15 de junio de 2010
15.06.2010
Celebraciones

El centro de Valencia se tiñe de azulgrana para festejar el ascenso

15.06.2010 | 02:39

La afición del Levante ya avisó el pasado domingo por la noche: este ascenso se va a celebrar durante mucho tiempo. Ayer por la tarde, el centro de Valencia se volvió azulgrana durante varias horas para festejar el ascenso del equipo. Comenzó el viaje en Orriols, en ese estadio que este año se ha vuelto clave para el ascenso. Un autobús descubierto, escoltado por decenas de aficionados que llenaban la ciudad del sonido de sus bocinas, llevó al Levante a la plaza de la Reina. De ahí, a la plaza de la Virgen, con más de media hora de retraso. Pero en estos casos las previsiones siempre saltan por el aire y, además, son lo de menos. La plantilla entró por la calle del Micalet, pillando de sorpresa a los centenares de aficionados que los esperaban por el lado contrario. El cántico más repetido, el conocido "som, som, som de Primera divisió". El levantinismo está feliz y en ningún momento cesaron las alusiones a la temporada, al hito del ascenso y a los rivales del año que viene.
Tras la usual ofrenda a la Virgen de los Desamparados, donde un emocionadísimo Quico Catalán se encargó de los parlamentos, el Levante cruzó la plaza para acercarse a la diputación. Allí esperaba Alfonso Rus. El presidente de la institución provincial estaba eufórico: no dudó en enfundarse una camiseta que le entregó Catalán y en "botar" como le pidieron los jugadores. "Ya dije que se ascendería contra el Castellón y que el equipo irá a Sevilla a jugar contra el Betis a fumarse un puro", comentó entre la algarabía de los jugadores, que se lo pidieron con nuevos cánticos.
Y después, tras una breve aparición en el balcón de la diputación, llegó el acto grande: el ayuntamiento. Allí esperaban a la plantilla la alcaldesa, Rita Barberá, y varios miles de aficionados que no dejaron de pedir a sus jugadores que cantaran y vibraran con ellos. Y estos, solícitos, comandados por un Pau Cendrós en estado puro, acabaron cantando el himno del club a voz en grito. Un pequeño castillo de fuegos artificiales de Ricardo Caballer puso punto y final a una fiesta que el Levante llevaba esperando un año y que supone el pistoletazo de salida para otra temporada en la élite.

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