13 de junio de 2010
13.06.2010

Los hijos del otro Zidane

Argelia, los «zorros del desierto», regresa hoy al Mundial. En 1982 protagonizaron una de las grandes proezas, y, de rebote, uno de los grandes escándalos del torneo.

13.06.2010 | 02:25

Ha habido que esperar un cuarto de siglo para que la selección de Argelia regresara a los Mundiales. Le ha pillado durante todo este tiempo con el paso cambiado la irrupción con fuerza del África negra y sus opciones fueron diluidas en cada fase clasificatoria por cameruneses, nigerianos o, lo que es peor, por sus vecinos tunecinos, marroquíes o egipcios.
Una generación más tarde, la selección verdiblanca inicia hoy ante Eslovenia el camino. No son favoritos para llegar a octavos de final. De hecho, están en Sudáfrica casi de milagro, tras superar una eliminatoria con Egipto que tuvo más de guerra que de fútbol.
Argelia, sin embargo, es protagonista de uno de los capítulos más llamativos de la historia de los mundiales. Fue la segunda selección africana que ganó un partido y las circunstancias especiales de toda su participación en el año 1982 engrandecen su concurso.
Porque si Túnez ya había estrenado el casillero de victorias en 1978 contra México (3-1), lo que hizo Argelia fue ganar por primera vez a una selección de alto nivel. Se merendó a Alemania una asombrosa tarde asturiana por 1-2.
Aquella selección empezaba a ser lo que son ahora los combinados africanos: jugadores criados futbolísticamente en Europa, para los que la cita mundialista ya no les suponía tanto como a un astronauta salir al espacio exterior.
Argelia no pasó a la siguiente ronda. Alemania y Austria si ganaban los teutones 1-0. ¿Cómo acabó el partido?. Lógicamente, 1-0. Hrubesch marcó de cabeza y, a partir de entonces, el Molinón fue escenario de un gigantesco rondo entre el abucheo general. Un arreglo que han hecho muchas otras veces otras selecciones y otros clubes. Y, en este caso, quien más arriesgó fue Alemania, puesto que sabía que, con esa combinación de resultados, en la segunda fase se iba a un grupo con España (eso asustaba menos) y una Inglaterra que había maravillado en Bilbao. Austria, con mucho menos equipo, se iba al grupo de Irlanda del Norte y Francia, más asumible a priori, pero donde fueron presa fácil de los galos.
Los argelinos cometieron un error: jugar muy mal contra Austria el segundo partido. Perdieron sin paliativos 2-0 y ahí se le fueron las opciones, por mucho que también ganaran a Chile inútilmente (3-2). En el triple empate eran los que perdían.
Belloumi llegó con aureola de estrella, pero quien mejor carrera desarrollaría después, fue Rabah Madjer, quien se vengaría de los alemanes en una final de la Copa de Europa en la que, con los colores del Oporto, sentenció con un imposible remate de tacón, de espaldas a la portería, que todavía hoy se recuerda. Tenían una buena pareja de centrales, el gigantesco Kourichi y Mansouri, un extremo muy rápido, Assad, y hasta un Zidane (Djamel, todo un ídolo en el país). Zinedine tenía entonces diez años y le admiraba.
Argelia regresó cuatro años después con varios de los jugadores que asombraron en España, pero en la cita mexicana fueron presa fácil de Brasil y España. Hoy, el pasado vuelve a llamar a su puerta.

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