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| Jueza y exalcaldesa de Madrid

"El virus de la democracia es el enfrentamiento irracional"

La jueza y exalcaldesa de Madrid aboga en su nuevo libro ‘La joven política’ por iniciar una renovación democrática que permita una mejora de las condiciones sociales de los ciudadanos.

Manuela Carmena presenta sobre su nuevo libro «La joven politica». levante-emv Levante-EMV

Se convirtió en alcaldesa de Madrid con 71 años tras ser la candidata electa e independiente de la formación Ahora Madrid, formación que se presentó bajo el paraguas de Podemos. Estuvo en el cargo entre 2015 y 2020, tiempo que a la magistrada y jueza Manuela Carmena, le ha valido para conocer de cerca los entresijos de la política. Sobre su experiencia de esos años reflexiona en el libro La joven política, en el que se muestra muy crítica con los partidos y aboga por una renovación democrática que implique una mayor participación ciudadana, diálogo y tolerancia.

Asegura en su libro que le aburren las entrevistas por repetitivas y plantear cuestiones tópicas, ¿qué le gustaría que le preguntara?

Me refería a cuando estaba en una posición de gestión como alcaldesa de Madrid, a que me hubiera gustado que me hubieran preguntado sobe las cosas que estábamos haciendo en el ayuntamiento, las dificultades que tenía para hacer algo, el haber hecho un seguimiento. Eso lo eché de menos.

Y comparte reflexiones sobre lo más nocivo de la forma de hacer política hoy en día, ¿qué diría que es lo peor?

La dificultad del diálogo político por la creación constante de enemigos internos, por esa manía de que lo que realmente importa es que si tú estas en el ejecutivo y yo en la oposición, lo que tenemos que hacer fundamentalmente es impedir que hagas algo. Ese es el virus que atenaza la política y la gestión pública. Entiendo que lo importante en la política en general es poder hacer lo que tú crees que va a mejorar las condiciones de la sociedad, de la ciudad, del marco en que proyectas tus responsabilidades. Lo peor es la descalificación, el insulto, la incapacidad de verdad de hablar sobre lo que se hace y cómo mejorarlo.

Se muestra crítica con los políticos y el sistema actual de partidos, ¿cómo se lo han tomado sus excompañeros de la gestión pública?

Creo que con silencio, que muchas veces es la primera respuesta ante algo nuevo, luego viene la descalificación y la confrontación. Ahora estoy aislada de grupos y partidos políticos, no he oído ningún comentario en los medios y por tanto no he tenido respuesta.

No le gusta que un recién llegado a un cargo público diga «me voy a dejar la piel en ello, ¿por qué?

Me parece importante demostrar que la actividad política es interesante, bella y que da satisfacción; no creo que haya que plantearla como una especie de heroísmo. La piel es tuya y de los tuyos, me gusta poco esa idea de sacrificio asociada a la política, que tiene que ser una actividad equilibrada y razonable, que nos permita continuar con nuestra vida personal. Que una persona que gestiona lo público tenga una vida personal equilibrada ayuda a gestionar bien.

¿Esa mitificación de lo político puede deberse a que somos una democracia joven?

Somos una democracia joven, pero estamos viviendo los virus de las democracias tradicionales, que tienen mucho que ver con esas estructuras de enfrentamiento irracional, de incapacidad de trabajar en proyectos e ir buscando la confrontación que te permita mantenerte en el poder o acceder a él. Si no llevar las democracias hasta sus últimas consecuencias, se genera un clima en que es fácil que la extrema derecha triunfe. Y la extrema derecha no es democrática; sus planteamientos excluyentes y el racismo incorporado a sus programas indican que no son demócratas y la única manera de combatirlo es con democracia.

También nos acusa a los medios de alimentar la confrontación política, sin embargo la sociedad parece preferir esa bronca a la luz de los resultados electorales y datos de audiencia que premian a opciones que la alimentan.

La sociedad siente que no le gusta lo que se le ofrece, pero carece de puntos de referencia, aún no se han generado nuevas alternativas en el terreno de la gestión política, participación ciudadana y demás.

