21 de marzo de 2013
21.03.2013
Nelson Valdez

"He tenido una vida de pobre y gracias a mi esfuerzo ahora disfruto de privilegios"

El delantero paraguayo afirma que jugar en el Valencia es «un premio» a todos los sacrificios hechos - Confiesa que cuando marca un gol se libera, siente como que explota y se queda «como nuevo»

21.03.2013 | 01:16
Nelson Valdez

Autodidacta, el paraguayo Nelson Valdez encarna al hombre hecho a sí mismo. Un jugador que tiene muy presente su infancia y juventud y que, ahora, da las gracias por todo. Comprometido con la camiseta que viste, asegura que vive la vida «al máximo» y que «nunca» se reserva nada. Muy familiar, el delantero se define como «incansable» y «profesional». Lo es. Atendió a Levante-EMV el pasado viernes y, «como la cita estaba estipulada», obligó a un familiar a esperarle cerca de una hora en el interior de un coche mientras se realizaba la entrevista. «Los compromisos se deben cumplir», sostiene.

Acaba de renovar y ya hay quien dice que se está buscando equipo.
Pues eso es mentira. Dudo que mi agente haya dicho nada. Este es un club que cumple con todas mis expectativas y mi familia está muy feliz aquí. No tengo ningún interés en salir del club. Otra cosa es que, el día de mañana, el club me quiera vender. Me siento muy bien aquí y tengo contrato hasta 2015.

¿Asume el rol de revulsivo o le desagrada tener que partir siempre desde el banquillo?.
Sé que soy un reserva pero trato de cumplir al máximo con mi trabajo cuando salgo al campo y en el día a día. Cada minuto que juego me da la vida.

Su rendimiento, minutos-goles es máximo.
Tengo la suerte de que las cosas me están saliendo bien y trato de aprovechar los minutos que los técnicos me dan.

Curiosamente, le acompaña el acierto cuando juega en los últimos minutos y le da la espalda en los diez partidos que ha jugado de inicio.
Es complicado. Cuando juego de inicio, con noventa minutos por delante, tengo que dosificarme para no morirme en el minuto veinte. No es que me guarde fuerzas, sino que tengo que jugar de forma diferente y esperar que llegue la ocasión. Cuando salgo con sólo diez minutos por delante no me queda otra que jugar al cien por ciento y matarme. Es curioso pero el equipo tampoco genera ocasiones de inicio y sí en las segundas partes.

Con un rol o con otro, lo cierto es que tiene a la afición en el bolsillo.
Noto que la gente me aprecia. La afición me agradece mi entrega y actitud. Nunca me reservo nada y doy lo máximo posible. El gol puede llegar o no, pero nunca puede faltar la actitud.

Cuando marca, su forma de celebrar los goles contagia alegría enorme ¿se puede describir lo que siente en ese momento?
En el partido se genera mucha tensión y, al marcar, se descarga toda la adrenalina acumulada en un segundo. Te liberas. Es como si explotaras y te quedaras nuevo. Es un momento en el que te olvidas de todo. A veces prometo a mis hijos algo y, en ese momento, no puedo cumplirlo porque me quedo en blanco. Es difícil de explicar la sensación y, si el gol da la victoria, ya ni te cuento.

¿Y cuando se falla?
Lo maldigo todo y pienso, porqué no estudié. Fallar me hace sentir muy mal. El fútbol te hace reir y llorar.

En época de crisis, el fútbol es una via de escape de problemas para mucha gente, ¿lo sienten?
Sí se nota porque la gente está como más irritada con todo. Los futbolistas somos unos privilegiados de la vida porque, en general, damos más alegrías que penas. Y eso se nota. Agradezco poder dar alegrías y hacer sentir orgullo a mucha gente. Cuando las cosas van mal, también somos los primeros a los que la gente maldice.

Su entrega y sacrificio sobre el campo es indudable pero ¿ es un reflejo de su forma de ser en la vida? O , como otros compañeros, es un doctor Jekyll y mister Hyde.
Soy así, mi entrega en todo lo que hago es máxima. Así me lo enseñaron mis padres y trato de transmitírselo a mis hijos. En el campo soy como soy fuera. Vivo la vida al máximo. Soy una persona muy temperamental y de mucho carácter, por eso hago o digo cosas de las que luego me arrepiento. Mi entrega en todo lo que hago, en todos los ámbitos de la vida, es total. El que me conoce sabe como soy y me acepta así.

