12 de enero de 2012
12.01.2012

Alonso, el empleado modelo

Domenicali: "En los últimos dos años, Fernando ha pasado más tiempo en la fábrica que nadie que yo haya visto en 20 años"

12.01.2012 | 01:00
Fernando Alonso posa con dos coches de Ferrari en la estación de Madonna di Campiglio.

El sueño de todo trabajador. Que tu jefe, en público, se lance con una serie de piropos jamás oídos, te descargue de presión y la traslade a otros departamentos porque, de tu trabajo, ya es imposible exprimir resultados mejores. De paso, si al vecino de mesa, la vara que mide tu propio rendimiento, le dan un serio toque, la situación no puede ser más favorable. Oído a Stefano Domenicali, Fernando Alonso se lanzó feliz a las pistas de Madonna di Campiglio. El día soleado, el amor declarado del capo de la Scuderia y el compromiso de que tendrá un coche "que rompe con el pasado" dibuja un escenario maravilloso, un edén jamás imaginado, que durará hasta la primera carrera en Australia. Después, todos quedarán sometidos a la dictadura de los resultados.
Stefano Domenicali abandonó por unas horas la fortaleza de Maranello y se pasó por la concentración del equipo en Madonna di Campiglio. El italiano es el primero que siente la presión. "Es inútil afrontar la temporada con ansia. No es el panorama ideal, pero nos encontramos frente a un año muy importante que debemos afrontar con calma y exigencia. La expectativas son altas, siempre ha sido así en esta casa".
Hasta el 3 de febrero, el nuevo Ferrari no será una realidad para los ojos del mundo. Será entonces la presentación del monoplaza, que rodará en la pista de la Scuderia en Fiorano, en uno de esos breves test permitidos para grabar anuncios de televisión.
Alonso aguarda tranquilo por su coche. Conoce de primera mano cada entresijo de un proyecto bautizado con nombre de agente secreto, "663" porque la denominación final de la máquina se guarda hasta el día del estreno. Mientras, el asturiano recoge con una sonrisa el cariño que le envía el jefe. "En los últimos dos años no he visto a nadie pasar tanto tiempo en la fábrica y llevo veinte años en Ferrari", dice Domenicali, al tiempo que aplica con Felipe Massa la táctica del palo y la zanahoria. "Está ante un año crucial para su futuro", dice del piloto que no fue capaz de pisar un solo podio en todo el curso pasado. "Funciona mejor bajo presión, haremos todo lo posible para ayudarle y espero que responda bien", habla, posiblemente con demasiada confianza, del dueño del segundo volante del equipo.
Al otro piloto no le pide nada Domenicali. "Siempre queremos más de cada uno de nosotros, pero después de ver lo que hizo Fernando Alonso con el coche que teníamos en 2011, qué más puedo exigir. Sacó el máximo y si llega a ese nivel este año será una temporada fantástica para todos nosotros".
Resume el director del equipo la actitud del asturiano desde su llegada a Ferrari, ahora que conocen la actitud del piloto y su competitividad. "Conoce las normas del equipo y las respeta, pero nunca está contento. Se exige a sí mismo por encima de cualquier límite y en función de eso exige también a los que le rodean. Dar nuestro máximo es una responsabilidad que tenemos con él".
Con esas autoimposición, Ferrari afila en Maranello el próximo coche. "Que sea rompedor con el pasado no es una garantía", avisa Domenicali. "Lo importante es que resulte competitivo y para conseguirlo llevamos meses examinando el reglamento y estudiando todas las posibilidades que ofrece".
De la nueva máquina se sabe que parte con un nuevo concepto de suspensiones, el mismo que viene aplicando Red Bull, que se ha trabajado sobre una hoja en blanco para eliminar viejos vicios y que será, por obligación, más resistente. Las nuevas pruebas de impacto obligan a soportar choques laterales de más de 750 kilos de fuerza y exigen una mayor resistencia a los golpes frontales.

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