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"Me he convertido en la ‘bestia negra’ de mis paisanos. ¡Paciencia!"

Antonio Saura MANUEL RUIZ TORIBIO

Sueca, 3 de junio, 1951

Amigo Saura:

Había retardado deliberadamente mi carta, acusándote recibo de tu catálogo y tu «programio», porque esperaba encontrar un rato libre que me permitiese escribirte con alguna extensión. Ayer me llegó tu carta, y me parece que ya no debo aplazar por más tiempo esta respuesta. Me extraña que no hayas recibido Verbo; Albi quedó en enviarte un ejemplar. De todos modos, yo te envío uno por correo certificado. Te advierto que Verbo no es una revista surrealista: es teniendo en cuenta esto que la has de juzgar. No obstante, y en la medida que nos ha sido posible, hemos dado en ella cabida a colaboraciones y estudios surrealistas (Eluard, Ory); también, durante algunos números, dimos en sus páginas algunas muestras de cierto ensayo de «ismo» titulado introvertismo, que dirigía Albi y que alguien calificó irónicamente de «surrealismo de derechas» ‑y en el cual, dicho sea de paso, yo no tuve nada que ver. Este último número dedica poca o ninguna atención a estas cosas. La Antología tardará todavía en salir, por razones algo difíciles de explicar; desde luego irás en ella. Ciertamente —y creo que ya te hablé de ello— se nos han presentado numerosos problemas de selección, y en general, de fijación de límites. El primero, determinar qué hay que entender por surrealismo. Por de pronto, y con la sana intención de precavernos contra posibles objeciones, ya lo distinguimos del «nerudismo». Pero aún así, queda en pie lo que en sentido estricto hayamos de entender por surrealismo. Cuando uno se sirve de un término como ése para acotar un sector de la producción literaria moderna no tiene más remedio que decidirse entre una de estas dos posibilidades: o se acepta como surrealista lo que los críticos (bastante despistados) han convenido en agrupar con esa denominación, o hay que ceñirse a la definición dada por el correspondiente pontífice. Pero, aún dentro de esta segunda posibilidad, la cosa no es nada sencilla. Si nos inclinamos por la fórmula de André Breton en el «Primer Manifiesto» («automatismo psíquico puro, etc.»), tenemos que en toda la producción española apenas si media docena de poemas se ajustan a ella. Pero si pensamos en el Breton de la «Ode à Charles Fourier» —que supone, no la abdicación del automatismo, sino la entrada en el poema de elementos voluntarios y significativos—, el concepto de surrealismo se ensancha bastante para incluir a mucha gente: a casi todos los que hemos seleccionado. Gracias por recordarnos el nombre de Picabia, a quien, naturalmente, cabe considerar español, como a Picasso. Creo, sin embargo, que nos será difícil conseguir algún texto suyo. Lo buscaremos, naturalmente.

Dices que, en tu opinión, los poemas de Dalí no merecen ningún interés. Dalí no irá en nuestra antología por la razón de que, en última instancia, su puesto está en la literatura catalana. Pero a mí me parece que, desde el punto de vista surrealista, lo único interesante de Dalí es su literatura. Su pintura tiene todos, o casi todos, los caracteres de una estafa, como tal pintura. No dudo que su sistema «crítico-paranoico», o como se llame, puede facilitar la «conquête de l’irrationnel». Creo que una cosa es «conquistar» lo irracional (lo que hacen también, algo científicamente, los psicoanalistas y los teóricos de la mística), y otra, muy distinta, que el pintor —o el poeta— sea él mismo materia de dicha conquista, quiero decir, que lo irracional forme parte esencial de su mecanismo creador. Para mí, el pintor surrealista-tipo sería Joan Miró (el Miró de los últimos veinte años, claro). Me gustaría conocer tus ideas sobre esto. Cuando te decidas a escribirme una nueva carta-telegrama, acuérdate de ponerme unas palabras sobre el particular.

¿Cómo ha acogido la crítica tu exposición en Buchholz? Supongo que no se habrá excedido en el elogio ni siquiera en el estímulo. No creo, por lo demás, que tú necesites nada de esa gente. Suelen tener una mentalidad tenebrosamente mesocrática. Recuerdo haberlo dicho así una vez, en Verbo, de uno de ellos —de Azcoaga—; el cual se me enfadó lo suficiente para que yo me convenciese de que mi juicio no era inexacto. En un periódico de «provincias» —de Pamplona, creo— vi una nota donde te aludían, de pasada, junto con Valdivieso; el autor del suelto, un tal Ángel Crespo, después de elogiar a Gregorio Prieto, se metía, a vuestro propósito, con el academicismo de vanguardia.

Bueno, veo que esta carta es excesivamente antitelegrama. Termino. Hasta la otra.

«me he convertido en la ‘bestia negra’ de mis paisanos. ¡Paciencia!»

