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Condenados a la nueva vida virtual

La ‘fatiga zoom’, el sexo a distancia o el descrédito a las instituciones son algunas consecuencias de una sociedad cada vez más conectada.

La deliberación de los Premios Jaume I 
mezcló la parte «online» y la presencial
para su decisión. GERMÁN CABALLERO

La deliberación de los Premios Jaume I mezcló la parte «online» y la presencial para su decisión. GERMÁN CABALLERO

Si el papa Francisco muriera, ¿se celebraría el cónclave cardenalicio por videollamada? Es una de las preguntas que se plantea el sociólogo Francesc Hernández respecto a los cambios que trae consigo la pandemia. Más allá de la curiosa imagen que daría la cuestión, la duda es legítima en un momento en que nueva normalidad es un oxímoron que cargará con los cambios de un elemento totalmente disruptivo como es la pandemia y la tendencia que ya estaba en marcha de la expansión de internet. «La pregunta puede parecer una boutade, pero no lo es porque uno de los cambios más importantes de la pandemia es el aumento de nuestras relaciones sociales de carácter virtual en determinados ámbitos que continuarán cuando se controle o finalice la covid», pronostica Hernández.

Entre sus argumentos cita una encuesta de la revista Nature entre personal científico que asegura que tres de cada cuatro participantes considera que los siguientes encuentros científicos tras la pandemia continuarán con las pantallas como medio de conexión o con un componente virtual importante. «Nos hemos dado cuenta de que muchos acontecimientos sociales tenían este carácter presencial que encontramos paradigmáticamente en los acontecimientos eclesiásticos como concilios, sínodos o cónclaves», expresa el doctor e investigador de la Universitat de València. El fenómeno va más allá de elegir si hablar en una sala o hacerlo desde la habitación de casa. «Un cambio en la forma de reunirnos significará naturalmente que se cambiarán las reglas internas de estos acontecimientos como la capacidad de influencia que tiene la presencia personal o la posibilidad de negociar al margen del plenario», asegura el sociólogo.

CONDENADOS A LA NUEVA VIDA VIRTUAL

El mundo digital no solo va de incorporarse a la red, también de saber aguantar su ritmo y saber marcarle unos límites flexibles que permiten estirarse hasta todos los rincones del hogar o incluso viajar a cualquier parte del mundo en el teléfono móvil. Por ello se habla ya de «fatiga de zoom» provocada por la multiplicación de las relaciones virtuales. En este sentido, Hernández menciona estudios que plantean la importancia de la entnetzgung (desconexión, en alemán). «Pero no solo desde la perspectiva psicológica», añade, «también desde otras sociales o económicas». Así, señala que este exceso de conexión o redificación produce «patologías» como nuevos paraísos fiscales virtuales, pero también «una nostalgia de lo analógico», que va desde los discos de vinilo hasta los cursos de caligrafía.

Sin embargo, las heridas más profundas cruzan la piel en nombre de brechas. Económica, generacional y de género son complementos al apellido principal de digital, el riesgo de quedarse al margen de un mundo que vive en código binario. «Existe una brecha de acceso y otra de uso», desgrana la directora de la Cátedra Brecha Digital de Género de la Universitat de València, Silvia Rueda. «El acceso a un ordenador desciende conforme baja el nivel de renta; en los ingresos altos o muy altos supera el 90 %, en los medios baja hasta el 75 % y en ingresos bajos es del 57 %. Hay una clara brecha económica que en una sociedad cada vez más digital supone una espiral», indica la doctora en Ingeniería Informática.

Rueda menciona otra brecha asociada al mundo virtual: la de género. En este caso, explica que la diferencia no es tanto de acceso, sino de uso, «especialmente para personas con menores ingresos». «Si se observa la intersección mujer y bajos ingresos se observa que hay un aumento de la brecha que llega a ser de más de diez puntos entre hombres y mujeres en el uso de tecnologías», desgrana Rueda. Ejemplifica que si hay un móvil en la casa suele recaer en la persona que trabaja, «el padre de familia». «Esto genera un aislamiento, desvincula a muchas mujeres de la sociedad, las hace más dependientes y es un gran riesgo», incide. Por todo, de cara al futuro, apunta: «Tener posibilidad de conexión se está convirtiendo en un elemento de primera necesidad, pero no es igualitario ni universal, por lo que acaba generando desigualdad y exclusión».

