10 de octubre de 2010
10.10.2010

Milagro en Liverpool

10.10.2010 | 02:28

Vicent Chilet

Boston y Liverpool siempre se sintieron hermanadas por su carácter marítimo y la energía obrerista de sus colonias irlandesas. Desde esta semana, las dos ciudades vuelven a tener otro nexo en común. El excéntrico multimillonario John W. Henry, de 61 años, dueño de los Red Sox de Boston, el mítico club de béisbol, ha acudido al rescate de otra entidad que supura leyenda, el Liverpool FC. El equipo de la calle Anfield atraviesa una de sus peores crisis de su historia reciente. Endeudado y con el equipo en posiciones de descenso, la movilización de los aficionados ha empujado a los propietarios y causantes de la imparable decadencia de los «reds», los norteamericanos Tom Hicks y George Gillett, a poner el club en venta. Los 343 millones de euros plantados por Henry han sido suficientes.

La llegada de Hicks y Gillett en 2007 fue recibida con mucho escepticismo, al igual sucediera con los hermanos Glazer con el Manchester United, sin embargo el aterrizaje de Henry abre otras expectativas. Sus ocho temporadas en los Red Sox son la mejor carta de presentación. Le bastaron dos años para romper la «maldición del Bambino». Durante 86 años eternos, los que van desde 1918 hasta 2004, el equipo bostoniano no ganó la Liga Mundial, purgando así la venta de su bateador «Babe» Ruth a los Yankees de Nueva York. El desprecio a las raíces es otro de los temores extendidos entre los aficionados ingleses ante la llegada de nuevos magnates procedentes de otras culturas deportivas. En Boston, Henry detuvo el traslado del club de Fenway Park, el estadio más antiguo de la Liga, levantado en 1913. En Merseyside no debe saltar ninguna alarma. Si Anfield tiene la grada Kop, Boston cuenta con la «Green Monster», el «Monstruo Verde», el muro de los home-run y el marcador manual. Si en Liverpool se saluda la entrada del equipo al terreno de juego con el «You'll never walk alone», todo Fenway Park canta «Sweet Caroline», de Neil Diamond, antes de cada encuentro. Ambos conjuntos visten de rojo, y, para rematar las coincidencias, los Yankees, encarnizados rivales de los Red Sox, se hermanaron en 2001 con el Manchester United, el enemigo eterno del Liverpool. El nuevo milagro de Henry ya está en marcha.

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