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Un grande del periodismo

Un grande del periodismo

Un grande del periodismo

Son estos tiempos oscuros para el oficio del periodismo. La crisis se ha llevado por delante miles de puestos de trabajo y, lo que es peor, está debilitando cimientos que creíamos sólidos e inmutables tras la recuperación de la democracia. Quienes tienen el Poder, con mayúscula, e incluso quienes no lo tienen pero aspiran a tenerlo, intentan cada día llevarse un cacho de lo poco que nos va quedando tras la devaluación salarial que viene sufriendo el gremio: la dignidad y la honestidad. Por eso duele tanto la muerte de José Vicente Aleixandre Marco. Vicent era un monumento a la honestidad, con sus debilidades, claro (quién no las tiene), pero insobornable y no fue que no lo intentaron. Joan Lerma, en su etapa de presidente de la Generalitat, acostumbraba a decir que ser honrado cuando no se tiene ocasión de dejar de serlo es muy fácil, lo difícil es aguantar cuando en no pocas ocasiones te regalan algo más que los oídos. A. Marco, como firmaba alguna de sus crónicas en este periódico, fue un tipo honesto y digno consigo mismo y con sus lectores. Creo que no hay mayor elogio que se le pueda hacer a un periodista. Especialmente en tiempos como los que corren.

Vicent, «El Nano» mi amigo, mi hermano, mi confidente, era como escribía. Irónico, socarrón, paciente, discreto. Poseía una de las grandes cualidades de los buenos periodistas: sabía escuchar. Escuchaba como nadie. Y así, escuchando, aprendió de los grandes maestros del fútbol. De Bernardino Pérez Elizarán, Pasieguito; de Alfredo Di Stefano, con quienes le vi disputar una partida de truc en Almería, de Jesús Martínez y de tantos. Escuchaba y callaba porque todo no vale la pena ser contado. A quién podría interesarle que Alfonso Rus, en su época de presidente del Olímpic de Xàtiva, quiso fichar a Di Stefano como entrenador durante una reunión que tuvo lugar en una casa de mala nota. A nadie. Pero, por si acaso, él estaba allí viendo, escuchando y callando. Ahora que está de moda un periodismo, o lo que eso sea, de gritos, insultos y correveidiles con más ansias de trepar que de buscar la verdad; vamos a echar mucho de menos a periodistas como Vicent. Ha sido uno de los grandes del periodismo valenciano. Y no solo o exclusivamente del área de deportes. Uno de los grandes del periodismo sin otro adjetivo detrás.

Muchos de quienes le trataron pensaban que era un ser huraño. Parecerlo desde luego lo parecía. Pero su malhumor no era más que un escudo con el que se protegía de las envidias, las maledicencias y de la mediocridad que le rodeaba. Los pocos que conseguimos atravesar ese escudo y formar parte de su mundo, sabemos que fue una persona con un corazón inmenso, generoso, cariñoso y tímido hasta decir basta. De su calidez y de su ternura supieron mucho mi madre, mi mujer y mi hija a las que quiso como si fueran de su propia familia. Su aspereza era un mecanismo de autodefensa ante paniaguados como alguno que hoza en el comedero del Valencia CF y que apenas hace unos meses presionó para que no se publicara uno de sus artículos. Lo que viene a demostrar dos cosas. Una: Vicent nunca se plegó ante las exigencias del poder y dos: Mediocres que no le llegaban a la suela de los zapatos intentaron acabar con un periodista que, fiel a su oficio, era un incordio.

A Vicent le dolió aquel ataque porque venía de su equipo. De su Valencia. De aquel club del que guardaba todas las entradas de los partidos a los que asistía y en las que apuntaba con una caligrafía excelente las alineaciones. Pensaba que tenía una colección lo suficientemente curiosa e interesante como para regalársela al museo del equipo de Mestalla. ¿La querrán? Pronto sabremos la respuesta.

Se ha muerto José Vicente Aleixandre Marco, uno de los nuestros, un grande del periodismo, un profesional digno y honesto. Mi amigo.

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