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Sanidad y ciencia: la fusión soñada

La pandemia de la covid-19 ha supuesto el mayor test de estrés mundial a la sanidad pública, la ciencia y la investigación. ¿Mejorará el sistema de salud o la financiación de la ciencia? Ahora se han visto las costuras de la precariedad.

La sombra de dos sanitarios se dibuja en 
el acceso a urgencias del Hospital La Fe de
València en noviembre. f.calabuig

La sombra de dos sanitarios se dibuja en el acceso a urgencias del Hospital La Fe de València en noviembre. f.calabuig F. CALABUIG

La pandemia mundial del coronavirus ha supuesto el mayor test de estrés que ha tenido que afrontar la humanidad desde la aparición del sida en los años 80 o la gripe española de la I Guerra Mundial, ambas en el pasado siglo. Un test de estrés que ha puesto a prueba a la sanidad pública pero también a la ciencia y la investigación. Ambas han salido airosas de esta prueba.

La sanidad porque ha conseguido sacar adelante a las 381.906 personas que, a fecha de ayer, han conseguido superar la covid-19 en la Comunitat Valenciana. En la primera fase de la pandemia, sin medios de protección y enfrentándose a un coronavirus novedoso, del que se desconocía todo. Y en las tres oleadas que se han vivido en la Comunitat Valenciana soportando la embestida de la saturación de los hospitales y las unidades de cuidados intensivos UCI) que han estado al borde del colapso.

Y la ciencia porque los científicos e investigadores han conseguido en tiempo récord conocer el SARS-CoV-2 (aunque aún quede camino por recorrer) y desarrollar una vacuna con la que reducir el impacto mortal de la pandemia en los colectivos más vulnerables y en la economía. Son sólo dos de los principales logros conseguidos en estos catorce meses de pandemia y cuando hoy se cumple un año del primer estado de alarma que encerró a toda la ciudadanía en sus casas durante dos meses.

Un primer aniversario del año en el que cambiaron nuestras vidas que sirve para hacer balance y analizar si los logros obtenidos en sanidad, ciencia e investigación serán flor de un año o han llegado para quedarse. Y averiguar si el sistema de salud con sistemas epidemiológicos en el centro sale fortalecido o si la ciencia y la investigación se han visto reforzadas.

Mireia Coscollá, investigadora del Instituto de biología integrativa de sistemas (I2SysBio) de la Universitat de València y el CSIC considera que tras este año de pandemia «se ha dado más importancia a la ciencia, que ha conseguido más protagonismo. Los retos a los que la ciencia se ha enfrentado han sido percibidos por la sociedad de forma positiva». Un hecho que, defiende, «no tiene vuelta atrás». Coscollá forma parte del proyecto SeqCovid, liderado por Iñaki Comas, del Instituto de Biomedicina de València y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IBV-CSIC), que fue el primer equipo en secuenciar el genoma completo del coronavirus SARS-CoV-2 en pacientes españoles.

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Pandemia, año 1: así vivió València el inicio del confinamiento domiciliario por el coronavirus F.Bustamante/J.M.López/Eduardo Ripoll/G.Caballero/M.A.Montesinos/EFE

A pesar del protagonismo que ha logrado la ciencia, la investigadora considera que «en algunos aspectos no estamos aprovechándola lo suficiente» por lo que se muestra «mas pesimista» respecto al futuro. «Los científicos reclamamos cambios importantes que no se han visto trasladados a la realidad», asegura. Entre otros Coscollá ve necesario reducir la burocracia. «Nos piden colaboración internacional, pero hay numerosas trabas para contratar a investigadores que estén en España». Y la estabilidad laboral de los investigadores. La mayoría de los profesionales que han secuenciado el genoma tienen contratos precarios y carecen de la estabilidad necesaria que requeriría una investigación a medio o largo plazo. A pesar de esta situación, «muchos hemos hecho un hueco para hacer investigación en coronavirus a costa de nuestra salud, tiempo... Sin que eso se vea reflejado por ningún tipo de evaluación, reconocimiento, ni mejores perspectivas de estabilización».

