23 de noviembre de 2009
23.11.2009

R. Tortajada y sus circunstancias

Julián García Candau

23.11.2009 | 15:40

El descubrimiento de la presidencia el Valencia Fútbol Club de Josep Rodríguez Tortajada ha servido para que gentes que nunca se interesaron por la memoria histórica, lo estén haciendo partiendo de un hecho deportivo. Rodríguez Tortajada, quien está entre los personajes valencianistas de mi libro «El deporte en la Guerra Civil», y disculpen que como Paco Umbral, hable del mismo, no es más que uno de los muchos nombres que convendría reivindicar al tiempo que situar cada caso en las circunstancias que condicionaron su paso por la contienda.
He leído estos días las opiniones favorables a su inclusión en la lista de presidentes del club lo que me complace plenamente, y sin matices, como he leído en alguna declaración. Las circunstancias las voy a explicar, pero afirmar que fue elegido en circunstancias no democráticas me obliga a decir que tales condiciones fueron obligadas por el golpe de Estado de los generales. Fueron estos quienes se rebelaron contra la democracia republicana y de ello todavía hay gentes que deben arrepentirse y no me refiero a los descendientes de los nefastos protagonistas porque nadie es responsable de lo que hicieron sus abuelos En plena guerra hubo sociedades en las que las cabezas pensantes dieron con la fórmula idónea para que no se produjera la incautación no deseada que no era otra que la de los anarquistas. Ocurrió en clubes como Madrid, Barça y los de Valencia incluidos Levante, presidido por Tomás Carsi Coll y Gimnástico, dirigido por Enrique Cervelló.
Según los medios informativos, el Valencia fue incautado por los acomodadores afiliados a UGT. En la nota de la incautación se convocó a los jugadores profesionales a la reunión en el Gran Teatro «para llegar a un acuerdo sobre la marcha a seguir».
Jugadores y empleados nombraron la comisión gestora que quedó así constituida: Presidente, José Rodríguez Tortajada; vicepresidente, Julio Balanzá Pascual; secretario, Luis Colina; vicesecretario, José Clavo Grancha; tesorero, José Sancho Climent; contador, Enrique Cano Sayas; vocales, Manuel Aleix Aparicio, Carlos Iturraspe Cuevas, Guillermo Villagrá Azcona, José Llopis Burgos y Vicente Piquer Lloréns. De entre estos hombres fueron elegidos los responsables de la comisión de campo, delegado en la Federación de Espectáculos y delegado en la Federación de Fútbol. Vista la lista, no parece que fuera una colección de rojos. No obstante, se aprobó la adhesión incondicional al «Gobierno legítimo de la República y al Frente Popular». El Valencia de la posguerra mostró su apoyo incondicional, con el lenguaje de la época, al Movimiento Nacional y de manera más obsequiosa.
El club, gracias a la comisión gestora, pudo mantener su existencia y participar en la Copa Mediterránea cuya consecuencia final fue la Copa del presidente de la República ganada por el Levante al Valencia, en Sarriá, y la disputa de partidos del denominado Superregional.
Las incautaciones fueron generales y por ellas pasaron la pilota, (Pelayo), el Club de Tenis y las instalaciones de Las Arenas.
Los hombres el fútbol trataron de mantener los clubes con vida y a pesar de las condiciones tan desfavorables con que acabaron el conflicto Mestalla y el Camino Hondo, durante un tiempo se mantuvo la actividad y las plantillas profesionales.
La memoria histórica tiene otros muchos deportistas que reivindicar. José Lloréns Catalina, Pepe Lacomba, el primer gran campeón de atletismo valenciano y propagandista del mismo tuvo que exiliarse. Monolo Torres «Botacadires», así apodado porque era campeón vallista y se entrenaba con sillas por falta de material, y su esposa, Juana Reynés, campeona en velocidad, pasaron por las cárceles de Valencia. Manolo, en Porta Coeli. Las hermanas Azzati, también atletas, que figuraban como Pepita y Angelita Soler fueron al exilio como su prima Alejandra Soler, heroína en la batalla de Stalingrado donde salvó a sus alumnos
El mismo camino tuvo que hacer Martínez de Alfara, enterrado en Mar del Plata (Argentina). El boxeador villarrealense, Antonio de la Mata, de historial extraordinario en América, fue asesinado en la cárcel de Castellón tras un vergonzante juicio en el que no se le pudo probar ningún delito. Pascual Montañés Martí, ex jugador del Castellón y del Valencia, murió a consecuencia de las palizas que recibió en Porta Coeli. A Cayetano Uribes Moreno, jugador de rugby, lo fusilaron tras la guerra como a su hermano médico. Su mayor culpa fue ser hermanos de Vicente Uribes diputado del PC y hombre importante del partido exiliado en la Unión Soviética. Del grupo de deportistas de la época, el más destacado era Constantino Georgakopulos, jugador de rugby y balonmano y entrenador de estas especialidades. Fue secretario y guardaespaldas de Juan Negrín y murió asesinado en Francia.
