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Una hermana que vino en tren

Amparo Vila

Amparo Vila tenía ocho años cuando estalló la Guerra Civil. También tenía ocho años cuando conoció a Carmen, su hermana madrileña. No la trajo la cigüeña, llegó en tren a la Estación del Norte. Cuenta Amparo que desde la ventana de su colegio en el barrio de Russafa veían el mar. Y no solo el mar. Dice la mujer de 93 años que, aunque parezca increíble, vislumbraban los aviones que venían de Palma de Mallorca para bombardear el cap i casal. «Se acercaban rápido y cuando empezaban a moverse, como sacudirse de un lado a otro, era cuando caía la bomba », explica.

¿Quienes de ustedes se acuerdan de momentos de cuando tenían 8 o 9 años con este lujo de detalles? Amparo sí. «Estas cosas no se olvidan», dice. Tampoco se le escapa cuando su madre llegó a la escuela con Carmen cogida de su mano y le dijo a la maestra si podía incorporarse. «Acaba de llegar de Madrid», le dijo, según relata Amparo. No hubo problema. Desde ese momento, además de compañeras de clase fueron hermanas, amigas. Primero ellas dos, luego la familia Rodríguez. Amparo nombra a «mamá Dominga» y se acuerda también del nombre del novio de la hermana de Carmen, Antonio. «Vinieron aquí porque él era policía de la República y en Madrid ya no podían estar». Y se casaron. Y Amparo fue a la boda. Hay una foto que lo corrobora.

Dice Amparo que no tiene muchas más fotos de esa época. Que eran caras y difíciles de conseguir. Pero se acuerda de que en aquella Estación del Norte, donde llegó su hermana en el tren, había un fotógrafo que hacía retratos. 

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