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Jesús Cintora Periodista

Jesús Cintora: "'No vale solo con esforzarse, hay puñaladas traperas"

Jesús Cintora (Soria, 1977) presenta mañana en València su libro ‘No quieren que lo sepas’, en el que critica el clientelismo en la política y en la sociedad y del que culpa, en gran parte, al periodismo

Jesús Cintora. ED.

Su rostro se volvió familiar para los espectadores cuando presentó Las Mañanas de Cuatro y después estuvo al frente de Las cosas claras, que fue retirado de la programación de Televisión Española el año pasado. El periodista Jesús Cintora está de promoción de su nuevo libro, No quieren que lo sepas, y hoy hace parada en València (FNAC), en el que habla de la trastienda de los poderes y del periodismo. 

¿Qué le ha llevado a escribir este libro?

 El libro pretende trazar un mapa de las relaciones de poder, que van desde el poder judicial hasta la gran empresa, pasando por los medios de comunicación y el poder político. Son unas relaciones que van creando una desigualdad cada vez más grande. La Comunitat Valenciana es un buen sitio para presentar el libro, con toda la corrupción que ha habido, donde se ha culminado la punta del iceberg. Y ahí sigue (Francisco) Camps dando lecciones de moralidad. La realidad supera a la ficción. 

Habla de «una democracia falsa», «una sociedad hipócrita» y pone como ejemplo el silencio que hubo sobre el rey emérito. 

Comparo el periodismo de los años 70 y 80, el que yo mamé, con el actual. No es un libro complaciente, sino de denuncia, y muestra realidades en las que tenemos mucho que mejorar. Mira, las noticias que he leído hoy en la prensa digital [el pasado viernes, 29 de abril] cuentan los extraordinarios beneficios económicos de la banca o las petroleras, pero al mismo tiempo el ciudadano sigue pagando más por todo. Es esa desigualdad creciente lo que es grave. ¿Dónde está el poder público, que es el que tiene que tender al interés general? La tendencia no puede ser silenciar al mensajero, que es quien lo tiene que contar. 

Se impone el «periodismo de salón», de «esconder la porquería», relata en su libro. ¿Tiene muy mala salud el periodismo español? 

En los últimos años hay periodistas que, por tratar temas delicados, son apartados, castigados, o directamente se cae en la autocensura. A veces no solo se cortan cabezas, sino que se muestran castigos para asustar. Hay periodistas que han callado temas como el del rey emérito y han recibido premios. Vuelvo a lo de antes: con un periodismo así, la desigualdad aumenta porque el filtro no funciona. Yo reivindico el oficio del periodista, el que separa el grano de la paja, el que distingue la noticia de la fake new. Hay gente que se está convirtiendo en referente del periodismo sin saber separar un bulo de la realidad.

 

¿Qué le diría a los estudiantes de periodismo?

Como vengo a decir en uno de los capítulos, se les pueden dar dos noticias, una buena y una mala. La mala es que, de entrada, en el periodismo hay una precarización creciente; hay un interés de determinados poderes fácticos porque no se toquen determinados asuntos y, si se tocan, te pueden cortar la cabeza y eso lleva a la autocensura del gremio. Y la buena, aunque depende como se interprete porque nos ha llevado a una crisis de la profesión, es que la revolución tecnológica que vivimos da pie a la imaginación, a la creatividad, y puede ser una ventana para que te llame uno u otro medio. Las nuevas tecnologías te brindan terrenos para explorar un campo que está absolutamente por conocer, donde cada uno puede aplicar su propio ingenio. Nos abren un escenario que no sabemos cómo va a ser, va a ir evolucionando de una manera tremenda. Por eso hago un llamamiento a quienes quieren ser periodistas para que tengan esa iniciativa. 

Elon Musk ha comprado Twitter alegando que es por el bien de la libertad de expresión.

Que un tío así compre Twitter no es un gesto altruista. No lo hace para ser la madre Teresa de Calcuta, sino porque quiere una plataforma de influencia. Tener un medio es poder. No es necesariamente malo, pero lleva a pensar. 

