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Incendios imposibles

Los incendios de sexta generación se han colado en primera línea de actualidad, un tipo de fuego devastador y con una potencia que hace imposible atacarlos para apagarlos. Solo se puede esperar.

imposibles

Apenas sabíamos que el término existía, pero en solo unos días se ha hecho viral la expresión «incendios de sexta generación». El ordinal indica el nivel de potencia y devastación que son capaces de producir estos fuegos. Y sobre todo su capacidad para cobrarse víctimas mortales. De momento, el sexto es la categoría más alta que los expertos han convenido para este tipo de desastres, como el que ha azotado a la Sierra Bermeja en Málaga. Sin embargo, ni es el primero ni será el último. En 2018, la Comunitat Valenciana conoció este infernal escenario en Llutxent y de nuevo los analistas nos ponen en sobreaviso: «Serán cada vez más frecuentes».

Un incendio de sexta generación es un tipo de fuego convectivo muy potente, explica Miguel Ángel Botella, técnico analista en la dirección general de Prevención de Incendios, dependiente de la Conselleria de Emergencia Climática: «Los incendios se pueden clasificar de muchas maneras y, de hecho, existen varias clasificaciones en función de en qué te fijas. Nosotros nos fijamos en el factor que más influye en la propagación del fuego, por ejemplo si es el viento, si es topográfico, o convectivo. Estos últimos aprovechan la energía del cielo para retroalimentarse y generan corrientes de succión. Se propaga en todas las direcciones, emite partículas incandescentes que a su vez generan focos secundarios». Para hacerse una idea, se asemejaría a un gran tornado en llamas.

Rafael Delgado, ingeniero forestal y profesor de la Universitat Politècnica de València, ayuda a entender mejor estos fenómenos. «El temor de padecer un incendio de sexta generación no es tanto por la superficie quemada, sino porque pueden poner en riesgo la vida de las personas. El incendio de la Sierra Bermeja tan solo ha afectado a 8.000 hectáreas, pero ha fallecido una persona. Se caracterizan por que la gran cantidad de combustible quemada llega a generar una columna convectiva, y es capaz incluso de modificar el clima», señala el experto de la UPV.

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Botella amplía este último concepto. «Además de modificar las características atmosféricas de los alrededores, genera su propio ambiente de fuego», añade. ¿Y qué significa? «Pues que todas las previsiones meteorológicas no sirven, son los propios amos de su comportamiento», detalla sobre el aterrador escenario con el que se encuentran quienes luchan contra las llamas.

Seguimos profundizando en este tipo de desastres naturales. «En los de sexta generación se pone el foco en la intensidad, en lo extremo que puede ser el comportamiento del fuego, porque eso tiene consecuencias sobre la estrategia y la seguridad», asegura el analista de prevención de incendios.

Por su parte, Rafael Delgado alerta de otros factores especiales: «Cuando hay humedad en el aire, por ejemplo al anochecer, la columna convectiva aprovecha esta humedad y sube rápidamente, para convertirse en lo que se llama un reventón térmico». Y pone como ejemplo lo que sucedió en Llutxent hace tres años. «El fuego estaba controlado, pero de repente hubo un reventón térmico que produjo una gran onda expansiva, y en nada quemó 40 casas que estaban a 4 kilómetros del foco principal», narra el profesor del departamento de Ingeniería Rural y Agroalimentaria de la UPV en Gandia. Miguel Ángel Botella coincide con lo que sucedió en 2018: «En Llutxent hubo fases convectivas muy potentes e interactuó con dos tormentas diferentes que potenciaron el incendio, que fue de una intensidad brutal, con reventón térmico incluido». El analista de Emergencia Climática pone otros ejemplos de su poder destructor: «En 2017 en Portugal murieron 60 persona por un desplome térmico; el fuego se expandió en una hora 12 kilómetros», relata.

