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El horror de la guerra marcó la vida de María

Isabel y Salvador

Ángela María Luisa Platero Castaño, María Platero o María la madrileña en Almussafes, era la pequeña de cinco hermanos. Emilia, Isabel, Pilar, Ángel y ella. Vivía con su familia en Madrid, aunque sus padres eran de dos pueblos pequeños, Herradón de Pinares y Hoyo de Manzanares. Tras los primeros bombardeos en 1936 evacuaron a los cinco de la noche a la mañana. María y sus hermanos llegaron a València asustados, sin sus padres, pero juntos. Ella tenía ocho años. «Siempre hablaba de esa época, le marcó mucho, la violencia, los cambios», dicen sus hijos. Se refugió en una familia de Almussafes, pero al tiempo volvió a Madrid. «La pareja que acogió a mi madre quería que se quedara, pues había miseria y hambre en la capital, pero ella se quiso ir», relatan sus hijos.

Pero los últimos años de la guerra golpearon fuerte a la familia de María. Una bomba acabó con la vida de su hermana mayor y el hambre y las condiciones insalubres propiciaron la tuberculosis de otra de sus hermanas, que también falleció. En ese momento, María volvió a Almussafes. Se quedó a vivir y se casó, pero nunca perdió el contacto con sus padres y sus dos hermanos, a quienes sus hijos visitan asiduamente. Su casa era Almussafes. La conocían como María la madrileña, ese apodo nunca se fue. Pero ella hablaba valenciano. «Fue aprendiendo y desde pequeña aprendió a hablarlo». «Nunca dejó atrás el sufrimiento de la guerra», dice su hija. «Nos apremiaba a que comiéramos para que no sufriéramos la escasez que ella vivió». A María le gustaba hacer torrijas. Y las compartía con los suyos. Con Isabel y Pedro, también.

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