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El problema europeo

Los desplantes de los fabricantes amenazan con dejar a la UE rezagada en el proceso de vacunación pese a las inversiones para investigar realizadas

Un operario transporta unas cajas con las vacunas de Pfizer en las instalaciones de  la distribuidora Bidafarma.

Un operario transporta unas cajas con las vacunas de Pfizer en las instalaciones de la distribuidora Bidafarma.

Europa ha invertido miles de millones para ayudar a desarrollar las primeras vacunas de la covid-19 del mundo y ahora las compañías deben cumplir». Las palabras de la presidenta de la Comisión Europea en el Foro Mundial de Davos reflejan la inquietud que se respira en Bruselas. En medio de un escenario en el que los desplantes de las principales fabricantes de dosis amenazan el calendario de vacunación europeo y avivan las tensiones geopolíticas en el viejo continente, las principales potencias del mundo se han embarcado en una carrera a contrarreloj -con reminiscencias de la Guerra Fría- en la que Israel, Emiratos Árabes, Reino Unido y EEUU se han colocado a la cabeza del pelotón. «Es el mercado, amigo», diría Rodrigo Rato. El optimismo inicial respecto al proceso de inmunización ha dado paso a multitud de interrogantes, pero hay dos cosas en las que coinciden los expertos consultados por este diario: la primera es que no hay soluciones mágicas a corto plazo; la segunda, que va a ser muy complicado para el Gobierno cumplir la promesa de vacunar al 70 % de la población española antes de verano.

El presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva y Salud Pública, Rafael Ortí, observa en las dosis producidas por China y Rusia una posible alternativa al drástico recorte de suministros de AstraZeneca, pese a los recelos iniciales de la UE. Por ahora, Serbia y Hungría son los únicos países comunitarios donde se aplica la Sputnik. «La situación ha evidenciado cierta hipocresía por los prejuicios hacia estas vacunas. Si funcionan bien y está garantizada su eficacia no puede descartarse su entrada como estrategia para controlar los vericuetos de otras empresas que han demostrado comportamientos reprochables», subraya. Ortí cree que la guerra de precios era previsible porque «el mercado manda», aunque echa en falta más transparencia en el proceso y se muestra partidario de forzar una liberalización de las patentes para ampliar la producción si fuera necesario. También aboga por promover una farmacéutica pública. «Las compañías privadas reciben muchas ayudas públicas y, a veces, por una mala gestión o una mala negociación, las patentes no acaban de revertir en la población», subraya.

La idea, sin embargo, genera división y despierta el rechazo de otros expertos como el epidemiólogo de la OMS Santiago Mas-Coma, que advierte que «sentaría un precedente peligroso» y podría suponer un freno a la diversificación de metodologías, a los investigadores y a la iniciativa privada.

Para José Antonio Forcada, secretario de la Asociación Española de Vacunología (AEV), estas no serían soluciones viables a corto plazo. «Aunque se liberen las patentes se necesita un proceso de adaptación costoso y tiempo para la fabricación. Lo que hay que hacer ahora es acelerar las autorizaciones de nuevas vacunas para disponer de muchos más recursos», incide. Forcada sostiene que la UE tiene «suficiente músculo» para solucionar los problemas, presionando a las farmacéuticas que no cumplen sus contratos.

En la misma línea, el catedrático de Derecho y Política de la UE Antonio Bar pide que no se use a Bruselas «como chivo expiatorio» y defiende que las instituciones comunitarias han actuado con diligencia. Como muestra, pone en valor la ingente cantidad de fondos que han facilitado el rápido desarrollo de las vacunas. «Si Israel tiene tan avanzado el proceso de vacunación es por la inversión en investigación de Europa. Decir que la UE es ineficaz o que es una tacaña porque un laboratorio le ha engañado es como culpabilizar a la víctima que sufre un delito», mantiene el también asesor de la Comisión Europea. Bar confía en que surtan efecto las medidas adoptadas, entre las que destaca el control de las exportaciones de vacunas al Reino Unido ante las sospechas de que este país ha estado beneficiándose de dosis desviadas por AstraZeneca. Más complicado ve Bar que se cumpla la amenaza de liberar las patentes porque «es un derecho sagrado» que no se puede levantar «así como así».

