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Análisis

Horror defensivo

El Valencia paga su falta de contundencia atrás y se deja empatar por el colista

Horror defensivo

­El Valencia CF pagó ayer su falta de contundencia en defensa. Que un equipo del nivel de Osasuna te haga tres goles es un síntoma preocupante. Voro no ha logrado cerrar el grifo de los tantos en contra y así es muy complicado ganar los partidos. Hay que conformarse con el empate. Y no un empate de calidad o de garra, sino de fallos reiterados y horrores en la retaguardia. Pero, lo peor de todo, aparte de que el empate fue ante el colista, es que el rival demostró que está muy por debajo de las prestaciones de un Valencia en el que los jóvenes mostraron buenas sensaciones y los pesos pesados del vestuario, los que están señalados por el club como Parejo o Enzo Pérez, reflejan el estado anímico de la plantilla.

Un arranque espectacular y primer fallo que cuesta caro

El Valencia disfrutó de un arranque de partido espectacular. Dos claras ocasiones y un gol, de Munir, en tres minutos escasos. Era la mejor manera de empezar el encuentro. Lo digo no solo por el gol, sino por la sensación de que el equipo de Voro entraba con fe y convencido de la victoria. Sin embargo, el Valencia es un equipo que llega al área rival con peligro, pero que es incluso más peligroso en su propia portería. Porque Mario Suárez no tardó en cometer uno de los habituales fallos en defensa, y regaló el gol del empate a Oriol Riera. El encuentro volvía a comenzar. Y esta vez fue Osasuna quien lo empezaba mucho mejor. El Valencia acusó el gol en contra y el conjunto rojillo, sobre todo gracias a un jugador interesante como es Sergio León,y Osasuna entró en una fase dominadora del juego.

Superioridad manifiesta sobre el rival que se traduce en gol Sin embargo, el Valencia no tardó en evidenciar que era muy superior a su rival. Se comenzó a entrar más en el partido y, aunque daba la sensación de algo de nervios debido a la situación que se ocupa en la tabla, los de Voro llegaban con muy poco al área contraria. En cuanto el Valencia disfrutó de más posesión del balón, comenzó a disfrutar de ocasiones de gol. Munir y Rodrigo perdonaron, queda demostrado que hace falta un «nueve» debido a la falta de definición arriba, y en la última jugada del primer tiempo, el Valencia encontró en Oriol Riera a su mejor aliado. El delantero marcó en propia meta un segundo tanto que hacía justicia a los méritos de ambos equipos en los primeros cuarenta y cinco minutos. El Valencia había sido mejor que su rival.

Sin apenas presencia en la reanudación, lo que permite crecer a Osasuna

En el inicio del segundo tiempo, el Valencia comenzó a jugar con fuego. Pese a ir co ventaja en el marcador, y poder afrontar el partido con tranquilidad, el equipo sufrió un bajón inesperado. Incomprensible. El Valencia no tenía presencia en el centro del campo, donde el único que trabajaba como era debido era Carlos Soler, y Osasuna comenzó a animarse. La inercia del conjunto local permitió a Roberto Torres marcar el segundo tanto. El equipo seguía cometiendo muchos fallos en defensa, pese a que Alves había sacado una mano salvadora, y se necesitaba algo de fútbol y de oxígeno en el centro del campo. En ataque, se seguía llegando arriba, pero sin calidad necesaria para marcar. El encuentro se hallaba en el punto decisivo para que uno de los dos equipo decidiera ganarlo. Había que sacar el carácter.

Del gol marcado de Montoya al fallo en el penalti de Parejo y el doloroso empate final

El Valencia encontró en Montoya, en una acción aislada, el tanto que le volvía a poner en ventaja. El defensa cruzó el campo en diagonal y aprovechó un pase de Munir para marcar un tercer tanto que sabía a victoria. El 2-3 parecía definitivo. Decisivo. Lo único que había que hacer era ser profesional y cerrar el encuentro. Tirar de experiencia y dormir el partido. Pero en ese momento desaparecieron futbolistas como Parejo y Enzo Pérez, y los únicos que tiraron del carro fueron los jugadores de la cantera como Soler o Lato, que ayer tuvo un debut prometedor. Incluso Parejo tuvo la sentencia para hacer de penalti el 2-4, pero falló. Y el canguelo fue general. Los minutos finales del partido fueron un drama. No había nadie que cogiera el balón y que no lo perdiera. Los contragolpes tampoco funcionaban. Ni siquiera Nani, que había entrado en el campo, era la solución. Osasuna empató en la prolongación gracias a un tanto de Clerc. Fue un final tan inesperado como doloroso.

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