26 de junio de 2010
26.06.2010

Villanos a once metros

Los octavos de final traen consigo las tandas de penalti, que tantas alegrías y disgustos dan

26.06.2010 | 02:00
Roberto Baggio lanza alto un penalti en la final de 1994 que supuso la victoria de Brasil.

Moisés Domínguez

Empiezan los octavos de final. Es la fórmula del todo o nada que ya se utilizaba hace ochenta años y que se recuperó en México 1986. ¿Es justo fiarlo todo a un único partido y no tener capacidad de reacción?. Quizá, pero la norma es para todos, en lo buen o y en lo malo. Y posiblemente se habría evitado si no hay arreglos como el de Argentina con Perú en 1978. A partir de hoy, el que pierda se va a la calle.
Y con estos encuentros llega el desempate más doloroso: la tanda de penaltis. Ese proceso taquicárdico en el que, al final, siempre habrá un futbolista, o dos, que cubrirán de fango su trayectoria mundialista. Serán los señalados como "el que falló", sin importar cualquier otra circunstancia de los 120 minutos anteriores.
Las tandas empezaron a cobrar protagonismo en España 82, donde el primer villano fue el francés Bossis, que marró ante Alemania el penalti que debía haberles hecho justicia para pasar a la final.
A España no le ha ido bien: tres tandas, dos eliminaciones. La primera, en 1986 ante Bélgica, con Eloy marcado como autor del error, aunque pocos repararon en las pésimas prestaciones de Zubizarreta, que caía como un saco en cada lanzamiento belga. En 2002 fue el final del despropósito ante Corea. Los asiáticos, más acostumbrados (los empates no existen en su liga y el partido igualado se ventila desde los once metros), esperaron el fallo de Joaquín.
Por contra, en 2002 sí que se superó a Irlanda, donde Iker Casillas se convirtió en el héroe de una lamentable tanda donde hubo hasta cinco fallos seguidos.
"Los jugadores que deben lanzar un penalti para alzarse con la gloria en la definición de un partido del Mundial tienen que ignorar por completo al portero y concentrarse en la dirección hacia la que quieren disparar el balón" resolvía el pasado mes de mayo un estudio psicológico de la Exeter University británica, tras convertir a varios futbolistas en cobayas para analizar sus movimientos en ese momento de máxima tensión. "Estamos naturalmente condicionados para centrarnos en cosas de nuestro entorno que encontramos amenazantes, y en una competición por penales lo único que pone en duda el éxito de la pegada es el portero, por eso tendemos a concentrarnos en él y en sus movimientos".
En algo debieron fijarse los suizos en 2006 para protagonizar la peor tanda de la historia mundialista: tres lanzamientos, tres fallos, lo que permitió a Ucrania avanzar a cuartos de final.
El penalti que decide el pase a la final es de una tensión morrocotuda. La que no soportaron Waddle y Serena en 1990 y que propiciaron la eliminación de Inglaterra e Italia ante Alemania y Argentina.
Los británicos han sido, por definición, los más desgraciados cono las tandas mundialistas. La última, sin ir más lejos, hace cuatro años en cuartos de final ante Portugal, con fallos de Gerrard y Lampard, lo que indica que incluso las grandes estrellas marran.
En la final aún es más doloroso, pero también influyen las circunstancias. Es muy famoso el error de Roberto Baggio en 1994, porque supuso la victoria brasileña. Y menos el error de Trezeget ante Italia hace cuatro años porque era el segundo lanzamiento francés y todavía se lanzaron cinco para confirmar el triunfo italiano.
En juego, y no en tanda, no fallaron Neeskens y Müller en la final de 1974 y tampoco Brehme en 1990: faltaban diez minutos y tenía enfrente a un portero que se había rebelado como un parapenaltis estupendo, Goycoechea. Decidió tirar con la pierna mala. Y marcó.

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