15 de enero de 2014
15.01.2014

Cacahuetes de la suerte con una gran ausencia

16.01.2014 | 00:04

Como es habitual, nos juntamos para tomar nuestros cacahuetes de la suerte en la taberna de Elizeth. Somos el grupo habitual. Estamos Los hermanos Pepe y Ximo Lacueva, Jorge Pardo, Abelardo Bernat, José Luis Pérez Sala «el duende», Txus Bisquert y un servidor?. pero nos falta un integrante del grupo. Nos falta ni más ni menos que el maestro Salva Regües. Lo echamos de menos, añoramos sus anécdotas futbolísticas, añoramos, de hecho, ya por la mañana, su artículo puntual en este diario, su columna de «Granotas».
Pero curiosamente, pese a su ausencia, le notamos más presente que nunca. Tanto es así que toda nuestra conversación va dirigida a su persona, a su recuerdo, pero de forma que lo hacemos incluso partícipe de nuestra tertulia. Su silla está reservada, a pesar de que la taberna está llena de gente. No podría ser de otro modo, siempre nos hemos guardado los asientos, porque sabemos que siempre acudimos a nuestra cita con los cacahuetes de la suerte. Somos conscientes de que hoy Salva no asistirá, pero aún así guardamos su silla.
Surge en el grupo la idea de homenajear al ausente, y de qué mejor manera que pidiendo todos una ronda del coñac favorito de Salva, con el que acompañaba la tertulia previa a los partidos. Con un «va por ti, maestro», todos alzamos nuestras copas y las entrechocamos, deseando a nuestro compañero un muy feliz viaje, y que su tertulia con todos nuestros granotas ausentes sea fructífera. Esperamos que él también nos reserve unas sillas allá arriba, para cuando lleguemos, y podamos continuar con nuestras charlas. Imaginamos que allí donde está, su columna «granotas» siga editándose. No puede faltar una previa de un partido sin la columna del maestro Salva Regües. Como es habitual, terminamos nuestra tertulia encaminándonos al estadio, donde se le van a rendir más homenajes que presenciaremos con los ojos humedecidos por la emoción. Finalmente nuestro Levante UD sale victorioso de este encuentro, y en nuestras mentes, dedicamos esta victoria a nuestro querido amigo. «Va por ti, maestro».

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