El orgullo de nuestros hijos
J. M. Bort
Mi abuelo ya sabía lo importantes que eran los goles de España en los mundiales, en aquellos tiempos salvajes que le tocó vivir. Ahora que España ha levantado la Copa, viene muy bien que los sociólogos nos recuerden la trascendencia del fútbol como marcador social de la felicidad. Nuestros ancianos y nuestros padres vivieron, al menos, el gol de Zarra (conservo como una reliquia, en mi casa, la radio Phillips en la que escucharon cantar aquel gol a Matías Prats) y el de Marcelino. Nosotros, sin embargo, no nos comimos una rosca. Los niños de la Transición fuimos muy afortunados, pero nos falló la selección. Crecimos con el «gol» de Cardeñosa y lloramos el ridículo de España en nuestro Mundial. Sólo aquel tobillazo de Rubén Cano y, más tarde, el 12-1 a Malta mitigaron nuestros lamentos de infancia.
El talante derrotista de aquella selección lo vivimos ante la tele y, algunos, también, ciertas veces con la pelota en los pies. Como una tarde en Bona Platja, en Dènia, nada más concluido el Mundial´82. Un grupo de turistas franceses, trufado con algunos alemanes y holandeses, nos invitó a unos amigos a jugar un partido sobre la arena. Antes de empezar, un chico delgadito, con pinta de finolis parisino y con alma de líder, señaló a sus compañeros de equipo, uno a uno, para renombrarlos: Battiston, Tigana, Giresse, Rochetto y... Plattini (apuntándose a sí mismo); al holandés lo bautizó como Neeskens y a un alemán, rubio platino, Rummenigue. Intimidados, les seguimos el juego. Nuestro portero eligió a Arconada y el resto, con dudas, nos repartimos entre Santillana y compañía. Yo elegí a Cardeñosa, lo juro.
No sé como terminó aquel partido, pero sí la huella que dejó en mi consciencia. Enfilé la carretera de las Marinas, con la toalla al hombro, dándole vueltas a la cabeza. No sé si ganaron, insisto, pero nos golpearon directamente en el orgullo. Los nombres de sus ídolos sonaban a gloria; los nuestros, a fracaso. Casi treinta años después, nuestros hijos no tendrán que cargar con esa losa. Se acabó el complejo de inferioridad. Hay verano por delante para comprobarlo. En cualquier playa, a cualquier hora. Los niños de hoy juegan al fútbol con brillo en los ojos. Se sienten campeones del mundo. Y nosotros, ahora, también.
- Del vértigo de Mestalla al ‘bowl’ del Nou Mestalla: el nuevo estadio rebaja en diez grados la verticalidad que hizo único al viejo coliseo
- Confinan la Serra d'en Galceran y desalojan algunas masías debido al humo generado
- Indignación en Sagunt por el logo de una peña con una mujer agredida sexualmente por un toro
- Un hombre se atrinchera durante seis horas y retiene a su madre en un piso de València
- Ferran Torres, tras ser nombrado embajador de la Comunitat Valenciana: 'Recuerdo a las víctimas de la dana; el gol del mundial fue la resiliencia de nuestra tierra
- De Córdoba y Cuenca hasta Foios para ver a Ferran Torres: 'Tenía claro que iba a venir
- El Ayuntamiento de València investigará la colocación de ventanas de aluminio en el monasterio Santa Clara
- María, la madre de Ferran Torres, emocionada en el homenaje en Foios: 'Es un orgullo, estamos muy felices