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Patinaje

Una animalada de patinador

Pablo Pato, ganadero de Quirós, se entrena en una pista que él mismo construyó en su propia cuadra "Patinar me da vida", dice

Una animalada de patinador

Una animalada de patinador

El apellido de Pablo Pato no le hace justicia a un patinador de la modalidad de freestyle que tenía todo en contra para serlo. Primero, por su gran estatura, ya que bordea el metro noventa; segundo, porque vive en Llanuces, una aldea de 33 habitantes en el concejo de Quirós, donde no hay equipamiento deportivo ni se le espera y, tercero, porque Pablo dedica casi todo su tiempo a trabajar en la explotación ganadera familiar.

Pero como no hay mejor cocinero que el hambre, Pablo Pato sacia sus ganas de adrenalina con imaginación. Él mismo se ha construido su propio parque de patinaje en la cuadra en la que trabaja. Poniendo unas barras por aquí, unas tablas por allá y reciclando la pala de su viejo tractor como cajón, practica sus trucos sobre las ruedas de su patines amarillos.

En esa nave se encierra muchas noches febrilmente a practicar sus cabriolas. Tras agotadoras jornadas de trabajo agreste, brinca y cae una y otra vez sin más compañía que la animal. Ensaya rodeado de vacas. "Si no patinase dejaría de sentirme vivo, es una forma de saber que estoy, una forma tremenda de relajarme", asegura.

Su devoción por los patines arrancó hace ocho años. Se junta con grandes exponentes de este deporte, como el avilesino David Muñiz -primer campeón asturiano de la modalidad de freestyle-. "Él fue de las personas que más me ayudó. Vi que ellos viajaban mucho y que yo tenía que quedarme en casa trabajando. Sabía que para poder acercarme a su nivel tendría que entrenar a destajo", cuenta.

Así empezó todo. Por esa voluntad de mejorar, Pablo Pato comenzó a acondicionar la nave de la explotación ganadera familiar para convertirla en una pista de patinaje. "Fui montando barras, cajones, poniendo marras. El cajón lo monté con una grúa vieja. En verano, a lo mejor puedo salir más. Pero en invierno no queda otra que hacerlo dentro, porque estamos a unos 950 metros de altitud. Aquí, cuando nieva, no hay cobertura ni nada y vivo sin wifi", añade.

A sus 33 años, Pablo Pato tiene poco tiempo para practicar. "Aquí vives para las vacas", dice con un cierto deje de amargura en sus palabras. Sus días no se saben bien cuándo empiezan ni cuándo acaban. "Como no tenemos internet, tengo que estar pendiente de si alguna se pone de parto y levantarme por las noches", cuenta.

No sólo son los animales los que le ocupan su tiempo. Pablo Pato también cuida de su padre y su tío, ya mayores. Cocina, friega y deja todo como una patena en la nave en la que patina para no tener resbalones. "Si tuviera mucho dinero, lo que compraría sería tiempo", asegura.

También hace frente a algunas miradas críticas. En un ambiente rural, el patinaje no está del todo bien visto. "La gente del pueblo es severa. Aquí son más aficionados a ir de caza o a la taberna. A mí me llama más esto", comenta.

Y no le ha ido mal. Patina para un equipo llamado Woodguay Roller Club. Y ha competido en el Campeonato de España de "freestyle". Fue el pasado mes de octubre en La Nucía, en la provincia de Alicante. "Iba muy limitado porque, aunque entrene, no soy como mis otros compañeros. Ellos ya desayunaban en los patines, pero yo he conseguido tener un nivel bastante decente", indica.

Pablo Pato siempre ha tenido cierto gusto por el deporte. Antes de patinar se dedicó a la natación en Oviedo, donde nació. "Lo tuve que dejar porque no podía lesionarme", revela. También se dedicó al kárate. Llegó a ser primer dan en esta especialidad.

Pero probablemente lo que más le ha ayudado a tener equilibrio es domar caballos. Una actividad que, aunque ya practica menos, también se cuenta entre sus habilidades. "Sí, viene bien para mantener el equilibrio y también por los buenos tortazos que te metes al ir a desbravarlos", bromea.

Desde luego, Pablo Pato se aleja mucho del estereotipo de ganadero. Además de patinar y consagrar su vida al trabajo, también invierte un buen puñado de horas al estudio cuando se pone el sol. Se ha sacado varios carnés para tripular barcos y ahora sopesa prepararse las pruebas de acceso a la Universidad. Le gustaría estudiar Magisterio, como lo hizo su madre, que fue profesora en Olloniego. Aunque él no tiene pensado ejercer, sólo dice por tener estudios. Y porque "si empiezo algo es para acabarlo". Así ha sido siempre. Un día le dio por empezar a patinar y terminó por construirse su propia pista en la cuadra donde tantas horas trabaja para convertirse en una verdadera animalada de patinador.

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