¿Cómo lleva su familia lo de ir cambiando de ciudad y no poder asentarse en un lugar determinado?
Es muy difícil pero, cuando mi mujer me conoció, ya sabia a qué me dedicaba. Soy nómada y así es mi vida. En los últimos cuatro años he jugado en cuatro equipos y en tres países diferentes: Alemania,España, Rusia y España. Ahora con los niños, que uno tiene 6 y el otro 4 años, lo tengo más complicado porque dicen que no se quieren ir de aquí. Tengo una casa en Mallorca, que mis niños adoran, pero ahora están encantados de vivir en Valencia.

O sea que es la familia la que le priva de seguir siendo un trotamundos.
Exacto. Cuando tienes hijos las elecciones ya son diferentes. Mi felicidad es la de mis hijos. Estoy en un club grande y eso ya cumple con mis expectativas, pero cuando no juego, llego a casa y veo a mis hijos contentos, aparco todos los problemas.

Me cuentan que es el políglota del vestuario, ¿me engañan?
Los soy por necesidad. Salí con 17 años de Paraguay y sólo sabía guaraní. Cuando llegué a Alemania no sabía ni decir hola en alemán pero tuve que aprender por pura necesidad. En Rusia me pasó igual. También sé ingles porque es algo básico. Mi mujer es polaca y he aprendido su idioma. He jugado con muchos jugadores brasileños y he aprendido portugués y así poco a poco. Tengo facilidad para los idiomas. Soy un hombre de mundo. Llevo quince años de aquí para allá y de todos los sitios voy aprendiendo cosas. Soy un privilegiado y sería un error no aprovechar las enseñanzas que me va ofreciendo la vida. Saber que mi padres están orgullosos de mi me hace sentir muy bien.

Dicen que es muy inteligente.
Me valoro y creo mucho en mi. La autoestima es importante para ir avanzando. Me sacrifico, entrego todo y tengo mucha perseverancia. En la escuela siempre fui el mejor alumno de todos los grados y, cuando por el futbol decidí dejarlo con quince años, los profesores le pidieron a mis padres que no lo hiciera porque iba a ser el primer abogado o doctor del pueblo. Ahora me considero inteligente por la experiencia y por todo lo que he vivido. Leo mucho y todo lo que no entiendo lo pregunto o lo busco en Google. De todo se aprende. El día de mañana me gustaría estudiar contabilidad para administrar todo lo que tengo.

¿Le molesta el cliché de futbolista inculto?
Sí, porque no estudiar no es sinónimo de ser corto. Personalmente sé que soy inteligente y no me afecta, pero generalizar no es bueno. Cada uno se comporta como es. Pienso mucho en el mañana, he gastado poco y he invertido bien y de forma segura. A mis padres les compré una casa y un terreno con vacas para que vivieran más tranquilos. Mi padre trabajaba en una serrería y su labor era muy peligrosa. Cuando empecé a ganar dinero le dije que lo dejara y disfrutara de la vida. Me siento orgulloso de haber cambiado la vida de mis padres.

Sorprendió el otro día Rami al afirmar que, para él, el dinero no es importante porque está viviendo un sueño. ¿En qué momento de su carrera se encuentra usted?
Jugar en el Valencia es el premio a todos los sacrificios que he ido haciendo en mi vida que, por cierto, han sido muchos. Cualquiera en mi lugar, por lo de jugar poco, estaría enfadado con el mundo pero yo estoy muy orgulloso de formar parte de esta institución. Gano mucho dinero haciendo lo que me gusta y eso es un privilegio, ¿qué más puedo pedir? Sería injusto quejarme.

¿Cuando es más difícil adaptarse a una ciudad y a un equipo, cuando se tiene 20 años y se está soltero, o cuando se tiene 30 y se arrastra a una familia detrás?
Depende de la persona, del momento y de cómo se viva la profesión. Para mi, el fútbol antes era un juego, y ahora es un trabajo; este cambio lo sentí cuando me fui a jugar a Rusia.

¿Qué ha encontrado en Valencia que no tuvo en otras ciudades ?
Es un club grande al que aspiran a jugar casi todos los futbolistas. Aquí, la gente me ha aceptado como soy tras mi pasado en el Werder Bremen.

¿Haría un repaso breve por los clubes por los que ha pasado?
En el Bremen me hice futbolista pero jugaba poco. Llegué con 17 años, jugué cinco años y allí conocí a mi mujer; es la ciudad donde tengo mis inversiones y donde viven mis suegros. De allí me fui al Borussia Dortmund y creo que no estaba preparado para soportar tanta presión. Me compraron como el jugador estrella y con 22 años no estaba preparado para asumir tanta responsabilidad y allí estuve cuatro años. Luego fui al Hércules de Alicante. Allí me ficharon como el jugador más caro de la historia del club pero, cuando bajamos a Segunda, me vendieron. A Rusia, para qué mentir, me fui por dinero y para jugar la Champions League. En el Rubin Kazan me sentí bien pero cuando me llamó el Valencia no me lo pensé ni un segundo e hice todo lo que estaba a mi alcance para venir. Renuncié a mucho dinero y le rogué al vicepresidente que me dejara salir porque mi familia allí no era feliz.

