21 de septiembre de 2013
21.09.2013

Primera prueba de fuego para Salvo

20.09.2013 | 22:25

Todos pendientes de la ayuda financiera y, en realidad, de lo que más necesitado anda ahora mismo el Valencia es de asistencia deportiva. El equipo ha ingresado en la UVI. Se encuentra en estado cataléptico, abierto en canal por detrás, despedazado en la media y descompuesto en ataque. En definitiva, hecho unos zorros.

Ante el primerizo Swansea, un conjunto aseadito, que transpira el perfume de Michael Laudrup por todos sus poros, pero que es suave como un osito panda, el VCF fue incapaz de trenzar tres jugadas, tres. Se le notó nerviosísimo, acongojado, bloqueado y carente de un mínimo plan de juego. Y acabó impotente, arreando patadas absurdas, sacando a relucir su capitán (?) Banega los malos modales que le caracterizan y que tanto dice aborrecer su presidente. Lo peor del Valencia, en muchos años, se vio la otra noche en Mestalla. Y no se atisban indicios de que se pueda salir de ese marasmo. Al contrario. Jueguen unos o salgan otros, el equipo se muestra totalmente colapsado. Su entrenador lo ha probado todo y no ha dado aún con la tecla. Parece superado por los acontecimientos. Y el equipo deambula por el campo cual pollo decapitado, que diría Toshack.

Así que todo conduce hacia la salida clásica y facilona que el fútbol suele indicar en este tipo de situaciones tan enrevesadas: la destitución del técnico. Pero el personal ya no traga con remiendos. O al menos la grada de Mestalla no está ahora por la labor y apunta con el índice acusador hacia los futbolistas. Tipos como Feghouli, Rami, Mathieu o Banega, agotaron la otra noche la paciencia de la gente y salieron señalados del campo. Su crédito se acaba.

Con este panorama por delante, al novicio Amadeo Salvo y a los pardillos que le rodean, les ha caído encima un «marrón» considerable. Intentar revertir la situación, manteniendo a Miroslav Djukic al frente de un vestuario que no ha captado su mensaje y, en buena parte, le ha dado la espalda, parece, a estas alturas, muy complicado. Y a los futbolistas, por razones obvias, no los puede despedir. Al contrario, necesita contar con su colaboración para capear el temporal y salir indemne de la tormenta que se cierne sobre Mestalla.

Al presidente sólo le queda recurrir al responsable último de esta situación, que no es otro que Braulio Vázquez, teórico director deportivo. A él le corresponde presentar una solución. A ver qué dice este buen hombre, qué alternativas ofrece, si es que las tiene, qué remedios propone.... Eso, o prescindir de sus servicios y empezar de cero. Quizás, sería lo mejor. Borrón y cuenta nueva. Pisar suelo, sentar bases sólidas y avanzar desde la cruda realidad del club.

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