Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La alarma deja paso a la esperanza

Cultura: pequeños pasos (e importantes)

Actuación de Love of Lesbian ante 2.000 personas el pasado 1 de mayo en la Marina de València

Actuación de Love of Lesbian ante 2.000 personas el pasado 1 de mayo en la Marina de València

El pasado 27 de marzo la banda Love of Lesbian protagonizó en el Palau Sant Jordi de Barcelona uno de los hitos culturales de la pandemia al haber ofrecido el primer concierto sin distancia de seguridad con 5.000 espectadores sometidos previamente a un test de antígenos. Solo se registraron seis contagios. El 1 de mayo, la formación comandada por Santi Balmes protagonizó otro hito pandémico, aunque algo más local, al ofrecer dos conciertos en la Marina Sur de València a los que, en total, asistieron cerca de 4.000 espectadores.

Era la primera vez que la música llenaba un gran recinto al aire libre en la Comunitat Valenciana desde el pasado año llevando hasta el límite las últimas medidas de seguridad impuestas por la Conselleria de Sanidad: un aforo máximo del 75 % y hasta 2.000 espectadores divididos en «plateas» de 500 sillas cada una. Un tímido acercamiento a la normalidad que incluía también la posibilidad de que la audiencia se levantara en mitad del concierto para acercarse a la «zona de restauración» y beberse una cerveza.

Los promotores de conciertos y festivales, los managers y los dueños de las salas -organizados en la Comunitat Valenciana a través de una nueva federación-, reconocen que estos pequeños pasos son importantes pero insuficientes. Aseguran que para que una actuación al aire libre sea mínimamente rentable se puede mantener el aforo del 75 % de la capacidad del recinto de conciertos, pero que ese debe ser el único límite. A modo de ejemplo de lo que ellos consideran un desaprovechamiento de recursos, los 2.000 espectadores de Love of Lesbian en un espacio como el de la Marina Sur apenas representan el 10 % del aforo del recinto. También considera la industria musical valenciana que un toque de queda antes de la medianoche perjudica el atractivo de la música en directo. Por eso confían en que la Generalitat modifique pronto la actual normativa, una vez caído el estado de alarma.

Salud Pública ha escuchado estas reivindicaciones y, según aseguraba esta semana la secretaria autonómica Isaura Navarro, las estudia y trabaja en «mejorar las medidas protocolarias» para que la «cultura musical siga viva». Para acelerar la desescalada musical, una de las promotoras más importantes de España, la valenciana The Music Republic, ha propuesto a la Generalitat un experimento similar al del Palau Sant Jordi: público sin distancia de seguridad previo negativo en test pero en una actuación al aire libre (en la Marina Sur) y ante 10.000 personas. La conselleria aún no se ha pronunciado sobre esta posibilidad pese a que el president de la Generalitat Ximo Puig declaró que iba a estudiar el proyecto esta semana.

Y mientras se establecen, o no, nuevas medidas para ampliar la capacidad de los conciertos, la temporada de primavera y verano en esta «nueva-nueva normalidad» va avanzando de forma insegura pero con la esperanza puesta en la vacunación masiva y el descenso constante de la incidencia vírica. Descartados de nuevo este año los grandes festivales con carteles internacionales y público multitudinario como el FIB, el Medusa, el Rototom, el Arenal o el de Les Arts, espacios como Viveros, la plaza de toros, la Marina o el estadio Ciutat de València (un nuevo recinto de conciertos para la ciudad, gracias a la remodelación de la grada realizada el pasado año, llamado a celebrar grandes eventos musicales en el futuro) acogerán desde ahora hasta julio decenas de actuaciones en formato reducido de estilos muy diferentes y que, en muchos casos, logran atraer al público suficiente para colgar en poco tiempo el cartel de «no hay entradas». La gente tiene ganas de música aunque sepa que -si no hay cambios en los próximos días-, tendrá que permanecer sentada y con la mascarilla puesta.

En un formato mucho más pequeño, también las salas de conciertos como 16 Toneladas o Loco Club, empiezan a organizar unas programaciones que, aún lejos de los viejos tiempos, van teniendo cierto aspecto de normalidad. Pese a eso, muchas siguen cerradas y a las que vuelvan a abrir les costará mucho tiempo recuperar las pérdidas sufridas por el parón de más de un año. Y lo mismo ocurre con las salas de cine: poco a poco vuelven a abrir sus puertas pero aún con el lastre del aforo, de la prohibición de consumir en su interior y de una programación sin estrenos espectaculares.

Mas normalidad y, por lo tanto, menos expectación hay en el mundo teatral, ya que durante la segunda y tercera ola la Generalitat sí se ha esforzado en mantener los escenarios públicos en funcionamiento. El gran festival teatral de verano, el de Sagunt, confía en celebrar una nueva edición sin las reducciones de aforo y cancelaciones de última hora que sufrió el pasado año. 

Compartir el artículo

stats