18 de enero de 2010
18.01.2010

Cuando Haití fue feliz con el fútbol

El terremoto ha cogido a la selección de Haití en plena recuperación, soñando con repetir la gesta de 1974

18.01.2010 | 01:00
La selección de Haití disputó el Mundial de 1974. Perdió los tres partidos, pero dio algún que otro susto.

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Una participación más que aceptable en la Copa de Oro de la Concacaf, poniendo incluso en apuros a Estados Unidos; y la participación de la selección cadete en el campeonato del mundo de su categoría habían devuelto la esperanza al fútbol de Haití. La esperanza de, un día, volver a contar con su selección entre las mejores en una cita mundialista. Y reverdecer así el recuerdo de casi 36 años atrás, cuando el país caribeño se coló en la cita de Alemania Occidental y dejó una participación para el recuerdo, en lo bueno y en lo malo.
Cuando los antillanos empezaban a remontar el vuelo, todo se ha hundido bajo sus pies. Tendrán que desandar nuevamente el camino antes de que, los que hayan sobrevivido, vuelvan a merodear los puestos de privilegio del fútbol continental.
Haití tomó parte en el mundial de 1974, cuando los países "marías" todavía eran "marías". Llegaron con cuatro años de adelanto, porque ya en 1978 cambiaron las cosas (Austria pasó a segunda fase, a Túnez le faltó poquísimo, Irán arañó un empate...). Pero en 1974, Haití y a Zaire llegaban sin experiencia, sin calidad y en un fútbol donde no se regalaba nada. Que se lo digan a Escocia, que por ganar 2-0 a Zaire se quedó fuera, ya que Brasil y Yugoslavia le recetaron 3 y 9 goles, respectivamente y todo lo demás acabó en empate.
Haití llegó a Alemania por méritos propios. Dominó el hexagonal final, celebrado en su país, sumando victorias in extremis que le permitieron liderar el grupo y alcanzar la única plaza disponible. Además, México no estuvo nunca en competición (que si les hicieron vudú, que si en una visita a una fábrica de ron les obsequiaron en exceso...).
Los haitianos fueron la primera selección antillana en participar en un Mundial. También habían sido los primeros en lograr una medalla olímpica, un bronce del equipo de tiro, allá por 1928.

Un goleador y un pelotero blanco
A Alemania llegaron con un equipo basado en dos clubes: el Violette y los Aguilas Negros. Sólo el capitán, Nazaire, jugaba en Francia. Contaban con un goleador del que se hablaba bien, Emmanuel Sanon, y un único jugador blanco, Vorbe, del que decían que era un prodigio de técnica.
A las primeras de cambio jugaron con Italia. Tras una primera parte en la que el portero Francillon lo paró todo, llegó una jugada que cambió la historia del país,Vorbe lanzó un pase de cuarenta metros, Sanon superó a la defensa, a Zoff y al récord de imbatibilidad del italiano de 1142 minutos. Ese gol está votado como uno de los mejores del campeonato. La sorpresa no saltó porque Chinaglia, Auguste en propia meta y Anastasi pusieron las cosas en su sitio.
Los haitianos no eran unos tuercebotas, pero no daban más de sí. Polonia les marcó siete y Argentina cerró su participación con un 4-1, con otro golazo de Sanon. Al defensa Jean Joseph lo pillaron con el carrito del helado y fue expulsado al no pasar uno de los primeros controles antidopaje que se pusieron en práctica. Francillon llegó a jugar en Alemania. Sanon lo hizo en Estados Unidos y fue ministro de deportes hasta que un cáncer de páncreas se lo llevó a los 56 años. En 1978 estuvieron a punto de clasificarse, pero ahí empezaría la cuesta abajo haitiana, coincidiendo con el desmadre político de su país.
Hace apenas un par de años, los seleccionados recibieron un homenaje. Sin rencor por las goleadas sufridas. Recordando uno de los pocos momentos en que los haitianos fueron felices.

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