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La alarma deja paso a la esperanza

Fiestas: recuperar la alegría perdida

La celebración de las Fallas 2021 fuera de calendario conformará una de las imágenes más simbólicas del regreso a una normalidad olvidada hace más de un año

Gran parte de las Fallas permanecen guardadas en Feria València a la espera de salir a la calle.

Gran parte de las Fallas permanecen guardadas en Feria València a la espera de salir a la calle.

Uno de los episodios más traumáticos que dejó el inicio de la pandemia se escribió en València: pararse el mundo cuando las Fallas estaban empezando a salir a la calle. Las fiestas populares han sido uno de los sectores más castigados: para ellas no vale la desescalada entendida hasta ahora. Levantado el estado de alarma, el horizonte empieza a ser más claro.

Y si no se complican las cosas, va a dar tiempo para celebrar, con un diferido de año o año y medio, todo aquello que se interrumpió de forma abrupta. Ya se da por hecho -salvo nueva emergencia sanitaria en forma de mutación- que las Fallas van a tener una versión reducida una vez superado el primer semestre.

Se trata de una celebración casi en modo burbuja. En la que el principal objetivo no es tanto recuperar las sensaciones, que también, como mover el mundo que orbita alrededor de las Fallas (y luego, por extensión, a las otras fiestas populares, que también empezarán a desescalarse y a ofrecer versiones covid). Los casales podrían haber hibernado más tiempo, aún a costa de perder efectivos, despagados por la falta de actividad. Pero detrás hay mucho más: los negocios de las industrias adyacentes. Indumentaria, pirotecnia, artistas falleros, hostelería, servicios... incluso una versión reducida, casi burbuja, servirá para poner nuevamente en marcha un movimiento que la comisión de seguimiento ya cifra en el doble de los célebres 700 millones que, sin argumento científico que lo sustente, se consideran como impacto económico de la fiesta.

Otras fiestas no contemplan más escenario que el de esperar a su edición de 2022. La Magdalena de Castelló o la SemanaSanta en sus diferentes versiones se consideran condicionadas a su calendario y antes que desnaturalizar sus fechas optan por ese estado durmiente hasta nueva orden. Las fiestas patronales de verano serán las primeras que devuelvan imágenes de carteles, luces y guirnaldas, olvidadas durante mucho tiempo.

La recuperación de las fiestas se considera no sólo bajo el prisma de la economía. También de la moral. Volver a salir a la calle, volver a conjugar el verbo «celebrar» -especialmente si es bajo criterios de seguridad- son importantes para la salud mental de la ciudadanía. Tanto es así, que en las negociaciones de la mesa de seguimiento de las Fallas con Sanidad han salido incluso los datos sobre el riesgo de suicidio.

En adelante, fecha aparte, esperan imágenes inusitadas. Entre ellas, el momento en el que las Fallas, guardadas en Feria València desde hace más de un año, inicien el lento camino hacia sus calles y plazas par ala cita con el fuego. Y con la incógnita de en qué estado se encontrarán unas construcciones que no están pensadas para durar tanto tiempo.

Cada vez falta menos para quitar la mascarilla a la Meditadora.

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