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Diez inviernos tras la primavera valenciana

Se cumple una década de las protestas iniciadas en el IES Lluís Vives que influyeron en el fin de los gobiernos del PP en la Comunitat Valenciana y marcaron intensamente a muchos de sus participantes directos.

El 15 de febrero la policía detiene a un estudiante del IES Lluís Vives tras cortar la calle Xàtiva, algo que ya habían hecho los dos días previos. AZCÁRRAGA | GERMÁN CABALLERO

Son las cuatro de la madrugada. La recepción de la Facultad de Historia y Geografía está llena de jóvenes sentados, que hablan, que debaten, que proponen. Están allí después de una jornada larga corriendo delante de la policía. La coctelera de las emociones produce bebidas burbujeantes. «Tenemos que quemar València», dice uno de los presentes con la agitación, la indignación y la rebeldía como ingredientes. Su propuesta se topa con una negación. «No», replica un protagonista anónimo, «eso es lo que quieren» dice en referencia a un ellos en el que incluye a la policía y ese amplio ente llamado «poder» representado por el PP. «Mañana saldremos con un libro en la mano, demostrando que somos gente pacífica». Horas después, una multitud en la que tener más de dos décadas sobre el cuerpo suponía situarse en el grupo de los veteranos camina hacia el centro de València ondeando libros. Es primavera en pleno febrero. Cosas de València en 2012.

La manifestación del 21 de febrero se caracterizó porque los participantes llevaban un libro en señal de protesta. EDUARDO RIPOLL | GERMÁN CABALLERO

La primavera valenciana cumple 10 años y para el historiador de la Universitat de València y responsable de la exposición que se pondrá frente al instituto Lluís Vives el próximo martes, Jorge Ramos Tolosa, hoy su significado «se entiende mejor que en aquel momento». «A veces cuesta digerir, son movimientos espontáneos y masivos y mucha gente va desorientada y hay quien actúa con el corazón y hasta que se asume con la cabeza pueden pasar meses e incluso años», añade al tiempo que enmarca los sucesos en torno al IES Lluís Vives y el centro de València «en el ciclo de movilizaciones alimentado por el 15M en el ámbito estatal, por las primaveras árabes en el arco mediterráneo y, como desencadenante, la crisis de 2008, el rescate a la banca y los recortes».

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Qué fue es una pregunta que tiene respuestas más amplias que los propios hechos. Estos son conocidos y más o menos compartidos: crisis y recortes de la Generalitat llevan a los jóvenes del IES Lluís Vives, en el centro de València, a protestar por la situación del instituto; una de esas protestas es cortar la calle Xàtiva, en una de esas detienen a un joven de 17 años y a partir de ahí, los días sucesivos hay más gente acudiendo a cortar la misma calle con una respuesta policial que aumenta conforme lo hacen las críticas. Una espiral de protesta-represión que dura una semana, pero que marca a una generación.

«Todos los que participamos hemos quedado marcados por aquello, fue tan fuerte y tan injusto que se quedó marcado de por vida» recuerda una década después Mariola, estudiante de segundo de bachillerato del IES Lluís Vives. Ella y sus compañeros fueron los que sirvieron de mecha para que saltara aquella chispa. «Éramos un grupo de chavales, no estábamos organizados y todo lo que hacíamos era genuino, pensábamos que era bueno», explica Almudena, parte de ese grupo, quien dice que lo que más le molestó «fue que se nos anulara la voluntad, que dijeran que estábamos instrumentalizados».

Bernat, también compañero y amigo de los tres anteriores, guarda un recuerdo con sabor más agrio que dulce. «Fue un palo muy duro», admite. Los procesos judiciales que vivió después (que acabaron todos sin condena a ninguno de los jóvenes que participaron) y sentir que no se logró nada, ni la reversión de los recortes ni la dimisión de la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Paula Sánchez de León, le amargan el recuerdo y le hacen querer pasar página de aquello. «Peor hubiera sido para los identificados si ya hubiera estado aprobada la ley Mordaza, quizás por eso mismo se puso en marcha», reflexiona el abogado Agustín Arenas, quien se encargó de los casos de la mayoría de detenidos en aquellas protestas.

Sánchez de León no dimitió. Estuvo dos años más en el cargo hasta que se marchó por motivos personales y regresó a su actividad profesional, la abogacía, tras una amplia carrera en el PP que empezó a virar en el momento en que Francisco Camps dejó la presidencia del Consell. Diez años después no quiere hablar, pero en la hemeroteca, en una conferencia de 2014 junto a la entonces alcaldesa de València, Rita Barberà, admite que ese fue su peor momento en la Delegación de Gobierno. «Aquello lo vivimos muy intensamente y produjo ese contagio juvenil en las calles, acababa de llegar y he hecho mucha autocrítica y no ha vuelto a pasar una situación similar», señaló la entonces todavía delegada del Ejecutivo central, quien pidió a los partidos de la oposición que hicieran «autocrítica» por «utilizar mezquinamente las manifestaciones de los estudiantes».

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Sí habla de aquello el eurodiputado Esteban González Pons. En 2012 tenía un escaño en el Congreso y era vicesecretario general del PP, una voz importante en Génova. «Si se evoca descontextualizado, la primavera valenciana parece algo bucólico, como el mayo francés del 68», señala. En su opinión, su importancia es relativa, —«en la manifestación del quinto aniversario fueron cien personas», apunta—, sin salto a la prensa internacional, pero que sí que sirve, en su opinión, «para iniciar el ciclo político de Compromís y el PSPV». «Es verdad que se disolvió, que no condujo a nada, pero si apelara a mi memoria pura diría que el nuevo ciclo político en la Comunitat Valenciana empezó ahí igual que el 15M no llevó a nada, pero tuvo el inicio del ciclo de Podemos», destaca. No obstante, para González Pons eso no supuso el fin del periodo del PP en las instituciones valencianas, esos platos, dice, «se habían servido con antelación».

La comparación con el 15M también la hace Jorge Ramos Tolosa: «Lo que hacen estos movimientos, que no son partidos o sindicatos que tienen muy claro que su objetivo es tomar el poder, es incidir en la agencia mediática y política, cambiar mentalidades. Lo que hizo el 15M y la primavera valenciana fue poner en el centro de la agenda política determinados debates, extender un sentimiento de indignación que luego se multiplicaría por muchos otros lados, por eso hay que medirlos más a medio o largo plazo y sí que fueron fundamentales para la caída de los gobiernos de la derecha en 2015», sentencia el historiador.

Las protestas de la primavera valenciana estuvieron protagonizadas por el estudiantado. El primero en responder fue el alumnado de institutos como el IES Lluís Vives, a los que se unió, tras ver las imágenes, la comunidad universitaria. F

El jueves 16 de febrero, el viernes 17 y el lunes 20 las imágenes de las calles del centro de València muestran las cargas policiales y los choques de antidisturbios con los manifestantes. F

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