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Inmunización: una batalla no tan antigua

Antes que la covid fue la viruela. O el cólera, que penetró en España por Novelda en 1884. Aquellas primeras campañas de vacunación,, forzosas para acabar con la mortal epidemia, hicieron del territorio valenciano escenario de partidarios y detractores

Inmunización: una batalla no tan antigua

Inmunización: una batalla no tan antigua

Cambian los siglos, pero la historia si no se repite, guarda enormes similitudes. Antes, y ahora, las grandes pandemias han sido sinónimo de elevada mortalidad, tragedia social y caos económico. También de controversia. Las primeras vacunaciones originaron en su día, como en estos tiempos convulsos, intensos debates populares, pero también científicos. Con defensores, detractores y hasta negacionistas. Situación no tan distinta a la provocada en este último año por el virus de la covid 19. «En el siglo XVIII y XIX la Iglesia Católica no veía claro lo de vacunar, pero las autoridades tampoco», recuerda Josep Lluís Barona, catedrático y director del departamento de Historia de la Ciencia y Documentación de la Universitat de València.

La batalla por las vacunas empieza en 1798 con Edward Jenner, considerado el padre de la inmunología. El médico inglés se atrevió a experimentar inyectando en las personas pequeñas dosis de material infectado procedente del ganado bovino. Nacía así el arma contra la viruela (Virus variolo), considerada «la gran enfermedad social de aquella época», relata Barona. El reto era no menor pues se trataba de acabar con un verdugo que en la Europa del siglo XVIII se llevaba por delante a unas 400.000 víctimas cada año. Un tercio de los supervivientes, además, quedaba ciego. El «ángel de la muerte», como se llamaba al virus, resultó especialmente devastador entre los indígenas, con los que se cebó de forma muy cruenta indefensos ante lo «extranjero».

Sería el doctor Francesc Piguillem quien inocularía las primeras vacunas contra la viruela en la península Ibérica, concretamente en el Pirineo y después en Cataluña. Una lucha casi titánica por vencer la oposición del clero y el poder político de la época. Hasta que en escena aparece un cirujano naval alicantino, Francisco Xavier de Balmis. Médico personal de Carlos IV, convence al monarca para enviar una expedición a América y expandir así el recién descubierto antídoto. Con un puñado de vacas y un grupo de niños que sirvieron de portadores, partieron hacia Sudamérica para recorrer Venezuela, Cuba, Colombia, México o Filipinas. Tres años más tarde se daría por concluida, con resultados desiguales. «Era un proyecto ilustrado, de pasión por la ciencia y la tecnología», explica de forma muy didáctica Barona. Habría que esperar a 1966 para que la Organización Mundial de la Salud se pusiera a intentar erradicarla, algo que no sucedería hasta 1980.

Una situación parecida se dio con la poliomielitis y las vacunaciones preventivas tras la Segunda Guerra Mundial. La afectación, especialmente en los niños, era también dramática pues provocaba parálisis, atrofia y graves deformaciones. Una idea de su gravedad, y de lo que significa acabar con epidemias de esta magnitud, es que en África no se consiguió doblegar hasta agosto de 2020. «En el resto de continentes las campañas para controlar la polio son otro ejemplo de éxito», enfatiza Barona.

Cólera en la ribera del Xúquer

El cólera fue otro de esos azotes que a principios del siglo XIXgolpearon fuertemente a Europa. Originario del valle del Ganges, al viejo continente llegó en forma de cuatro grandes pandemias, afectando especialmente al territorio valenciano en 1834, 1855, 1865 y 1885, con dos episodios de menor gravedad en 1860 y 1890. El comercio colonial era importantísimo con América, las colonias asiáticas, India o Filipinas, con las que tanto España como Portugal, los Países Bajos o Inglaterra tenían mucho tráfico marítimo. El mundo ya era global y por tanto, la expansión estaba garantizada. Las diarreas y la fiebre que provocaban se transmitía por el agua, con lo que los contagios se disparaban. A España entró en 1884 por Novelda, tal como recoge la investigadora y miembro de la Real Academia de Medicina María José Báguena Cervellera. Aunque inicialmente fue dominado, en marzo reapareció en forma de segunda ola en Xàtiva, como explica en una de sus disertaciones sobre el médico Jaime Ferran. «Era un bacteriólogo catalán que tenía muy buena relación con la élite médica valenciana, y junto a la Facultad de Medicina y el Instituto Médico Valenciano, montó una campaña de vacunación preventiva en las comarcas de la ribera del Xúquer en las que se trató forzosamente a toda la población de agricultores», apostilla Josep Lluís Barona. Los enfrentamientos entre partidarios y contrarios se sucedían mientras el antídoto se llevaba por toda la geografía valenciana desde Ondara a Santa Pola pasando por Chiva, Cheste, Algemesí o Benifaió.

Francisco Xavier de Balmis


Nacido en Alicante el 2 de diciembre de 1753, Francisco Xavier de Balmis terminó sus estudios secundarios a los diecisiete años y comenzó su carrera de medicina en el Hospital Real Militar de Alicante. Encabezó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna para la viruela, que llevó su nombre. Escribió «Instrucción sobre la introducción y conservación de la vacuna».


Repercusión nacional e internacional

Según recoge Báguena en su extensa obra sobre la materia, «la amplia repercusión nacional e internacional que tuvo motivó la presencia en Valencia de gran número de comisiones españolas y extranjeras que llegaron para estudiar el procedimiento del médico catalán». «Fue la primera experiencia mundial con inspectores, unos a favor y otros en contra», incide Barona. Entonces, como ahora, se aumentó la limpieza de las calles y alcantarillas, se aisló a los enfermos y se aconsejó hervir el agua, extremando la limpieza.

A la pregunta de si aquella iniciativa de Ferran en 1885 tuvo éxito, Báguena cita los estudios posteriores realizados por George Bonside en 1981, a partir de la campaña realizada en Alzira. Su eficacia se comprobó en el 80,9 % de los inoculados y en el 92,5 % de los reinoculados. El 51,8 % de los no vacunados, murió.

Grabados de la época, fotografías de las colas para la vacunación, caricaturas en los diarios y utensilios médicos en los museos dejan constancia de la importancia de aquellas primeras luchas sanitarias. Como el portalinfas con el «arma» contra la viruela para cuatro personas. Entrar en el Instituto de Historia de la Medicina y la Ciencia López Piñero es un viaje al pasado, pero sobre todo al presente.

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