El Levante ha certificado este fin de semana su tercera salvación consecutiva en Primera División y tras el carácter heroico de la de la temporada 2010-11 y la euforia europea que presidió la de la 2011-12, la actual ha tenido un inesperado sabor agridulce.

El equipo valenciano se ha asegurado su novena campaña en Primera y ha conseguido así su gran objetivo del ejercicio a falta aún de tres jornadas para el final, pero eso no ha sido suficiente para despejar el ambiente enrarecido que hay en el Ciutat de València.

La tranquilidad del club valenciano quedó dinamitada hace unos días después de que la Liga de Fútbol Profesional diera traslado a la Fiscalía Anticorrupción de algunos indicios que hacían suponer que algunos de sus jugadores podrían haber participado en un posible amaño del encuentro que le enfrentó al Deportivo de La Coruña (0-4).

Pero no se trata únicamente de una acusación externa pues el centrocampista José Javier Barkero criticó el bajo rendimiento de algunos de sus compañeros en el descanso de aquel partido, y aunque posterior se disculpó públicamente, sus palabras no han servido para cerrar por completo las heridas abiertas.

Esta situación, de consecuencias internas y externas aún sin definir, ha ensombrecido aún más el renqueante final de temporada que el equipo valenciano ha protagonizado, que ha pagado el peaje continental de su gran estreno europeo, que le permitió alcanzar los octavos de final de la Liga Europa.

El Levante, pese a haber alternado la rutina liguera con la aventura europea, firmó una exultante primera vuelta de la Liga, que cerró en octava posición con 30 puntos, a sólo uno de los puestos de Liga Europa y a tres de los que dan derecho a jugar la Liga de Campeones.

Pero con el cambio de vuelta, el equipo se desfondó y en las 17 jornadas que se han disputado de esta segunda manga, sólo ha podido conseguir 12 puntos de los 51 que se han puesto en juego.

Este pobre bagaje le hizo renunciar al sueño de repetir clasificación europea hace algunas semanas y, de hecho, tras cuatro derrotas consecutivas se comenzó a mirar con recelo los puestos de descenso, de los que ha escapado finalmente gracias a sus dos últimos empates, ante el Real Mallorca y el Real Zaragoza.

Con la salvación ya certificada, el Levante se enfrenta ahora a varias decisiones complicadas en las que entrarán en juego valores, confianza y visión de futuro.

La primera de ellas será la renovación o no de Juan Ignacio Martínez, que pidió aplazarla cuando el club quiso negociar con él en el mejor momento del equipo. Ahora, la trayectoria deportiva descendente y los problemas vividos en el vestuario ponen en duda que el club apueste por su continuidad.

La otra gran decisión será qué hacer con los jugadores afectados por la crisis interna del vestuario valenciano como son los casos de José Javier Barkero, Gustavo Munúa, Sergio Ballesteros, Juanlu Gómez y Juanfran García.

Todos ellos tienen contrato en vigor, o se renovará automáticamente al final de la temporada según las cláusulas que incluyen, excepto el portero Munúa, al que el club hizo una oferta para ampliar su vinculación antes de que estallara la crisis, pero habrá que ver cuantos están en el club en su novena campaña en Primera.

Nada ha tenido que ver esta salvación con las dos anteriores. En la campaña 2010-11, el Levante cerró la primera vuelta en penúltima posición con 15 puntos y muchos ya la daban por descendido. Pero el equipo de Luis García firmó una histórica segunda vuelta de 30 puntos que le permitió salvarse a falta de una jornada.

La pasada campaña no hubo sufrimiento sino euforia pues, ya con Juan Ignacio Martínez en su banquillo, protagonizó la mejor temporada de su historia, a falta de seis jornadas ya tenía asegurada la continuidad y finalmente logró clasificarse por primera vez para jugar competiciones europeas, algo que ahora no ha podido repetir.