Lo suyo fue un intento.

Sí, y creo que algunas simientes sembramos pero evidentemente fueron cuatro años que nos resultaron escasos por nuestra propia incapacidad de emplear ese tiempo lo bien que hubiéramos debido. Cuando me doy cuenta de que cuatro años en política son pocos, pienso también que es una barbaridad porque ese tiempo en la vida de una persona es suficiente para hacer algún proyecto. Probablemente no fuimos capaces de hacerlo y eso indica hasta qué punto es necesario revisar la forma de hacer política.

Abre un capítulo de su libro con una frase que le dijo Nicolás Redondo a Marcelino Camacho, «Mientes, Marcelino, y tú lo sabes», para referirse a la mentira en política y lo permisiva que se ha vuelto la sociedad con ella.

Cuando cuento que en un encuentro con niños me preguntaban por qué los políticos mentían, lo hago porque indica hasta que punto hemos aceptado que la mentira forma parte del comportamiento general de la estructura de la política. Y eso es inadmisible en una sociedad en la que no aceptamos la mentira ni en sus relaciones de todo tipo, ni como consumidores, ni en la medicina. Imagínate que todos aceptáramos que los médicos nos dieran diagnósticos falsos, sería un caos.

¿Tampoco se castiga en las urnas?

No, porque la estructura de las urnas está teñida de mentira (ya nos hemos enterado de la vertiente de corrupción que ha sujetado campañas electorales irregulares). No puede ser el proceso electoral el que depure la actividad política, es necesario que haya un código deontológico con consecuencias disciplinarias cuando la clase política incumple sus obligaciones. Y hay que distinguir qué es mentira. No lo es exagerar, equivocarse o cambiar de opinión, pero sí lo es decir, por ejemplo, que los extranjeros cometen más violaciones.

Siendo alcaldesa de Madrid pidió a los funcionarios registrar los insultos que le proferían en los plenos y en declaraciones a los medios. De todas las descalificaciones que ha recibido -ingenua, vieja, roja, blanda, buenista-, ¿cuál le ha molestado más?

De manera genérica, el reproche constante de mentir cada vez que daba un dato y me decían que era incierto. Que me digan buenista o que a la política se viene llorada de casa -frase que le dijo esperanza Aguirre-, me hace darme cuenta del mal camino que conlleva relacionar la política con ese heroísmo. A la política no se va a sufrir ni a combatir; se debe ir con alegría, imaginación e ilusión a buscar lo que nos pueda unir en una tarea común.

Critica que militar en un partido política sea como profesar una religión.

Me sorprendía mucho que a veces para descalificarme me dijeran «eso lo dice el PP». Bueno, ¿y si lo dice y me gusta, qué problema hay en apoyarlo? Por eso se me ocurre sugerir no votar a partidos, sino a propuestas, elegir contenidos que pueden ser de siglas diferentes. El gobierno de coalición de Alemania es el ejemplo de que pueden caber diferentes propuestas y armonizarse en diferentes proporciones.

¿Qué opina de dos políticas actuales en auge como Isabel Díaz Ayuso y Yolanda Díaz?

No tengo contacto ni conozco a ninguna de ellas. La primera es una persona que por su afán de mantener una alternativa de poder -no creo que por convicciones- se está vinculando a la extrema derecha y a las posturas más retrogradas de la sociedad que ya estaban superadas y que en tiempos pasados causaron mucho sufrimiento. De la señora Yolanda Díaz me atrae su discurso, me parece que está intentando hace una nueva política.

¿Se considera feminista clásica o de las que apoyan la ley trans?

Me sitúo entre las que pensamos que cualquier divergencia en el marco del feminismo es interesante y no puede valer para hacer separaciones. Hay que aceptar que hay muchas maneras de entender el feminismo y que todas tienen cabida.

Lo que describe sobre el castigo al discrepante y la falta de debate político no es solo un mal de la España actual.

No, por eso cito a Simon Boyle, una filósofa sagaz, respetable e interesante que en 1948 dijo que la estructura de los partidos políticos es sectaria y que acaban convirtiéndose en un obstáculo para la libertad individual.

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