20 de junio de 2010
20.06.2010
Ocios y negocios

Cuestiones futboleras

20.06.2010 | 02:00

Vicente Añó

Habría faltado Rita Barberá al partido de ascenso del Levante UD si en lugar del club granota se hubiese tratado del Valencia CF? ¿Y el presidente Camps, el viajero, habría dejado de acudir a un acontecimiento tan determinante? Seguramente no, pero ya se sabe que siempre ha habido clases. ¿Es que no sabían que podía subir ese día? Es cierto que tenía que darse un par de carambolas, pero, mira tú por dónde, se dieron.
¿Está bien que en su lugar haya ido la consellera del ramo, Trinidad Miró? Nadie debe ponerlo en duda: ¡sí!. Hizo muy bien y cumplió con su obligación, acudiendo. La pregunta es ¿por qué no ha ido más veces? Se le ha visto poquito y no digamos a la que tiene debajo, no como su oponente, Mercedes Caballero, que no se pierde una. Pero, en cierto modo, es lógico. Una consellera tiene una agenda muy densa. Por tanto, felicitémosla. Y punto.
Por cierto, si se aprueba la Ley de la Laicidad, ¿dejará el Gobierno a los clubes de fútbol ir a ofrecer sus trofeos a las vírgenes y santos patronos de cada localidad? Seguro que sí, pues para eso son clubes privados, y es una tradición casi ancestral, aunque uno piensa si es que no existirán laicos en los clubes de fútbol. Siempre me ha sorprendido esa querencia religiosa, pues casi todos comienzan la temporada yendo a misa y la terminan ofrendando los triunfos, si se producen, como ahora en el caso del Levante, en la catedral o la iglesia mayor del lugar. Aquí es en la Basílica de la Virgen de los ?Desamparados, en Madrid en la Almudena y en Sevilla, pongo por caso, en la basílica de la Macarena o en la capilla de Jesús del Gran Poder, según de qué club se trate. Y hasta los del Barça se van en peregrinación a Montserrat a ver a la Moreneta. ¿Será porque el fútbol es como una religión con sus sacerdotes, sus fieles y sus santos? Anda que como gane el mundial Argentina, lo de San Maradona, lo de dios sabrá a poco y habrá que esperar a ver qué, a ver qué título le otorgan y dónde instalan su santo grial.
Así que de santos y santones el fútbol sabe mucho, aunque unos acaben venerados y otros estrellados como Joan Laporta. ¿Cuál será su futuro? ¿A dónde irá con el 10% de los votos que ha obtenido su protegido en las recientes elecciones a la presidencia del Barça? Me temo que su carrera política ha terminado antes de empezar. Los socios del club no le han perdonado que utilizara la presidencia para hacer política partidista con una masa social en la que cohabitan todas las opciones del espectro político catalán. ¿Quién le querrá ahora, visto lo visto?
En cambio, la selección española de fútbol, a pesar del trancazo del primer partido, todavía tiene quien le quiera. Y mucho además. No hagan caso de algunos gacetilleros impresentables, de esos que están esperando a la vuelta de la esquina para sacar desde los trapos sucios hasta las maledicencias más estridentes. Que hay que vender y las audiencias televisivas caen. Eso, quizás, es lo peor que tiene un Mundial de fútbol o unos Juegos Olímpicos, aunque en estos últimos se dé a menor nivel: que aparece un montón de indocumentados pontificando sobre el bien y el mal, es decir, sobre la técnica y la táctica y sobre lo que hay que hacer y no hacer. Yo lo único que me pregunto es si, con la cohorte esta de aduladores que le ha salido a raíz de la victoria en la Eurocopa, el equipo español no jugó angustiado y nervioso. Daba la impresión de que querían acabar por la vía rápida, meter el gol en el minuto uno antes que en el dos y así sucesivamente. ¿Fue justo ese resultado? Probablemente no, pero el fútbol es uno de los pocos deportes en los que puede no ganar el mejor. De hecho, ocurre con alguna frecuencia. Un equipo puede tener el 70% de posesión del balón, atacar y atacar y el otro, en un contraataque o en una jugada de fortuna, marcar. Y se acabó. No busquen más historias. Es así y ya está. Lo que no entiendo es por qué estaban tan nerviosos los comentaristas. ¿Seguirán así el resto del campeonato? ¡Dios, qué sufrimiento! No sé qué fue peor, si que España perdiera o los 90 minutos de histeria de los locutores.Empecé viendo el partido en Canal Plus y no pude soportarlo, a pesar de la templanza de Michael Robinson. Me fui a Tele 5. Peor, imposible. Hacia el final del partido hubo hasta dos comentarios casi gritando, instando a Casillas a subir al remate de un córner o una falta. ¡Qué estado de nervios!. Menos mal que Iker no les oyó.
Esperemos que mañana España no sólo gane, sino que marque pronto y se tranquilicen los locutores por el bien de los escuchantes. Tengan compasión de nosotros, pobres e indefensos fieles de esta religión futbolera. De lo contrario, casi con seguridad, trasladarán su estado de nervios a la afición y la cosa puede acabar mal, oscilando entre unos histéricos llamando a la guerra santa y la depresión de una población a la que los cielos le están enviando últimamente más plagas de las que constan en la Biblia. Y encima, sin merecerlo.

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