Sin ideas, este Valencia a la búsqueda de una definición se agarró a los detalles para superar a un Celta mucho más sólido y sumar con dos arañazos, en el inicio de la primera y segunda mitad, la primera victoria de la era Pellegrino. Los destellos de un futbolista diferente, con un ingenio por pulir, como Jonathan Viera, la efectividad en las faltas servidas por Tino Costa y un mínimo plus de agresividad rescataron a un Valencia limitado, que desesperó a Mestalla, que primero recriminó el pobre fútbol de sus jugadores y luego acabó pidiendo la hora.

Ante Madrid y Barça, el Valencia demostró arrestos para defender, pero cuando le toca llevar la iniciativa, su fútbol, huérfano de Gago, está tan verde como el nuevo césped de Mestalla. Contra el Bayern de Múnich, condicionado por el potencial de su contrincante, el Valencia volverá a armarse en defensa y ver cómo puede sorprender, como en el Bernabéu y el Camp Nou, pero el origen del problema persistirá mientras no defina su personalidad contra rivales ante los que es favorito, que son la mayoría.

Mestalla abroncó al Valencia tras una irritante primera mitad en la que su equipo fue un conjunto sin personalidad, partido en dos. Incapaz de aguantar mínimamente la posesión, ni de crear juego ni de destruir el que proponía un Celta aseado y siempre dominador, con cuatro ideas claras y una nítida vocación por jugar rasa la pelota. En su diagnóstico, la hinchada volvió a señalar a Dani Parejo, el gran crucificado en la pifia contra el Deportivo. Al mediocentro no se le perdonó ni una pero bien es cierto que fue un manojo de nervios, sin el temple para aportar argumentos al juego de ataque del Valencia, atrapado en la superioridad numérica gallega en el centro del campo. Pero a poco más podía aspirar, en realidad, un Valencia con las piezas contadas en la medular con la racha de lesiones que se ha cebado en una demarcación planificada con cierto riesgo. Parejo y Tino Costa, los dos únicos mediocentros disponibles. Todo el peligro del Valencia quedaba emplazado a las aisladas conexiones entre dos tipos talentosos y de aire anárquico como Viera y Feghouli. En la primera vez que se encontraron, a los tres minutos, el Valencia se puso por delante en el marcador. El canario, sorpresa en el once por la ausencia de Guardado -reservado junto a Pereira para el Bayern-, tocó en corto con Jonas, que con su diagonal arrastró a la defensa, para dejar el carril libre a la entrada impetuosa de Feghouli, al que cedió la pelota. El argelino, en crecimiento imparable, reventó el balón cruzado, imposible para Javi Varas.

El encuentro se le ponía a pedir de boca al Valencia, pero ni con ventaja inicial como local se hizo dominador del juego. Impulsado por Oubiña, Álex López y Natxo Insa, encontró profundidad y acumuló saques de esquina (ocho en el primer acto) y opciones de remate para Augusto y Iago Aspas. Los celtiñas, como hiciera el Deportivo, fueron ganando terreno conservando el balón lejos de la defensa, su zona más débil, y con la sincronización atacante de su gran temporada en Segunda división. El murmullo de inquietud comenzó a apoderarse de Mestalla que estalló con el tanto del empate visitante, al cuarto de hora, en otra acción de alarmante falta de contundencia defensiva. Roberto Lago colgó con comodidad y Augusto le ganó la espalda a un confiado Cissokho. El remate en semierror del argentino se envenenó ante la tibia respuesta de Alves, que ni blocó ni despejó. Krohn-Delhi se adelantó a Rami y empujó a la red.

Más que hacerle reaccionar, el empate aumentó más el mar de dudas del Valencia, aturdido en los siguientes veinte minutos, a merced de un Celta que controlaba el juego con la comodidad añadida de asistir a los continuos silbidos de Mestalla, que no le hicieron ningún favor a un Valencia con serios problemas de autoestima. Pellegrino, a sabiendas de que tenía pocas alternativas en el banquillo, mandó que los Feghouli, Viera y Jonas intercambiasen posiciones, pero ni así se levantaban los blanquinegros. Solo en el tramo final de la primera mitad, a empujones, el Valencia se metió de nuevo en el encuentro. Señales mínimas, con remate de Víctor Ruiz en el rechace de un saque de esquina y la reclamación de un posible penalti sobre Jonas.

Sin capacidad para generar fútbol, el paso por vestuarios (y una probable arenga del Flaco) transformó al Valencia en un equipo, por lo menos, más agresivo. Bastaba con el pundonor canchero que imprimen Tino, Feghouli o Soldado, exhibiciones de sangre que tranquilizan a la grada. Y de nuevo, muy pronto, encontró su premio, con una jugada con la que este equipo está sacando peligro. Saque de falta con rosca de Tino y remate de cabeza. Esta vez fue Cissokho quien se avanzó a su marcador y conectó el cabezazo salvador con el que enmendaba su error en la primera parte. El francés, con estadísticas poco goleadoras, lo celebró con besos al escudo, como en su presentación.

El Valencia, de nuevo en ventaja, continuó exhibiendo las mismas carencias, pero las camufló con más ímpetu atacante al contragolpe, con arrancadas a la carrera de Soldado en contragolpe, que pudo sentenciar. El Celta siguió merodeando el área de Alves, con el amenazante Iago Aspas, un delantero que lo remata todo, pero que acabó ofuscado. El marcador no se resolvió y el partido se encaminó a un final incierto de juego errático. Los gestos de nerviosismo de Manuel Llorente y de muchos aficionados solo acabarían con el silbido final. Victoria y suspiro de alivio.