En ello coincide el catedrático de Parasitología Mas-Coma: Bruselas, asegura, tiene suficiente peso como para sentar a las farmacéuticas, «apretar las clavijas» y que aumenten su producción, aunque critica la falta de reacción a de la UE a la hora de cerrar fronteras para evitar la llegada de las nuevas cepas del coronavirus procedentes de Brasil o Sudáfrica. Otro motivo de optimismo es que hay muchas vacunas en fase terminal de evaluación que se añadirán al mercado, como la monodosis de Janssen, que podría estar lista en primavera. Aún así, Mas no ve factibles los plazos de vacunación marcados por el Gobierno, no solo por el retraso en la llegada de suministros, sino también porque la logística y la organización de la distribución no está siendo, a su juicio, todo lo eficaz que debería. «Hay muchas diferencias y desigualdades entre autonomías y lo peor que se puede hacer ahora es dividir. La estrategia debería coordinarse desde Bruselas». Bar tampoco entiende las «peleas» de las comunidades por «ver quién se vacuna antes». «Los protocolos trazados por la Unión Europea son claros y debería actuarse al unísono», observa el experto en política comunitaria.

Rafael Ortí habla también de una excesiva improvisación, de falta de planificación y de «interferencias» de la administración en el área de Salud Pública, acostumbrada a organizar las vacunaciones. «Se están perdiendo dosis», advierte el preventivista. Forcada califica directamente de «ilusión óptica» el calendario de vacunación anunciado. «Habría que multiplicar por siete la velocidad con el ritmo que llevamos ahora». Forcada dibuja un panorama de incertidumbre y pone el foco en el déficit de profesionales para administrar las dosis. Muchas incógnitas y poco tiempo que perder.

El alcalde del la Nucía y diputado del PP, Bernabé Cano, el día que se vacunó en la residencia de mayores Levante-EMV

Problema valenciano las dosis sobrantes alimentan la pillería 


Los alcaldes vacunados aprovecharon las dudas del personal sanitario sobre qué hacer cuando quedan inyecciones sin aplicar en los municipios. Salud Pública ha tenido que aclararlo.


Mientras 45 millones de españoles aguardan su turno para ser vacunados, al menos una decena de cargos públicos valencianos han echado mano de su posición de poder para adelantar por la derecha a varios grupos de riesgo y hacerse con la primera inyección en el inicio del proceso de inmunización. La mayoría de alcaldes y ediles que se han visto salpicados por el escándalo se justifican bajo el argumento de que se limitaron a aceptar los ofrecimientos del personal sanitario porque, supuestamente, sobraban dosis que corrían peligro de desperdiciarse. En el caso del alcalde de la Núcia, Salud Pública ha relatado que fue un acompañante del también diputado del PP el que ordenó a los vacunadores que le administraran la dosis en su visita a una residencia de mayores, a la que acudió saltándose el protocolo.

La directora de Salud Pública del departamento deValència ha sido destituida por un documento en el que afirmaba que no se había recibido ninguna instrucción sobre cómo proceder con las dosis sobrantes, por lo que se decidió aplicársela al alcalde de Rafelbunyol, Fran López (PSPV), cuando terminaron las inyecciones del personal y los residentes del geriátrico de la localidad, aprovechando que acudió a las instalaciones. La directora general de Salud Pública, Ofèlia Gimeno, rebatió por escrito que no hubiera indicaciones sobre las dosis no aplicadas y, por ello, la destitución de su subordinada. No obstante, un relato similar ofrecen otros cargos como el alcalde deBenlloc, que asegura que fue el personal sanitario el que acudió a él con la sustancia no usada.

La secretaria autonómica de Salud Pública, Isaura Navarro, niega que no hubiera indicaciones y asegura que se trasladaron a los responsables de los centros de salud pública a través de dos videoconferencias mantenidas el 21 y el 23 de diciembre para informar sobre la estrategia y cómo debía de ordenarse la vacunación, priorizando a los grupos de mayor riesgo. Ahora bien, las dudas sobre el destino de los viales que quedaban por aplicar y la proliferación de irregularidades obligaron a Salud Pública a elaborar un protocolo específico el 20 de enero para aclarar que, en caso de que sobren dosis una vez reconstituidas, han de repartirse entre los grupos con más peligro. El documento emplaza a los centros de vacunación a contar con una reserva de personas localizadas en el entorno cercano. La clave de los excedentes reside en que el número de dosis extraídas de los viales de Pfizer es variable: pueden obtenerse seis, y nocinco, en función de las jeringuillas y la pericia del profesional. «Durante un tiempo se han perdido suministros», asegura el presidente de la Sociedad de Medicina Preventiva y Salud Pública, Rafael Ortí.

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