Nuevo varapalo y no menor, esta vez en liga, pero con el agravante de sufrirlo en casa. Valencia Basket empieza a mostrar signos muy preocupantes de que algo no va bien esta temporada. Porque una cosa son los deslices en Euroliga, y otra en una competición como la ACB. Está claro que hay que empezar a olvidarse de las gestas de la temporada pasada, pasar página y centrarse en este nuevo curso, plagado de complicaciones para una plantilla que no acaba de cuajar. Ayer, ante Unicaja Málaga, dio una muestra más de las dificultades que está encontrándose Velimir Perasovic para encajar todas las piezas y obtener resultados positivos. Adiós a la buena imagen dada el pasado jueves en la difícil pista del Olympiakos, donde se perdió de sólo un punto y más por errores arbitrales que otra cosa.

Nunca cómodo

Salvo en el primero cuarto, ayer fue el Unicaja quien llevó la batuta del encuentro en todo momento. Nunca dió la sensación el Valencia Basket de que estuviera cómodo en la pista, de que tuviera la capacidad de revertir la situación. El conjunto de Joan Plaza tampoco hizo nada del otro mundo. Aplicó una defensa seria y se mostró certero en ataque. Con eso le bastó para desarbolar a un Valencia Basket que quiere, pero no puede. La inspiración de Will Thomas y Kuzminskas fueron suficiente para que el Unicaja lograra inquietar ya muy pronto . Tampoco ayudó la temprana lesión de Romain Sato, en una prueba más de que la fortuna le es esquiva este año al Valencia Basket.

El alero centroafricano tuvo que abandonar el parqué en el minuto uno del choque, con gestos de ostensible dolor en uno de sus tobillos. Otro problema añadido para el cuerpo técnico, que afronta con resignación unas próximas semanas muy complicadas por la ausencia de Sam Van Rossom. El regreso de Sato permitió a Perasovic retomar su plan inicial y situar a Lucic de «falso cuatro», lo que devolvió algo de equilibrio al choque. Fue una mejoría pasajera.

Positivo debut en la Fonteta

El debut de Nedovic en la Fonteta permitió algo de optimismo, pero tampoco fue suficiente. El equipo malagueño se haría con el dominio del encuentro antes del descanso, aupado por su dominio del rebote y los puntos de Will Thomas (33-39, m.20). El Valencia Basket, a esas alturas, ya había demostrado que anda muy falto de inspiración, de ideas para contrarrestar a sus adversarios. Aunque la constancia de Pau Ribas y Rafa Martínez evitaron un agujero mayor, para el último cuarto era evidente que era una utopía dar la vuelta al marcador (48-60, m.30). Los errores propios, la mayor seguridad del equipo contrario y la frialdad de una grada en silencio y que abandonó muy pronto el pabellón, hicieron el resto.

La duda ahora es si el Valencia Basket será capaz de recomponerse de cara al partido del próximo viernes en Euroliga, contra el Estambul y donde se juega sus escasas opciones de seguir vivo en la competición continental. De lo contrario, habrá dicho adiós al sueño europeo. No sólo eso, entrará en una espiral de nervios que vaticina complicaciones. La de ayer supone la cuarta derrota de la temporada y la primera en casa, y arrastra al Valencia Basket hasta la novena plaza. Con todo lo que ello supone para la Copa del Rey, que empieza a planear sobre la liga.