de la transición?

Esta España me desazona mucho.

¿Por la radicalidad, por la crispación?

Sí, la crispación me pone muy nervioso. En la transición había que pasar página y se tuvieron que tragar sapos, pero que Fraga se entendiese con Solé Tura me parece una situación que ahora difícilmente se daría. Que el de Vox se entienda con el de Podemos es impensable. El país no está para bromas. Estamos abocados a una situación de emergencia absoluta y tener el problema añadido de las lenguas, creado básicamente por las élites políticas de uno y otro signo, me parece suicida.

"Esta España me desazona. Que Fraga se entendiese con Solé Tura me parece una situación que hoy difícilmente se daría: que el de Vox se entienda con el de Podemos es impensable"

Ángel López García-Molins - Catedrático de Lingüística y ensayista

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¿Y la universidad, también le gusta más la de antes que esta ‘postBolonia’?

Bolonia ha sido un timo, porque en Bolonia no se dijo lo que aquí dicen que dice. Universidad significa muchas cosas y se han fijado en lo de universal: para todos. Pero la universidad se ha basado siempre en el criterio de los mejores. O sea, no puede ser democrática.

¿Cómo dice?

Debería ser democrática en el sentido de que cualesquiera que sean los ingresos de una familia, si sus hijos tienen cabeza para ello, han de tener acceso. Aquí, la universidad consiste en que entran todos, pero como tenemos que seguir favoreciendo a los de la clase dominante, pues ya hemos conseguido que todos tengan un título que no sirva para nada. Para mí es muy desolador. Tengo alumnos buenísimos, que no son peores que los de antes, pero les explicas unas cosas rarísimas para que luego, si tienen suerte, acaben de camareros en Londres.

¿Es también desolador que la democracia haya traído una educación casi en permanente desprestigio?

Porque era un mecanismo de ascenso social. Ahora ha dejado de serlo y eso es una tragedia. Hay una presión para que los apruebes a todos.

No hay ley de educación que no sea cuestionada, polémica y posiblemente mala o innecesaria.

Sí, pero siempre por razones ajenas a lo fundamental. No ha habido ningún ministro de Educación que haya dicho: vamos a subir el nivel. La universidad inevitablemente es elitista intelectualmente, no económicamente, que es lo que acaba siendo. 

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