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La política es ya de las mujeres

El salto de la igualdad formal a la real se visualizó hace una semana en la última remodelación del Consell, con más carteras en manos de mujeres que de hombres y un pleno de síndicas en las Corts. Nada baladí.

Toma de posesión del nuevo Consell, en el que la presencia de mujeres es ahora mayoritaria. f.bustamante

De ocupar la periferia, a los centros de poder. El difícil camino desde la igualdad formal a la real se materializó hace apenas unos días en una fotografía, la del último gobierno del Botànic, que no debería ser ya noticia pero que en pleno siglo XXI aún lo es. Siete mujeres, cinco hombres. Números, en todo caso, fiel reflejo de la composición de una sociedad donde ellas son el 51 %. «Apostar por nosotras no es ir contra nadie, es defender los derechos de la mitad de la población. Y siempre existe el peligro de que se puedan perder». La frase, certera y premonitoria visto lo del Senado de Estados Unidos con el aborto, resonaba hace casi tres años y medio en el Paraninfo de La Nau. La reflexión la lanzaba aquel día Julia Sevilla, profesora honorífica del Departamento de Derecho Constitucional de la Universitat de València, al recibir la medalla de la institución por sus estudios en Derecho Constitucionalista con perspectiva de género. Reitera ahora que el camino hacia la plena equidad «sigue plagado de obstáculos, pero la batalla de la visibilización puede ganarse». Con ser importante la mayoritaria presencia femenina en el nuevo Consell, para Sevilla es trascendental que las portavocías de los grupos parlamentarios estén en manos de mujeres y que la del PSPV, en concreto, haya recaído en Ana Barceló. «El mensaje que se lanza es que reuniendo todos los requisitos de profesionalidad y valía, ser mujer ya no es un problema para ostentar un cargo», razona, para enfatizar: «Eso tiene aún hoy todo el valor».

Una mirada retrospectiva sirve para valorar el papel jugado por la Ley de Igualdad de 2007, que establecía la obligación de los partidos de presentar listas paritarias a las elecciones. Aquella normativa, tan necesaria, fijaba que las agrupaciones no podían tener menos de un 40 %, ni más de un 60 % de miembros del mismo sexo. Sin embargo, tuvo que ser avalada por el Tribunal Constitucional tras el recurso presentado por el Partido Popular. El argumento de los populares, desestimado finalmente por los altos magistrados, se articulaba sobre la presunta inconstitucionalidad que suponía «quebrar la igualdad jurídica de los elegibles en nombre de la promoción social de la mujer, del hombre, del anciano, del joven (...), o de la minoría cultural o religiosa, por valiosa o deseable que pueda ser la mejora de su condición». Postulado del que discrepa frontalmente la socióloga Capitolina Díaz, para quien la legislación que ha promovido acciones positivas ha sido clave. «El movimiento feminista en la calle, las políticas de igualdad y las mujeres políticas feministas son decisivas», desgrana. Punto en el que recuerda la transformación que desencadenaron las leyes contra la violencia de género, de igualdad y de universidades aprobadas por el ejecutivo que presidía José Luis Rodríguez Zapatero. «Yo estaba en aquel Gobierno, recorrí buena parte de Europa explicándolas y vi que generaban envidia y aplausos de los países más avanzados», rememora.

Díaz, que fue la primera directora de la Unidad de Mujeres y Ciencia, así como directora general para la Igualdad en el Empleo del Gobierno Zapatero, coincide con Julia Sevilla en que no se puede bajar la guardia. «Todo lo que funciona bien es susceptible de empeorar y además no es suficiente con tener más mujeres al frente de las instituciones, han de tener conciencia de igualdad», advierte. Como ejemplo, ambas expertas destacan la importancia de contar con figuras comprometidas como Gabriela Bravo en un área tan sensible y potente como Justicia. Su apuesta por erradicar la prostitución es «fortísima», aseveran. «Estamos hablando del negocio del siglo y, mientras exista, no seremos iguales porque podremos ser compradas», razona Sevilla. Precisamente la consellera Bravo, ahora en Cuba presentando el modelo valenciano de Justicia gratuita, coloca la lupa sobre el necesario recambio en los puestos de liderazgo. «La experiencia nos ha demostrado que nuestra participación en la agenda política contribuye a que se tengan en cuenta temas que benefician al conjunto de la sociedad, como la legislación contra la violencia machista, la salud reproductiva o la lucha contra la brecha salarial», enumera. No deja escapar la ocasión para denunciar la barrera que aún frena el ascenso a los puestos directivos en el mundo empresarial. «Es fundamental que desde la política sigamos dando ejemplo, rompiendo estereotipos y trabajando para acabar con la desigualdad», sostiene Bravo.

