Hoy se abre un mes de mayo con claro color visitante. Y es que si abril deparó tres partidos en casa, el último mes de Liga regular trae solo uno en la Fonteta.

El de hoy va a servir por un lado para calibrar los ánimos de unos y de otros. Gran Canaria llega al partido con la decepción de haber perdido la final de la Eurocup. Es verdad que no era el favorito, pero una vez llegas hasta el final, el tópico de «estar aquí es ya un premio» queda como anécdota y no vale para nada. Su retorno a la realidad, a la liga, seguro es duro, y ahí, puede aprovecharse Valencia Basket.

Las malas sensaciones que se vieron contra Manresa hoy tienen una nueva oportunidad de quedar aparcadas. Carles Duran tiene ante sí la oportunidad de que el equipo acabe cuarto, la mejor posición que se podía aspirar tras una campaña de vaivenes, y ese reto debe conseguirse si el equipo se aplica desde ya.

Mejorar la defensa, evitar las desconexiones del partido durante algunos minutos, frenar esas dosis egoístas de algunos, y mover bien el banquillo en función de la aportación de cada uno en la pista, son algunos de los debes que hay que tratar de pulir de aquí hasta el final.

En Valencia hemos visto muchas campañas excelentes y un final de temporada decepcionante. Este año da la sensación que puede ser al revés. Valencia Basket se ha movido en los parámetros de las turbulencias, la irregularidad y las dudas, pero ahora camina más firme, con sus defectos, pero sabiendo lo que quiere. En baloncesto, al contrario que en otros deportes, la temporada te ofrece una segunda oportunidad. Es momento de comenzar a acogerse a ella.

Esta aventura que empieza hoy lleva consigo el futuro para el club y para algunos de los integrantes de la plantilla. No es el momento de desaprovechar las ocasiones. Sí lo es de afianzarse, de ser valientes y de seguir avanzando. De demostrar que aún queda temporada para rato.