Sueca, 2 setiembre 1951

Amigo Saura:

Me alegra encontrarte bien predispuesto a ilustrar el número de Verbo dedicado al surrealismo. Desde luego, aceptamos la condición de que seas tú sólo quien lo ilustre. Nuestro problema era encontrar a alguien que lo hiciese con la necesaria fidelidad a su contenido. Creo que tú acertarás a ello, por la rabiosa pureza con que comulgas en el surrealismo. De no haber accedido tú, nos limitaríamos a reproducir dibujos de algún otro pintor igualmente significado.

Procuraré que te sean devueltos los originales, aunque no te puedo responder del estado en que queden; recomendaremos en los talleres que los traten con todo cuidado. Y te agradezco por adelantado, y mucho, que me permitas retener uno para mí.

La edición comenzará, probablemente, a fines de este mes. Albi marcha unos días a París, y a su vuelta entrará el número en la imprenta, pues ya lo hemos dado por completo. Espero que no tendremos dificultades con la censura, que siempre se han portado comprensivos con Verbo. Es, por lo demás, el único obstáculo que se presenta por delante.

Ahora me permitirás que me meta en lo que no me importa. De tu carta deduzco que tu voluntad de aislamiento, si cabe decirlo así, es honda y meditada. Lo —y la— comprendo. Pero, ¿crees que es acertado llevarla a ese extremo? Uno debe apechar con la circunstancia que le ha tocado vivir, y aprovecharla para luchar contra ella, si lo cree justo o necesario, incluso. Los poemas que, uno tuyo en una revista española de hoy, encontraría alrededor, te lo emporcarían, no lo dudo; ¿pero no será peor dejarlo inédito? Y digo peor, sin pensar en motivos de vanidad o cualquier otro de tipo literatoide. Se escribe —y se pinta, supongo— por algo más que por una necesidad íntima de liberación; a veces un poema tiene algo de semejanza con un vómito (tal lo he sentido yo en alguna, más de una, ocasión); pero aunque lo vomitado no tenga utilidad para un tercero (y yo creo que sí la tiene, y en ese caso no tenemos derecho a privársela), aunque no tenga tal utilidad, digo, el espectáculo de vomitar ya contiene su lección. El surrealismo o es revolución —en el único sentido lícito de la palabra— o sería un esteticismo más, un narcisismo injustificado. Y para conseguir lo primero, no hay más remedio que codearse con quien sea, y hasta meterse de contrabando donde sea. Al fin y al cabo, quien no sea tonto sabrá apreciar las diferencias; y quien sea tonto te confundirá con los demás —un Nieva o un Ory, por citar los que tú citas— aunque nunca te hayan visto junto a ellos.

Bueno, dejemos eso. No tienes necesidad de suscribirte a Verbo. Yo continuaré mandándotelo con puntualidad, pues suelo disponer de unos cuantos ejemplares de cada número. Buscaré si me queda algún número atrasado y te lo enviaré también.

Escríbeme ese telegrama largo que me prometes, y mándame los dibujos cuando quieras. Un saludo.

Sueca, 30-XII-1964

Amigo Saura:

Gracias por tu buen recuerdo. Sí: hace mucho tiempo que no debes saber nada de mí: por lo menos, directamente. Yo he ido recibiendo, de vez en cuando, tus papeles y catálogos, y en libros y revistas encuentro a menudo referencias a tu obra. Me hubiera gustado pasar a visitarte un día, pero voy poco a Madrid, y cuando lo hago casi nunca dispongo de tiempo para nada. Por mi parte, hace unos años que me dedico «profesionalmente» a eso que llaman «literatura»: pretendo ganarme la vida escribiendo. El oficio es triste y agobiante, pero me parece que no sirvo para otro. He publicado unos cuantos libros o libritos: unos veinte, quizá más, no sé. En catalán, que es la lengua de este país. Son libros de ensayos, de historia literaria, de política —digamos política—, de crítica. Un par de ellos han sido traducidos al castellano. Uno, concretamente, El descrédito de la realidad, apareció hace tiempo en la Biblioteca Breve. No sé si te lo envié. Trata de pintura, por cierto, aunque sospecho que hoy, a los diez años de publicado, debe resultar bastante ingenuo y completamente «fuera de lugar». Colaboro en algún diario de Barcelona. También lo hacía, antes, en la prensa de Valencia, hasta que las «fuerzas vivas» me pusieron el veto. Fue a consecuencia de otro libro —éste en castellano— El País Valenciano, que irritó terriblemente a autoridades y jerarquías. En cierto modo, me he convertido en la «bestia negra» de mis paisanos. ¡Paciencia! Por lo demás, la censura me dedica su más cariñosa atención —permiso denegado para dos obras, y una tercera muy mutilada, en el año que ahora acaba—, y así voy tirando. En fin... Si quieres que te envíe alguna de las cosas que hago, dímelo. Lo haré con gusto. Y tú, no dejes de mandarme, como hasta ahora, los impresos que te afecten.

Mis mejores augurios para 1965.

Cordialmente tuyo.

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