Le escucho hablar de comprar y vender con una naturalidad que me sorprende. Parece que hable de un objeto.
Es la realidad. Suena fuerte. Somos un producto dentro de este negocio. Los clubes compran algo que les sirve y venden lo que ya no quieren. Somos un objeto de trabajo.

En sala de prensa, un día dijo una frase muy concluyente: el fútbol es lo mío. ¿Me la puede explicar?
Es mi vida. Vivo del fútbol y todo se lo debo a él. De principio a fin. Soy lo que soy gracias al fútbol.

Su carrera, si miramos al inicio, ha sido muy complicada.
Mucho

Y su vida más.
(Suspira) Ahora tengo el premio y disfruto de la recompensa de todo lo que he sufrido. Valoro y disfruto de las cosas porque sé lo que cuestan. Si volviera a nacer seguiría el mismo guión, aún reconociendo que en mi juventud sufrí mucho. No me arrepiento de nada.

A gente que ha pasado por problemas como usted, ¿qué mensaje les diría? (tras el fallecimiento trágico de un primo pasó por una mala época y fue por malos caminos durante un año)
Que perseveren en su sueño porque casi todo es posible.

¿Qué no volvería hacer?
Muchas cosas, pero no me arrepiento de lo que he vivido porque ahora soy muy feliz. Lo malo ya es pasado y me sirvió para ser mucho más fuerte.

Imagino que, cuando ve crecer a sus hijos y ve que tienen un vida tan diferente a la suya, dará gracias.
Exacto y por ello trato que mis hijos vivan la realidad. Ellos no pueden jugar con la comida, por ejemplo, y los juguetes los mandan a Paraguay. Yo nunca tuve juguetes. A mis hijos los tengo bien educados y no les doy todo lo que quieren sino que, lo que tienen, se lo tienen que ganar.

Trasmite, fuera del campo, una imagen de tranquilidad. ¿Es el reflejo de su actual vida?
Puede ser. Soy muy feliz y lo disfruto. He vivido una vida de pobre y ahora disfruto de privilegios gracias a mi esfuerzo. Es como una recompensa a tanto sufrimiento.

¿Quién el bautizó como el León Guaraní?
Me lo pusieron en Paraguay por la garra y la entrega que pongo en la cancha. El león es un animal que marca su territorio y manda en él. Para mi, este apodo, es un halago.

¿Le gusta este animal?
Me gusta sí (calla). Estoy pensando hacerme el tatuaje de un león.

¿Se interesa por la actualidad?
Sí, no se puede vivir de espaldas a la realidad.

¿Entiende la situación social del Valencia?
Es muy lioso y eso que lo leo todos los días pero se enreda mucho. Hoy (viernes) le he pedido a David que me explique la raiz y qué pasa exactamente y cuando me lo estaba argumentando al final le he dicho, ¿pero nos afecta o qué? y me ha dicho: no cambia nada, juega, marca y trabaja.

Tras la renuncia de Benedicto XVI, los cardenales eligieron a un sudamericano como máximo representante de la Iglesia. ¿Usted es creyente?
Soy creyente, pero creo que se está perdiendo el catolicismo por parte de los jefes de la iglesia. Leo que se ha abusado de niños y, si eso es cierto, es una barbaridad. Yo rezo directamente a Dios, por la mañana y por la noche,  y no me fijo en el papa, monseñores o curas. Me choca lo de los abusos.

Tiene una Fundación muy conocida en Paraguay, ¿por qué decidió crearla y a qué se dedica?
Está en mi pueblo (San Joaquín, Departamento de Caaguazú) y acoge a 150 familias. Hacemos un censo y acogemos a los más necesitados y a los que tienen más hijos para darles una oportunidad. Les damos de comer y clases. Cada semana unos padres cocinan. Tenemos una huerta de cuatro hectáreas y de ahí sacamos los productos. A los niños les hacemos análisis de sangre, vienen dentistas... Mi cuñado lleva la gestión y, cuando voy a Paraguay, voy allí. Damos trabajo a mucha gente y me enorgullece haber podido cambiar la vida de tanta gente. Trato de devolver a la sociedad lo que la vida me ha dado a través de mi fundación.

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