El trinquet de Guadassuar asistió ayer a una de esas partidas de pelota que obligan a mostrar una admiración sin límites hacia este deporte. Para empezar, un lleno en sus gradas que levanta el ánimo más decaído.

Todos sabíamos que a pesar de la victoria de Puchol II y Santi en la partida de Bellreguard no estaba dicha la última palabra. Genovés II y Jesús son dos pelotaris con alma ganadora. Y con calidad más que sobrada para hacer frente a quien se ponga por delante.

A la media hora de juego, con una exhibición que encandilaba y arrancaba encendidas ovaciones el marcador ya señalaba un 30-20 a su favor. Su juego era un vendaval imparable. Adelantarse tres juegos en una competición como esta es caminar directos a la victoria y arrancar la tercera y definitiva partida en la catedral de Pelayo.

Pero frente a una pareja ilusionada había otra dispuesta a no dejarse dominar por el nerviosismo. Reacción perfecta e igualada a 35. Una vuelta a empezar. Unos, con cierto sabor a decepción por perder posiciones; otros, con las pilar cargadas tras remontar.

Tarde grande. Otro juego para Puchol II, cuatro consecutivos. Todo empezaba a pintar a favor de sus intereses. Y otro más: 45-35. Ya tocaban la final más deseada. La partida estaba decantada de manera irreparable: 60-35. El esfuerzo inicial pasó factura a unos y la solvencia de una pareja compenetrada como la formada por Puchol II y Santi confirmó en realidad el sueño de alcanzar la final más deseada. No habrá tercer duelo en Pelayo.

Ahora, todas las energías se concentran en la final, al mejor de tres partidas. Trío, Pere Roc, Dani y Monrabal, contra pareja, Puchol II y Santi, sin duda las dos mejores formaciones de la competición.