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Haz lo que sepas

Haz lo  que sepas

Haz lo que sepas

Lo contó Daimiel la otra noche y lo repito yo aquí y ahora. En los comienzos de Canal+ le preguntaron a Julio Maldonado qué opción elegiría, si pasar una noche con Claudia Schiffer o ver la final del Mundial de Italia 90. En el brete, Maldini contestó lo que todavía se espera de él:

-«¿Podría grabar el partido?»

Y al escucharlo sonreí y recordé un amor de verano que se me escurrió por un Barcelona-Mallorca de la Supercopa, aunque yo al menos tenía entonces la excusa de la edad, que era bonito y útil ese paraguas bajo el que refugiarnos de nuestra estupidez, los 15 años, que ahora ha pasado el tiempo y seguimos igual de bobos, por lo que se ha demostrado que la excusa de la edad no era más que eso, una excusa.

En aquella época mi única obligación respecto a los demás era poner la mesa los días pares. Los días impares la ponía mi hermana y los días pares la ponía yo. Me gustaba coger una especie de cáliz-florero decorativo que tenía mi madre en el comedor y levantarlo frente al espejo, pensando que era la Copa del Rey, que ahora me doy cuenta de mi escasa ambición, que sigue vigente: incluso en los sueños ganar la Champions me parecía excesivo, demasiado para mí.

Ahora ya no pongo la mesa, porque en casa somos un poco desastres, pero ese pensamiento mágico continúa presente, aunque moldeado. Ahora asoma en las duermevelas o a la hora del cuento de antes de dormir, donde detallo a mi hija crónicas de remontadas gloriosas, goles inverosímiles y ascensos felices. También mutan los protagonistas. Ser padre es preferir que el gol de Iniesta lo metan ellos. La paternidad se resume un poco así: dejas de desear que las cosas buenas te pasen a ti para preferir que les pasen a tus hijos.

?Mi hija pasa muchísimo del fútbol, creo que ya es oficial y se puede decir, creo que por fin lo debo asumir. Pese a mis sutiles esfuerzos o precisamente por ellos, la pelota no le interesa en absoluto excepto para dormir. Solo falta que no le gusten las películas de Wes Anderson para que se consume mi fracaso como padre. A Delia le tira el cancaneo de forma múltiple y natural, pero aún así sabe de qué va lo mío y trata de ayudarme. Hace poco me comentó si sabía por qué el fútbol se dice fútbol: «porque fut es pie y bol es balón».

Le tuve que dar las gracias.

?Pretender que los demás sean algo que no quieren ser es el origen de muchos problemas. Cuando Llaneza llegó al Villarreal se encontró el césped del Madrigal en un estado lamentable, con un capazo de socavones. Se reunió con el entrenador y le dijo que arreglarían el terreno de juego, que así no se podía jugar. Llaneza pensaba que un buen césped supondría una ventaja, pero el entrenador, que era Carlos Simón, se llevó las manos a la cabeza: «Si lo arreglamos bajamos seguro, ¿has visto la defensa que tenemos?». Simón no quería que sus defensas se vieran obligados a hacer lo que no sabían hacer. Una vez, en la misma línea, un futbolista me resumió cuándo sentía él, dentro del campo, que su equipo estaba jugando bien: «cuando cada uno hace lo que sabe hacer».

No debería ser tan difícil, pero lo es, porque lo normal por ahí es que te exijan lo que no te gusta y no sabes hacer. Quizá sea ese un residuo tóxico de nuestra educación, donde en lugar de potenciar la habilidad de cada cual se tiende a pedir a todos lo mismo, pero cómo vas a pedir lo mismo a Maldini o a Daimiel, no puede ser.

P.D.: La final de Italia 90 la ganó Alemania: fue un partido plomizo, feo y malo que se decidió con un penalti tardío e injusto. No hacía falta grabarla, Hulio.

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