Más allá de la posibilidad de acceso, la socióloga y politóloga Raquel Jorge Ricart pone encima de la mesa la capacidad y conocimiento de uso de la red. «Hay asuntos sobre los que falta formación y que serán fundamentales como la privacidad, qué datos estamos cediendo y qué significa, o estar protegidos frente a ciberataques, si somos conscientes de esa seguridad». También menciona la necesidad de que la propia Administración se adapte al entorno virtual: «De momento se ha demostrado que no estamos adaptados y el futuro pasa por reconfigurar la arquitectura pública y entender que la tecnología debe estar integrada en todas las áreas como Sanidad, Educación o la burocracia administrativa», añade la experta en políticas públicas tecnológicas.

Precisamente la investigadora con una beca Fulbright en la Elliott School of International Affairs de Washington señala que el uso de estas herramientas influye también en el ámbito político: «Nada va a ser como antes». En este sentido, alerta de que las redes sociales, especialmente en los más jóvenes, generan a partir de algoritmos las llamadas «cámaras de eco» y el riesgo de una sociedad atomizada. «Si solo nos informamos por redes sociales por quienes piensan como yo, observamos un descenso de la capacidad crítica brutal y una pérdida de legitimidad de los grandes medios de comunicación y al final acaba llevando a un descrédito de las instituciones y a no saber diferenciar qué es verdad y qué es mentira, de ahí el éxito de las noticias falsas». También, añade, está cambiando la forma de participar en política «con movilizaciones online centradas en la política de la cancelación contra algo». Por ello, Jorge Ricart considera necesario «ponernos las pilas e involucrar y legislar implicando a la gente más joven».

El filósofo Enric Senabre ha escrito sobre los más jóvenes Generació C. Él, en su labor de docente de adolescentes, valora que tras esta pandemia «ha quedado claro que la educación va mucho más allá de la transmisión de conocimientos, tiene un componente vivencial y emocional, es necesaria la interacción entre los propios estudiantes y se ha demostrado que un descenso de las ratios y una atención personalizada funciona muy bien». Según su experiencia, «los jóvenes han echado de menos ir a la escuela y ha permitido que se revalorice la presencialidad», pero no quiere decir que el modelo virtual quede descartado de cara al futuro. «Habrá que integrarlo, quizás hacia un modelo mixto porque la parte virtual fomenta la autonomía del estudiante, podríamos ir hacia una atención más personalizada y complementaria y no tanto clase magistral», expresa.

Pero si algo han notado especialmente los jóvenes es la dificultad para conocer gente durante la pandemia y ello ha conllevado un cambio en la forma de ligar. «Ligar por internet se ha normalizado, antes era como una herramienta residual o vista solo para encuentros sexuales, ahora también se buscan vínculos o conocer gente», expresa la sexóloga del Instituto Espill Thamara Martínez. «El sexting u otras prácticas de sexo virtual son una evolución y han venido para quedarse, pero es importante que haya educación y concienciación sobre privacidad y a quién se envía qué y cómo», añade la experta. En este sentido, alerta de los posibles peligros en adolescentes con tendencias que venían de antes como el descenso de edad en el primer contacto con la pornografía o el uso de aplicaciones y redes sociales como OnlyFans donde se promociona la prostitución. «Es un asunto al que hay que hacer frente», enfatiza.

Quizás el próximo papa se elija por videollamada, o quizás, su ejemplo sea uno de los imposibles, porque con la Iglesia hemos topado tanto en lo celestial como en lo terrenal, lo que está claro es que hasta Dios habrá de tener su hueco en el mundo virtual, un mundo que ha ganado espacio al físico.

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