Aunque bajo siglas distintas y de generaciones en ocasiones distantes, la mayoría de voces pulsadas convergen en una idea común, la de mantener la alerta activada por temor al retroceso. Con la ultraderecha dispuesta a dar el zarpazo en cada recoveco, Rosa Pérez Garijo, consellera de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática, echa la vista atrás para recordar todo lo conseguido en los años de la Segunda República. «De 1931 a 1939 se conquistaron muchos derechos y quién les iba a decir a nuestras abuelas y madres que los perderían, además durante tantos años», lamenta. Admite que el de la política es un espacio «difícil», como el jurídico, donde se generan decisiones trascendentales para acompañar la vertiginosa metamorfosis social. «Yo vengo de una organización política, Esquerra Unida del País Valencià, donde el papel de las mujeres ha estado más normalizado, pero hemos de interiorizar que se han de ir asumiendo más cargos de responsabilidad porque es la mejor medida de la salud de la democracia», remarca.

En esa tarea de ser reconocidas como sujetos de derechos, sociólogas y constitucionalistas coinciden en que la conquista del espacio público «es fundamental». «Que estén mujeres al frente de conselleries y de las portavocías es crucial, porque de entrada aunque hay problemas que implican igual a todos y todas, hay otras cuestiones que nos preocupan solo a nosotras», argumentan. La nueva consellera de Educación, Cultura y Deporte, Raquel Tamarit, aludía también a la importancia de contar con una amplia representación en el segundo escalafón de la Administración valenciana, así como al aumento de alcaldesas. «Si volvemos la vista solo diez años atrás, el salto es importante y estamos rompiendo la visión patriarcal de la política», comenta. Se pregunta, además, cómo resultaría la redacción de un Estatut d’Autonomía bajo concepciones feministas. Pero el dedo en la llaga lo sitúa en las renuncias dolorosas que aún han de realizar ellas, casi nunca ellos, para dar el salto. Donde es necesario ese «plus de valentía», como resalta Tamarit. «El coste personal continúa siendo más alto al ser y ejercer de madres en un mundo que no está construido para compaginar demasiado bien eso», medita. «Somos un colectivo vulnerable aún y más cuando la situación de partida socioeconómica no es favorable», puntualiza la consellera.

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Acompañar en el empoderamiento

A la pregunta de si esta amplia presencia de mujeres va a cambiar la forma de hacer política, la síndica de Compromís, Papi Robles, es rotunda: «No hemos de ejercer de la misma forma que hemos visto hasta ahora, sino con modelos de liderazgo muy diferentes». Y apostilla: «Perseguimos liderazgos transformacionales que no se hagan indispensables, pero que sí acompañen a los grupos en su empoderamiento y que sean dialogantes, capaces de escuchar». Robles va más allá, al reforzar la idea «de la empatía a la hora de negociar, sin el pistolerismo de toda la vida, sino desde el entendimiento». En definitiva, con unas formas integradoras que coloquen la lupa en aquellos sectores que tradicionalmente han sufrido la discriminación. «Queda mucho por hacer, pero somos nosotras las que hemos de liderar esos cambios», comparten Robles y Tamarit.

Las conquistas no han llegado de forma natural, como razona Marcela Jabazz Churba, doctora en Sociología y profesora en la Universitat de València. «Han tenido que ser impulsadas por un movimiento social democratizado que es el feminista, circunstancia que obliga a un control y una defensa permanente de lo ganado», subraya. No hay más que ver las Cortes de Castilla y León, donde la alianza ultraconservadora entre PP y Vox se salta del mandato legal con solo tres mujeres por nueve hombres. Experta en políticas públicas y estudios de género, Jabazz profundiza en otro aspecto no menor, lo diferentes que son las experiencias vitales de mujeres y hombres. Algo que permite a las primeras enriquecer la gestión colocando a las personas en el centro, combinando la rentabilidad económica y la social sin reducirlo todo a la productividad y la competitividad. Por no hablar de otro parámetro que considera diferencial, la resolución pacífica de los conflictos. «Para romper los círculos masculinos que no nos dejan entrar, para poder transformar la cultura de una organización, necesitamos no una, sino muchas mujeres», refuerza. «Es lo que sucede ahora en la Comunitat Valenciana, porque si es solo una a veces tiene que adoptar roles masculinos para sobrevivir en esos ámbitos», apostilla. Algo nada baladí.

