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Bombeja Agustinet!

Aguar la fiesta a Baraja

Rubén Baraja da mal fario, la verdad. No es personal, pero es un aguafiestas para el levantinismo. Con su inteligencia sobre el césped se convirtió en el metrónomo que regaló al Valencia CF el mejor curso de su historia: un 9 de mayo, en el Pizjuán, conquistaba la Liga tras vencer 0-2 al Sevilla con goles de Vicentín y de él mismo; y diez días después en Gotemburgo se proclamó campeón de la UEFA al superar 2-0 a un Olympique de Marsella donde destacaba el parisino Sylvain N'Diaye, que poco después vestiría de blaugrana. El Llevant, mientras tanto, llevaba puesta la directa hacia la élite de nuestro fútbol, tras casi cuatro décadas ausente.

La hinchada en Orriols cantaba con más entusiasmo y convicción que nunca aquello de Volveremos, volveremos. Volveremos otra vez. Volveremos a Primera, como en el 63. Y el levantinismo estalló de júbilo cuando el tinerfeño Pérez Lima pitó el final en Chapín, (1-2, Reggi y Rivera). La celebración fue apoteósica, pero la ciudad venía de ser literalmente tomada por la parroquia de Mestalla, que se frotaba los ojos ante un momento histórico sin precedentes. Muchos granotes comentaron aquellos días que ya era mala suerte: conseguir el hito del ascenso, 39 años y tanto plomo después, y quedar solapados por las celebraciones del vecino. Baraja, como segundo capitán, aparece en todas las estampas de aquellos días, junto a Albelda y sendas Copas, a las que se unió en agosto, para más inri, la Supercopa de Europa, arañada con mérito al Oporto (1-2, con gol del vallisoletano, otra vez).

Ahora el Pipo llega al frente de un Rayo muy irregular pero con un potencial enorme, y lo hace con disimulo y discreción, postulándose como víctima «ante el mejor equipo de la categoría». Los vallecanos llegan a Orriols a 15 puntos, en zona de descenso y muy necesitados de una victoria de prestigio. Finalmente viaja con el equipo un viejo conocido: los goles de Javi Guerra „el samurai solitario, lo bautizó Rafa Ordóñez„ fueron decisivos para el Llevant en el ascenso de 2010.

Tal vez sólo sea una sensación, pero el Llevant se crece ante rivales de potencial y, además, en Oviedo, pese a la injusta derrota, desplegó un arsenal ofensivo esperanzador. El Rayo aporta una motivación extra para unos futbolistas con números de récord y riesgo de morir de éxito, antes de tiempo. Tanto es así que a la escuadra granota le urge una victoria, tras cinco puntos de los últimos doce posibles. No queda otra: esta vez debe ser el Llevant quien agüe la fiesta a Baraja, para que pueda excusarse, en la rueda de prensa pospartido, con que ya advirtió que el Llevant «es el mejor equipo de la categoría».

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