04 de marzo de 2019
04.03.2019

Una torre de Babel que crece

04.03.2019 | 04:15
Una torre de Babel que crece

Estar en cualquiera de los equipos que forman la Liga Iberdrola es lo más parecido a matricularse en un escuela de idiomas, y lo digo con todo el cariño del mundo. El crecimiento exponencial de las futbolistas extranjeras es gracias a que ya no somos nosotras, las españolas, las que para sentir lo que es ser profesional tenemos que salir de nuestro país. Ahora son las demás las que están deseosas de venir, a una liga que les parece atractiva y que no limita el cupo de foráneas tanto, que ya componen un tercio del total.

38 nacionalidades diferentes. Tengo compañeras de varias de ellas; desde asiáticas hasta americanas, pasando por inglesas, montenegrinas, africanas, etc. Diferentes continentes y con ello, variedad de culturas e idiomas. El más hablado el español, seguido del inglés. Del japonés de Minori y el serbio de Dominica y Armisa, mejor no digo nada. ¡Qué complicado! Aun así, el francés, un idioma vecino, tampoco se nos sa muy bien. Apenas sabemos decir alguna palabra suelta y en lugar de usarlo, recurrimos a lo que dominamos y con lo que nos entendemos todos, los gestos.

Reconozco que mi inglés (hace años) no era el mejor del mundo, era el que la mayoría aprendemos en el colegio, sin embargo me ayudó a salir del paso en alguna que otra circunstancia. Por ejemplo, las veces que salíamos por Europa a competir con la Selección Española, siempre me tocaba hablar con todo aquel que nos venía a preguntar.

Mi gran sueño siempre fue jugar en los EE UU, pero era algo que veía tan «lejos» que no me decidía a aprender el idioma. Hasta que me llegó la oportunidad. Fue entonces cuando me entraron las prisas. ¡No me lo podía creer! Soñé tanto con ese momento que no pensaba que me podía estar pasando a mí.

Empecé a leer en inglés. A ver la televisión en inglés. Me subía al coche y lo primero que hacía era sintonizar alguna emisora en inglés. Vamos, todo en inglés. Me salía el inglés por las orejas y en cambio cuando llegué allí, no me atrevía a hablar. Confiaba más en hacerlo en el campo que fuera. Pero ese miedo duró.

No puedo presumir de un inglés perfecto, pero cuatro temporadas allí me sirvieron además de para cumplir mi gran sueño, aprender un idioma que me sirve para socializar con mis compañeras. En el fútbol actual casi es tan importante dominar bien el balón como el lenguaje porque lo esencial dentro de un equipo es entenderse sea cual sea la procedencia para terminar logrando un fin común.

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