Con todos estos ingredientes apagar este tipo de incendios (que ya han sufrido a gran escala Portugal, Grecia, Turquía o España, con ejemplos en Ávila, Málaga o València) es misión imposible. Es mejor esperar a atacar aquellos frentes donde el fuego permita su extinción, una estrategia que, según señala Delgado, «a veces no se entiende en ciertos pueblos afectados». «El problema es que tienes que esperar el momento adecuado, no puedes atacarlo. Desde el punto de vista de extinción se hace lo que puede, pero la situación es muy crítica y no hay que ir a apagarlo, sino esperar el momento, porque dedicar medios a algo imposible de apagar es consumir recursos y poner en peligro vidas humanas», añade el profesor de la UPV.

Miguel Ángel Botella coincide completamente con el análisis. De hecho, fue una de las estrategias que usaron en Llutxent. «Hubo momentos que no se podía controlar, y solo trabajábamos en las zonas que nos dejaba. Tuvimos que reordenar la estrategia porque es absurdo enviar medios a este tipo de focos convectivos», reconoce. Botella explica que una de sus funciones es la de «generar información útil para las personas que tienen que decidir sobre la estrategia de un incendio». «Nuestra misión es disminuir la incertidumbre ante los fuegos», añade.

El cambio climático ha acelerado el calentamiento global o la aparición de grandes fenómenos meteorológicos como las DANA. Y este implacable futuro provocado por el exceso de gases contaminantes también está ligado a los incendios de sexta generación, que cada vez serán «más frecuentes», afirman los especialistas del fuego. De hecho, los estudios ya demuestran que está siendo así. «Uno de los parámetros que analizamos es el perfil atmosférico, y ese perfil en verano es cada vez más propicio para los fuegos convectivos. Hemos tenido un verano con muchas tormentas, que son un indicador de la gran inestabilidad atmosférica. Este año de momento no ha sucedido nada porque ha faltado combustible, gracias a las lluvias de primavera y verano, pero el peligro está ahí cuando tengamos primaveras y veranos secos...», avanza el analista de la dirección general de Prevención de Incendios.

Recuperar terrenos agroforestales

¿Entonces, si son imposibles de apagar, qué hacemos?, preguntamos a los expertos. Delgado tranquiliza porque asegura que la Comunitat Valenciana «tiene uno de los mejores sistemas de extinción del mundo, incluso un poco sobredimensionado». Pero en este caso lo que mejor funciona es la prevención. «El abandono rural, la densificación de la masa forestal y su extensión» son el gran problema ante los incendios, por lo tanto hay que combatir estos aspectos», recuerda Delgado, que no se cansa de repetir que tenemos «la mayor masa forestal desde el Neolítico».

Botella, que dedica su vida a la prevención, detalla cómo hacerlo. «La prevención con vigilancia es lo primero. Otra línea importante es la gestión agroforestal, con la misión de recuperar los terrenos agrícolas abandonados y ponerlos de nuevo en producción. Y otra cuestión importante son las infraestructuras de defensa, los cortafuegos, puntos de agua...». El analista además añade a esto la «estrategia mosaico» que tiene en marcha la Conselleria de Emergencia Climática, es decir, «generar paisajes resilientes a este tipo de fuegos, que le pongan difícil al incendio su desarrollo, creando discontinuidades aprovechando el terreno forestal y agrícola». Por último, es esencial «tener una estructura de bosque en la que el combustible no llegue a las copas del árbol, con quemas prescritas», es decir, «quemas controladas que frenan el avance del sotobosque y generan zonas que no propagan el fuego».

El profesor Delgado, asegura que la mejor actuación sería «que cumpliéramos todos los planes de incendios locales y planes de demarcación que tenemos y son estupendos». «Hacerlo tendría un efecto inmediato», subraya el experto, sobre los beneficios «de aplicar la ley». Delgado considera que todos los partidos, sean del color que sean, «se basan en la dualidad de ultraprotección y ultradestrucción». «Esto es, todo lo que no sea protegido es susceptible de ser destruido. Y en eso están de acuerdo todos. Y en medio solo hay abandono, porque la protección va siempre en contra de la población rural», lamenta el experto de la Universitat Politècnica.

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