Una sociedad sin periodistas rigurosos es lo que quiere el poder, viene a decir. 

Hay un exceso de periodismo de declaraciones. Escribo libros como este porque creo en una sociedad que trabaja el sentido crítico. Una sociedad con espíritu crítico es una sociedad mejor. En el libro pongo el ejemplo del penalti, de la ‘futbolización’ de la política. Por mucho que lo haya revisado el VAR, los hinchas de los dos equipos seguirán discutiendo. Me opongo a ese forofismo que vivimos como sociedad, como el que vivimos con la pandemia de si el culpable era Pedro Sánchez o Ayuso. Eso son formas de simplificar, de despistarnos y de señalar como culpables a unos y otros aunque lo muestre la repetición, como en el penalti. Creo en una sociedad con capacidad crítica, pero se tiende más a hacer de los ciudadanos unos soldaditos. Dentro de los partidos políticos pasa igual. Se carece de debate interno. Están los de Casado, los de Sánchez, o los de Yolanda y los de Iglesias. Todo está polarizado. El debate interno no existe. Los partidos políticos tienen que ser instituciones vivas. 

¿Por qué se canceló su programa en TVE?

La televisión pública nos hizo un encargo, un programa hecho para el público, y se quitó. Deberían explicarlo los que lo quitaron. Era un programa con una vocación plural en todos los sentidos. Cuantas mas voces haya en los medios, mejor. Lo que no se puede hacer es silenciar ninguna. Algunos tienen la tentación de hacer callar. Hay programas que tienen menos audiencia y siguen ahí. Fue una cacería absoluta a un programa plural y riguroso. Nos machacaron pese a que iba bien. El programa tuvo muchos apoyos de mucha gente de bien. Voy por la calle y mucha gente no entiende que quitaran este programa de la televisión pública. Tenía una buena audiencia con una tendencia ascendente. Que ocurra esto es tremendo y da que pensar. Y te cuento mi caso particular, pero hay otros muchos. Frente a eso creo que no hay que callarse. Algunos quisieran que otros estuviéramos ya callados para siempre. Pues no, mientras haya salud, hay que seguir adelante.

¿Da más detalles en su libro?

El libro cuenta cosas que habitualmente no se cuentan en los grandes medios. Es un libro delicado, porque el que lo lea le va a abrir los ojos. Habla del contraste de alguien como yo que trabaja en el pueblo desde pequeño, que consigue las cosas con esfuerzo, pero que a medida que sube en la profesión ve que no solo vale con esforzarse, sino que hay puñaladas traperas. Pero mientras hay vida, hay esperanza. El libro acaba con una mensaje positivo.  

La gente tiene que tener parte de responsabilidad, ¿no?

Nos viene una época delicada por la inflación, y venimos de una pandemia. Es un río revuelto. El libro no deja de ser un mapa, para que la gente esté al loro de lo que hay. La gente tiene que tener la iniciativa, ha de empujar y no meter la cabeza debajo del ala. Estamos en un país en el que conseguir cosas ha costado muchas luchas, como la de la mujer o los trabajadores. Con la que está cayendo, o la gente se espabila o la desigualdad se nos come. Mira como el pequeño comercio está cerrando por los oligopolios, como los poderes económicos están cada vez más concentrados en pocas manos. Al mismo tiempo, las rentas de los trabajadores se estancan. La gente tiene que despertar. Estamos en un momento en el que poder salir un día al mes a cenar es una satisfacción, pero está habiendo un claro retroceso para la gente trabajadora, mientras se lucran la banca, las eléctricas, las petroleras o las constructoras. Vivimos en un país donde un chaval con dos carreras está condenado a trabajar por mil euros. ¿Cuánto puede aguantar en esa situación? ¿Hasta cuándo podrán seguir los jóvenes viviendo de las ayudas familiares? 

Pero, ¿va a volver a la televisión?

Mi actitud está en volver. Ha habido un tiempo que he estado fuera, pero por supuesto que hay ideas y proyectos para volver. Tengo 45 años y quedan muchas cosas por hacer. 

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