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Economía: la hora de la transformación

Tras un año centrados en la supervivencia del tejido empresarial, llega el momento de iniciar una reconstrucción del modelo productivo para posicionarlo de cara al mundo poscovid

Ambiente en las terrazas de hostelería  de la plaza del doctor Collado de  València. EDUARDO RIPOLL

Ambiente en las terrazas de hostelería de la plaza del doctor Collado de València. EDUARDO RIPOLL

Tras sufrir un desplome histórico del PIB en 2020 y volver a estamparse contra la tozuda realidad que impone la pandemia en el inicio de 2021, la economía valenciana empieza a mirar con otros ojos hacia el futuro, gracias sobre todo a la mejora sanitaria que ha traído consigo el comienzo de la vacunación y que permite vislumbrar el inicio de la reactivación de los sectores más dañados —hostelería, turismo, ocio y transporte—. Ahora toca cambiar las luces de cruce por las largas y pasar de la urgencia a la reflexión. Ha sido más de un año en el que tanto las administraciones como el tejido empresarial se han focalizado en lo inmediato: garantizar la liquidez de las empresas y autónomos. Pero los principales agentes económicos valencianos coinciden en que es momento de cambiar el paso y tomar posiciones en el nuevo escenario que se abrirá tras la covid.

Los fondos europeos serán la base sobre la que se emprenda esa reconstrucción, que además debe orientarse a la transformación del modelo productivo de la Comunitat Valenciana. Para Joaquín Maudos, director adjunto del IVIE, ese dinero de Bruselas debe servir para hacer frente al que considera el«principal problema» de la economía valenciana: su baja productividad.

Desde la Conselleria de Hacienda y Modelo Económico la tesis es muy similar. «Es fundamental que la crisis sirva para que nuestras empresas salgan reforzadas y aprovechen los recursos europeos para impulsar su digitalización», dotarse de «mayor innovación» y «consolidar una nueva política industrial europea más potente» con la que encarar «futuras crisis con producción propia».

La pandemia evidenció una de las derivadas que trajo consigo la globalización y que ahora se erige en amenaza: la deslocalización productiva. Asia se ha convertido en la fábrica del planeta y a la industria europea se le han visto las costuras cuando más falta hizo. Además, las ventajas de inversión que ofrecía hace dos décadas el mercado laboral español se han desplazado hacia el Este, que ofrece salarios más bajos. Por eso, fuentes de Cámara Valencia inciden en no fijar la vista solo en recuperar el nivel de actividad precovid, sino en trabajar por esa mejora productiva y también del mercado laboral a través de medidas que apuesten por la «innovación, digitalización y reformas legislativas eficientes que faciliten la contratación e impulsen el emprendimiento».

El otro gran reto es no perder el tren de la sostenibilidad. El dinero europeo está muy condicionado a proyectos medioambientales que encajen en los objetivos de neutralidad climática en 2050. Industrias vitales para la economía valenciana como el propio automóvil, el sector turístico y la exportación ya se mueven para tejer iniciativas capaces de captar parte de esos fondos.

Para que la transformación sea completa, todos inciden en la reivindicación más antigua: la necesidad de reformar «ya» el modelo de financiación autonómica.

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