La educación es otra de las vigas maestras hacia el perseguido empoderamiento. Tanto Marcela Jabazz como Capitolina Díaz señalan la importancia de colocar al frente de un departamento como Universidades e Innovación a Josefina Bueno, que ya fue directora general de Universidad, Investigación y Ciencia en el primer Botànic. Precisamente la nueva consellera ahonda en la necesidad de avanzar en la «normalización» de la presencia femenina en los círculos de poder, aunque admite el peso de las referentes para las nuevas generaciones. Bueno se desayunaba el jueves con la «muy mala noticia» en la radio de que los estereotipos de género siguen funcionando en el imaginario colectivo, apartando a demasiadas estudiantes de las matemáticas, y por ende de las carreras técnicas. «Si no acabamos con esos sesgos, no solo condenamos a las niñas a unas determinadas profesiones, sino que nos quedamos sin el talento de la mitad de la población», desgrana. La Formación Profesional es otro capítulo en el que avanzar. «Hay ramas donde apenas hay chicas, algo que no podemos permitir en una sociedad mixta y diversa», confiesa Bueno, quien echa de menos más fotos, películas o series donde aparezcan distintos roles, otros espejos en los que mirarse. «Gracias a muchas mujeres comprometidas que han ido empujando y a que tenemos conciencia colectiva hemos ido escalando, pero hemos de seguir», manifiesta.

A la cabeza del país

Para Pilar Lima, síndica de Unides Podem, la apuesta del Botànic supone un claro avance de la democracia «que nos pone a la cabeza del país». Pero no deja escapar la ocasión para enviar un recado a las fuerzas menos progresistas. «Aunque no todas seamos feministas, paradójicamente sí que hay que decir que estamos aquí todas y cada una de nosotras gracias a las conquistas históricas feministas. Hoy podemos estar aquí todas, incluso las abiertamente anti feministas, gracias al feminismo, gracias a que otras mujeres pelearon y consiguieron el derecho a la participación política», explica. Lo crucial, a su modo de ver, «es desarrollar políticas que faciliten y dignifiquen la vida».

«Es una visualización clara de hacia dónde ha de ir la política, cada vez más feminizada y con cada vez más presencia de mujeres», refrendaba la consellera de Agricultura y Transición Ecológica, Mireia Mollà. Aunque como recuerda a menudo la vicepresidenta Mónica Oltra, «no todas las mujeres en posiciones de poder feminizan la política», pero insiste en que «este Consell con mayoría de mujeres trabajará por poner en el centro de su política a las personas desde una mirada amplia y diversa». «El feminismo es la ideología de la visión global del mundo y de todas sus diversidades como una riqueza imprescidible para la vida», dice, para recordar que Compromís es el que más mujeres aporta al Gobierno de coalición.

La síndica del PSPV-PSOE, Ana Barceló, celebra, por su parte, que los seis grupos parlamentarios cuenten con una mujer como portavoz, por lo que supone de «fortalecer la democracia». Y apostilla acto seguido: «Porque sin mujeres eso no es posible». Aunque la exconsellera de Sanidad alude a la necesidad «de seguir dando pasos para pasar de una igualdad formal a una real». «Este es el ejemplo más claro de que las mujeres tenemos que alcanzar las cuotas de poder y representatividad», al tiempo que señalaba que una vez cerrada su etapa al frente de la cartera de Sanidad, en este nuevo camino «seguiré defendiendo desde el hemiciclo las políticas que se están impulsando desde el Consell de Ximo Puig y trabajando por fortalecer el Estado de Bienestar valenciano». En la misma línea, la nueva consellera de Política Territorial, Movilidad y Obras Públicas, Rebeca Torró, se enorgullece de que el Botànic «pueda servir de referencia al sector privado valenciano y también a la sociedad».

Anhelo compartido de «normalización»

A pesar de las divergencias políticas, tanto las socias del gobierno como las portavoces de la oposición confiesan un mismo anhelo, la «normalización». «Ojalá llegue el día en que no sea noticia esto de ahora, porque eso significaría que hemos alcanzado la igualdad real en el acceso a los puestos de responsabilidad», resume Ruth Merino, síndica de Ciudadanos. Merino resalta que todas han llegado ahí por «méritos propios», algo que reafirma María José Catalá. «Estamos cada vez ocupando más espacios de dirección por méritos, por experiencia y por esfuerzo», según la síndica popular y también portavoz en el Ayuntamiento de València. «De cara a nuestras jóvenes es un ejemplo de que ellas pueden y deben, es importante que tengan referentes no solo en la política sino en la ingeniería y que vean que se las puede representar y que ellas pueden convertirse en las líderes en un futuro», insiste, dejando constancia de que en el PP «muchas mujeres rompieron techos de cristal». Aunque quede trecho por recorrer, de momento en la política valenciana se están dando verdaderos pasos de gigante.

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