Los investigadores también han reclamado a «las instancias superiores» afianzar la estrecha colaboración entre la ciencia y la sanidad, «para tener interacciones más cercanas y sacar más partido a los datos, y no se ha dado respuesta. Hay investigación sanitaria que no solo se hace en los hospitales, por lo que no pueden seguir separadas completamente. Y no creo que las instituciones estén facilitando un marco operativo para que esto se refuerce».

El catedrático de Bioquímica y Biología Molecular e investigador del Instituto de Biología Integrativa de Sistemas (I2SysBio) de la Universitat de València Juli Peretó realiza un diagnóstico muy parecido al de la investigadora Coscollá. «La pandemia ha supuesto un estallido de solidaridad y de querer ayudar desde disciplinas que, a primera vista, no trabajaban en aspectos relacionados. Ha habido una épica, porque ha sido una emergencia mundial que nos ha afectado a todos, aunque creo que con el tiempo se ha enfriado». Respecto a la financiación de la ciencia y la investigación, Peretó cree que habrá «un incremento de la inversión, porque parte de los fondos de recuperación se destinarán a investigación y puede generar la ilusión de que la investigación es el resultado de la pandemia. Pero será coyuntural. Vendrá el dinero, pero después no volverá. Y el presupuesto de la ciencia seguirá siendo el mismo». La ciencia, a juicio del catedrático de Bioquímica, «necesita un cambio estructural para que gente especialista en virus como Alma Bracho de Fisabio no siga trabajando con contratos temporales». Y la sanidad, apunta Peretó, «necesita un buen sistema de vigilancia epidemiológica que se ha de institucionalizar, con personal formado y contratado de forma estable, con la tranquilidad de no estar tres meses contratado y después a la calle». De hecho, Peretó advierte que «el virus no se va, el virus se queda por lo que son necesarios cambios profundos en la sanidad pública: reforzar los servicios de salud pública, de epidemiología, en colaboración estrecha con la gente que se dedica a la secuenciación, con servicios que permitan hacer un buen pronóstico de la situación».

"Un capital humano espectacular"

Por último, el catedrático de Salud Pública de la Universidad Miguel Hernández de Alicante Ildefonso Hernández Aguado valora que «la sanidad pública lo ha hecho muy bien. Y con los recursos que tenía ha demostrado que tiene un capital humano espectacular, con una calidad de formación y capacidad de resolución muy alta». Para Hernández, la lección más importante de la pandemia que puede sacar «la sociedad es que ha de aprender que cuando se quiere privatizar la salud se pierde la unidad del sistema y la capacidad de responder a situaciones como la creada durante la pandemia. También cuando no se invierte en salud pública y en los contratos de sanitarios que son de usar y tirar. Se ha de cuidar al capital humano y a la sanidad». Hernández Aguado, que fue director general de Salud Pública en el Ministerio de Sanidad de 2008 a 2011, confía en que el gobierno retome la aplicación de la ley de Salud Pública, aparcada tras perder el PSOE el Gobierno en 2011, para crear un centro de salud pública estatal, en red, con sedes autonómicas con el fin de «crear un sistema, una red de conocimientos que, cuando haya problemas de salud, tenga capacidad técnica y científica de responder a los problemas que se plantean».

El catedrático de Salud Pública de la Universidad Miguel Hernández también apuesta por reforzar la interacción entre la ciencia y la sanidad. «La hibridación de expertos de economía, inteligencia artificial, de química, física, sociales, de comunicación en salud pública ha creado una transdisciplinariedad que ha dado solución a los problemas con la colaboración de todos». Hernández incluso lanza una propuesta para la posteridad. «La Comunitat Valenciana tendría que mirar hacia el futuro y ser un ejemplo de espacio saludable, que tiene turismo, desarrollo en salud e investigación en salud. Hablo de una industria que cree fármacos, tecnología, zapatos saludables, dispositivos para monitorizar la salud, diseños urbanos para la gente mayor o de prevención de accidentes». Una apuesta que debería empezar por destinar los fondos europeos a «crear infraestructuras de sostenibilidad y buen gobierno, y agencias independientes de salud publica, evaluación y tecnología», como el Instituto Robert Cock de Alemania. «Aquí tenemos el Instituto Carlos III pero realiza las mismas funciones. Investiga pero no vuelca las capacidades técnicas y científicas en la gobernanza».

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