Tonico Conde, famoso interior del Valencia, era de izquierdas y ello le costó pasar por la cárcel y al salir de San Miguel de los Reyes, fue condenado al destierro y por ello acabó su carrera en el Betis y en el Granada. Domingo Torredeflot «Chevrolet» al final de la guerra pasó a Francia y fue llevado al campo de concentración de Gurs donde compartido barracón con Salvador Artigas, el último aviador de la República, que luego fue entrenador del Valencia formando tándem con Enrique Buqué.
Campo de concentración y hambre insufrible padeció Antonio Pérez, quien de la Batalla del Ebro acabó en los campos de Saint Cipryen y Agde. En este comió unos días gracias a que iba a jugar un partido. Juan Bautista Lloréns, militarmente capitán de Trasportes, siete veces campeón de España en velocidad, tras moto y fondo en carretera, tres especialidades distintas que nadie había ganado, además de un puñado de títulos valencianos, murió de neumonía en Madrid al volver al frente de Cuenca. Su biografía, por rojo, nunca la publicó «Marca» que hizo colección de grandes campeones. Paisano suyo, también ciclista, fue Pascual Saura, quien llegó a comandante y vivió exiliado en París. Mientras Antonio Escuriet formó parte de la Brigada Ciclista y ello le libró de los tiros, Bautista Salom, joven de gran porvenir, se supone que murió cerca de Segorbe. Allí había ido a ver a su hermano. Nunca pareció su cadáver ni la bicicleta con que se desplazó
Arater, defensa lateral derecho del Levante quien formaba pareja con Calpe padre, murió en el frente de Teruel. Por la misma zona tomó el fusil el setabense Richart, jugador del Valencia; y de ella bajó varias veces Dolz para jugar con el Levante.
Por el proceso depurador de la posguerra, que para algunos como primera sanción fue de seis años, castigo que fue siendo rebajado para permitir que algunas grandes figuras pudieran dar imagen de régimen generoso magnificente en el perdón.
Por el comité depurador pasaron jugadores, árbitros, dirigentes y empleados de clubes. José Calduch, fundador del Club Deportivo Villarreal, embrión del actual, fue encarcelado acusado de masón y sancionado profesionalmente como farmacéutico. Manuel Maciá Sempere (Hércules) trató inútilmente de ser perdonado rápidamente, pero no pudo ocultar que había pertenecido a UGT. A Tonico Conde lo condenaron en principio a dos años de inhabilitación, lo mismo que a Onofre Lerma Rodilla, pese a que éste tuvo actuación poco edificante cuando jugó en Francia con la selección amateur. En la misma reunión se consideró exentos de sanción a Carlos Iturraspe, capitán de la selección valenciana que jugó en Barcelona, y Simón Lecue, ambos luego compañeros en la media del Valencia. A Juan Melenchón se le perdonó porque su ingresó en la guardia de Asalto fue después de su llamamiento a filas.
También conoció la cárcel Manolo Sala, directivo valencianista con Julio de Miguel. En la final de 1967 en que el Valencia venció 2-1 al Athletic Club, al acabar el partido, De Miguel le dijo a Franco que le quería presentar a su vicepresidente. Sala había visto el encuentro en la segunda fila. Cuando De Miguel se volvió, vio que no estaba y Franco le dijo: «Se habrá ido a tirar cohetes». Sala no quiso saludar al general.
Parece que existe entre ciertos ciudadanos valencianistas la idea de que incluir a Josep Rodríguez Tortajada no agrada por el hecho de que fue individuo político, condenado y encarcelado. Que yo recuerde nadie se rasgó las vestiduras ni pidió que Luis Casanova Giner fuera borrado como presidente, cargo que ejerció con gran brillantez y por la que merece grato recuerdo, sin duda, porque en sentencia de 6 de marzo de 1963, fue condenado junto a su hermano Vicente por el «Caso Cifesa», entre otras penas, a dos años de presidio menor y multa de 5.000 pesetas que le llevaron a vivir en plan destierro en una finca de Albacete lejos de Valencia. Dimitió como presidente en 1959.
Josep Rodríguez Tortajada fue elegido sin que hubiera votación de los socios. No fue más democrática la elección del comandante José Jiménez Buesa, quien se hizo cargo del club en 1939, «manu militari». No recuerdo que su sucesor, Luis Casanova, fuera elegido por los socios. Fue designado como todos los presidentes de aquellos años quienes habían de acreditar, por encima de todo su adhesión al Movimiento Nacional.

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