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Fernando Sepulcre: "Tengo la conciencia muy tranquila"

Fernando Sepulcre

Fernando Sepulcre

En 2016 abandonó la disciplina de Ciudadanos a raíz de una serie de enfrentamientos internos y, como diputado no adscrito, se erigió en árbitro de las mayorías en la Diputación de Alicante. En la práctica, fue un fiel aliado a la hora de apuntalar el gobierno provincial del presidente popular César Sánchez y sus remuneraciones económicas mejoraron notablemente como vicepresidente del Instituto Juan Gil Albert y miembro de otros organismos autónomos. Pero Fernando Sepulcre, que antes de recalar en Cs había pertenecido a UPyD y hoy está apartado de la política, de vuelta a la empresa privada, niega que se le pueda etiquetar como tránsfuga porque, según él, mantuvo la línea acordada al principio del mandato y no trató de alentar ninguna moción de censura. «Firmamos apoyar al PSPV en el ayuntamiento y al PP en la diputación y así lo hice», asegura. «Es la dirección nacional y regional de Ciudadanos la que ha ido cambiado de derroteros, dando bandazos y no ha sido consecuente. El tiempo me ha dado la razón», mantiene el exdiputado, que dice tener la conciencia muy tranquila, aunque se muestra entristecido por el declive de su antiguo partido. «La palabra tránsfuga es fuerte. Te la dicen para hacerte daño, pero uno tiene tanta costra que le da igual», incide. La salida de Sepulcre al grupo de no adscritos vino motivada por la guerra abierta que protagonizó con la formación naranja a raíz de una serie de informaciones que cuestionaron sus gastos en gasolina con cargo a la diputación. «Nunca escondí las facturas. Estaban justificadas y eran legales», sostiene.

En 2019 se presentó a las elecciones municipales de Alicante bajo la marca Contigo pero no obtuvo representación. Aún así, no descarta retornar a la política en un futuro. «El tema del apadrinaje, el peloteo y los estómagos agradecidos es lo que me aburre», afirma. «Al final quienes hacen y deshacen son las cúpulas de los partidos en función de lo que les interesa y los elegidos por el pueblo como representantes apenas tienen voz», remata.

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