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Cofrentes, dependencia energética con fecha de caducidad

Gobierno y autonomías incluyen en sus planes una multiplicación del sector de las renovables hasta 2030

Torres de refrigeración de la central nuclear de Cofrentes.

Torres de refrigeración de la central nuclear de Cofrentes. FERNANDO BUSTAMANTE

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 establece como meta acabar esta década con un 42 % de renovables en el uso final de la energía, mientras que en el sector eléctrico la presencia de fuentes limpias ha de crecer hasta el 74 %. Algo que pasa por instalar unos 60.000 megavatios más hasta esa fecha. Uno de los grandes beneficiados de esta revolución será el sector fotovoltaico, que trabaja con paneles compuestos de diversas células que son las responsables de transformar la luz del sol en electricidad. La Comunitat Valenciana necesita producir 6.000 Mw frente a los 300 Mw actuales. Un retraso que obliga a pisar el acelerador, sin caer en una peligrosa burbuja. La secretaria autonómica de Emergencia Climática, Paula Tuzón, piensa que aunque no hay que eludir el debate, «tenemos que ser realistas». «Las administraciones han de ser valientes porque la transición se ha de hacer sí, o sí», señala. Esos 6.000 Mw, aclara, suponen ocupar un 0,5 % del territorio. «Es algo que podemos absorber con todas las garantías ambientales», recalca. Además tranquiliza frente al temor a posibles movimientos especulativos y recuerda que el decreto ley aprobado por el Consell el verano pasado para agilizar su implantación obliga a poner en marcha las iniciativas presentadas en tiempo y forma para no perder la licencia. Aspecto este último clave, por lo que reclama al Gobierno que lo introduzca en sus planificaciones, pues a partir de 50 Mw ha de ser el Ministerio para la Transición Ecológica quien otorgue las autorizaciones. Arcadi España, conseller de Política Territorial, Obras Públicas y Movilidad, cree que desde la Generalitat se ha de hacer pedagogía porque «aunque el decreto simplifica trámites, no se pierde el control». «Los informes de paisajismo siempre estarán», señala. España achaca el recelo de algunos ayuntamientos por la avalancha de solicitudes que están llegando cuando apenas disponen de personal. «Pese a la vorágine, no hay barra libre, este es un proceso de transición que hemos de ir ordenando y por eso se da voz a los municipios», remarca. El conseller, sin embargo, no deja escapar la ocasión para recordar que se ha de cumplir con los objetivos marcados. «Esta es una oportunidad, una necesidad y hasta una salvación, pero no podemos quedarnos atrás respecto a otras comunidades autónomas», enfatiza. Arcadi España, además, recuerda la ventaja de estos sistemas «por ser reversibles». «Cuando finaliza su explotación se retiran paneles o torres eólicas y no dejan daños o agresiones en el terreno», defiende.

La central nuclear de Cofrentes se halla a unos dos kilómetros al sudeste del municipio del que toma nombre. Construida en la margen derecha del Xúquer, del que capta agua para la refrigeración, está a poco más de una hora de València por carretera. Entró en servicio el 14 de octubre de 1984 con una potencia que con el paso de los años fue aumentando y en todo este tiempo no han faltado detractores al trabajar con material radiactivo como el uranio, especialmente tras el accidente ocurrido hace ahora diez años en Fukushima. Lo cierto es que Cofrentes generó en 2020 casi la mitad de la energía producida en la Comunitat Valenciana, en concreto un 46,5 % según el balance anual hecho público por Red Eléctrica de España, operador del sistema. Una cifra que revela la enorme dependencia que se tiene de la nuclear hasta que se desarrollen los parques eólicos y fotovoltaicos previstos. Una situación que además tiene fecha de caducidad pues el Ministerio para la Transición Ecológica tiene intención de prorrogar su vida útil diez años más tras el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear, pese a las insistentes peticiones de Unidas Podemos y Compromís en contra de la prórroga. El Gobierno pactó hace dos años con Iberdrola, propietaria de la planta, que esta siga operando hasta noviembre de 2030 dentro del cierre ordenado de las siete centrales nucleares españolas.

El impacto de su clausura no será menor para la zona del valle de Ayora, como recuerda José Vicente Anaya, alcalde de esta última localidad. «Cofrentes genera unos 700 empleos directos y otros 800 indirectos», reseña. «Es imposible que las futuras explotaciones de fotovoltaicas vayan a asumir esos puestos de trabajo, pero al menos sí su construcción, que estimamos en 300 o 400 personas, y sobre todo en su mantenimiento posterior», comenta. «Además, si Cofrentes no produce esa energía alguien tendrá que suplir ese vacío y no vamos a importarla de otras comunidades, eso no tendría ningún sentido», enfatiza. «No se puede estar en contra de la nuclear y a favor de las energías alternativas, y a la hora de la verdad poner todo tipo de reparos para que no sea en mi terreno. Es absurdo», sentencia el cargo del PP.

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