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Empeñar para capear el temporal

El Monte de Piedad de València es una institución de plena actualidad. Las crisis, como la actual, la convierten en fuente de financiación rápida y muy fiable

Una gemóloga del Monte de Piedad (ahora Credimonte), analiza un anillo.

Una mujer septuagenaria mete la mano izquierda en su bolso, un tote bag de color marrón desgastado, y saca un saquito de tela. Del saco extrae dos collares y una pulsera de oro y los coloca sobre el mostrador de la ventanilla. A la izquierda, en la sala de espera, aguardan su turno cuatro personas. La tasadora coge las alhajas de la señora, las mira con una lupa, las toca, las pesa, las vuelve a mirar, utiliza una piedra de toque y unos productos químicos y las valora: «Serían unos 1.200 euros».

El próximo 12 de mayo, el Monte de Piedad de Valencia cumplirá 144 años a pleno rendimiento. Fundado en 1878, conserva el espíritu con el que nació: dar préstamos prendarios; esto es, prestar dinero a cambio de custodiar oro y diamantes a intereses muy bajos y sin los papeleos ni la necesidad de una nómina que exigen los bancos. Hablar del Monte de Piedad puede transportarnos a la España en blanco y negro, pero es una institución de plena actualidad. Más ahora, en plena crisis, cuando aparecen las urgencias para buscar financiación. «Hemos experimentado un crecimiento del 2 % con respecto al mismo periodo del año anterior. Viene más gente, hay mayor demanda», explica la directora de la institución, perteneciente a la Fundación Bancaja, Ana Soto. La situación, en todo caso, está lejos aún de la vivida en la recesión de 2008, cuando había colas en la puerta. «Fue cuando más se notó. Esto va en función de los vaivenes de la economía», añade.

Empeñar

En la puerta de Credimonte -rebautizado así «para alejarse del estigma que relaciona al Monte de Piedad con los empeños y más con el concepto de ‘crédito’», explica Soto-, una mujer y un hombre ofrecen sus servicios a los clientes antes de que entren por la puerta. Trabajan para las casas de compra y venta de oro que se agrupan en torno al edificio de València, entre Obispó Amigó y San Francisco de Calasanz, con un afán puramente ventajista. «Nosotros -cuenta la mujer- ofrecemos más dinero a la gente por su oro, y también lo pueden recuperar cuando quieran». La responsable de Credimonte envía un mensaje sobre estas propuestas de dudosa rentabilidad. «Estos comercios no explican correctamente lo que hacen. Ellos compran, así que el cliente pierde las joyas. El Monte de Piedad da un préstamo, así que las joyas siguen perteneciendo a sus dueños», afirma la directora, que aclara así la diferencia de concepto y la distancia ética entre uno y los otros.

Entramos en uno de los comercios y pedimos información. Nos pagan más por el gramo de oro, pero su contrato de renovación es mensual y a un 10 % de interés. Es decir, si nos dan 1.000 euros por unas joyas, estamos obligados a pagar 100 euros cada 30 días para no perderlas. La vendedora nos enseña una bolsa transparente con el anillo de una mujer ‘empeñado’ en 2015, junto al DNI, para hacernos ver que sus clientes mantienen sus alhajas. Pero el contrato que nos enseña lo dice bien claro: si no apareces un mes, al día siguiente las joyas dejan de ser de tu propiedad.

Las condiciones son otras en el tradicional Monte de Piedad. «Aquí el contrato de renovación es por un año, renovable cuantas veces quiera, y el cliente puede recuperar la joya en cualquier momento de la vida del préstamo, preservando así su valor económico y sentimental», explica Soto. Credimonte cobra un interés de entre un 6 y un 8 %, dependiendo de la cantidad, y una pequeña tasa económica por custodia y tasación.

Un dato avala el funcionamiento de esta antigua beneficiencia: el 97 % de los objetos empeñados son recuperados por sus dueños. «Si vemos que no vienen en un año, les llamamos e intentamos ayudarles. Hacemos una labor social. Nos adecuamos a las circunstancias de cada persona», apostilla la directora de la institución.

Las valoraciones cambian con las fluctuaciones del precio del oro y las piedras preciosas en Bolsa. Todos los tasadores del Monte de Piedad están titulados en gemología por la universidad y son expertos en diamantes. El coste del metal dorado está muy alto. El kilo se paga entre 35 y 40 euros, cuando hace cuatro años no pasaba de los 25. «Nosotros le decimos a la gente que no venda el oro, porque es un valor refugio seguro, un patrimonio familiar que te puede servir para obtener financiación en el Monte de Piedad en cualquier momento», explica la directora.

Aunque a nadie le avergüenza pedir un crédito en un banco, todavía existe cierto miedo al estigma social que puede suponer ir a una casa de empeños, «pero es absurdo», dice ella. Aquí el dinero contante y sonante se consigue en el acto, sin todos los farragosos trámites bancarios, y, al final, solo un 3 % de lo que pasa por aquí llega a una subasta anual. «La gente tiene mucho aprecio a sus joyas y pelea por recuperarlas», cuenta Soto. «Lo ven como una opción financiera para un momento puntual de necesidad de liquidez», añade.

Ana Soto, directora de CrediMonte Levante-EMV

Hace unos años que el perfil del cliente empezó a cambiar. El modelo tradicional de quienes acuden al Monte de Piedad en busca de un crédito es el de una mujer de 45 a 60 años. Pero eso era antes. «Cada vez vienen más hombres con relojes, anillos y otras joyas», afirma la directora, que da ejemplos concretos del tipo de clientes y aclara que cada vez son más los que utilizan el Monte de Piedad como fuente de financiación para darse un capricho y no tanto por necesidad. «El otro día vino una pareja de jubilados con un reloj de oro para hacerse un viajecito de fin de semana. Recuperarán el dinero, seguro, como la mayoría. Hace poco vino una señora con su hija embarazada y empeñó su pulsera de oro para comprar un coche de bebé para su hija. O una pareja que trajo parte de sus joyas para financiar el erasmus de su hijo del curso que viene, o un chico sudamericano con un reloj por el que se llevó 600 euros para una tableta con la que hacer videollamadas con su familia», detalla.

Debido al bajo interés, y a los fines sociales y solidarios que persigue el Monte de Piedad, los réditos económicos generan un doble beneficio. «Lo consideramos como un préstamo social», sentencia la directora.

Una tasación en Credimonte Levante-EMV

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